Paraules de salutació del Bisbe Garcia Aracil prounciades durant el 40è aniversari de la Comissió General de Justicia y Paz España (en castellà només)

PALABRAS DE SALUDO

EN LA CELEBRACIóN DEL 40º ANIVERSARIO

 DE LA COMISIóN GENERAL DE JUSTICIA Y PAZ EN ESPAÑA

Saludo

Saludo muy cordialmente a todos los miembros de la mesa de presidencia, a la Comisión General de Justicia y Paz de España, a cuantos van a intervenir durante estos días contribuyendo a la celebración del 40º Aniversario de la Comisión que nos convoca y nos acoge a todos agradezco su personal esfuerzo que hace posible este significativo y grato encuentro motivado fundamentalmente por la experiencia del amor de Dios y por el deber asumido de la caridad. Este mandamiento divino nos ayuda a entender la emocionante realidad de la fraternidad universal. Al mismo tiempo nos orienta indiscriminadamente hacia los hermanos para trabajar con ellos y por ellos en favor de la justicia que es la semilla y el nombre de la paz verdadera, universal y estable.

Agradezco vuestra presencia aquí en estos días y con este fin en nombre de la Comisión Episcopal de Pastoral Social y en el mío propio. Los Obispos, sacerdotes y demás colaboradores en esta sección de la Conferencia Episcopal Española compartimos con el Consejo General de Justicia y Paz la preocupación por la rectitud y generosidad que conducen a la justicia; y caminamos unidos deseando y procurando que cada uno seamos capaces de colaborar con la urgente y preciosa tarea de construir la paz para que el mundo crezca como el hogar de todos los hombres y mujeres. Sólo así podremos avanzar adecuadamente y al ritmo debido hacia el auténtico desarrollo que exige de todos el cultivo íntegro de las personas, el respeto y promoción integral de los pueblos, la justa y necesaria armonía entre los países y el respeto y cuidado de la naturaleza que hemos recibido de Dios creador.

Ocupados en lo que a todos beneficia, avanzaremos hacia lo que todos debemos descubrir, valorar, amar, gozar y ofrecer poniendo la mirada en un mundo nuevo que no es mera utopía, sino proyecto certero y objeto de sencilla y sana esperanza. Es el Señor quien nos ha llamado y capacitado para ello. Por tanto, queda a nuestra libre y generosa correspondencia responsable el desarrollo de las posibilidades que alberga esta apasionante misión.

1. La celebración de un aniversario tan significativo en la vida de una institución eclesial lleva consigo siempre dos elementos o actitudes esenciales y, por tanto, también indispensables. Importa que tomemos conciencia de su valor. Se trata de la gratitud al Señor y del necesario proyecto de futuro desde la experiencia del pasado. El Señor, obrando en su Iglesia, ha concitado las más diversas circunstancias para que fuera una realidad la Institución cuya existencia, finalidad y gestión hoy nos llena de gozo. Y sigue llamándonos para abrir y mejorar nuestro futuro con serenidad, competencia, ilusión y confianza.

Nacida a la luz de la Pontificia Comisión que Pablo VI creó en 1967 mediante del Motu Proprio "Catholicarri Christi Ecelesiam", y que el Papa Juan Pablo Il transformó en Pontificio Consejo el año 1988, la Comisión General de Justicia y Paz de España vio la luz en 1968, constituida por la Conferencia Episcopal Española a tenor de las orientaciones del Motu proprio "Justiciam et Pacem" de su Santidad Pablo VI.

Esta Institución, íntimamente vinculada al magisterio del Concilio Ecuménico Vaticano II, tiene como vocación y cometido fundamental difundir la doctrina social de la Iglesia, la defensa y promoción de los derechos humanos y de los pueblos, la julticia, la paz, la solidaridad y el cuidado del medio ambiente, desde los postulados cristianos, respetando la dignidad inviolable de cada ser humano, la libertad y la igualdad de todas las personas, y la opción necesaria en favor de los empobrecidos de la tierra. Obedece con ello a la invitación de la Constitución Pastoral Gaudium et Spes, que auspiciaba "un organismo universal de la Iglesia que tenga como función estimular a la comunidad católica para promover el desarrollo de los países pobres y la justicia social internacionaU (GS 90).

No cabe duda de que estas motivaciones y fines estaban presentes ya, parcial o globalmente, de una forma u otra, en el origen de otras instituciones eclesiales animadas por el mandato del amor a Dios y al prójimo, distintivo de la identidad cristiana.

La novedad de esta Institución, de origen pontificio primero, y promovida luego por diversas Conferencias Episcopales, con algunos matices diferenciales en la concreción de sus fines específicos, está en que expresa la conciencia permanente y fundamental de la Iglesia, renovada en el Concilio. Conciencia que le mueve a sentir como propios los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de todos los afligidos, porque no hay nada verdaderamente humano que no tenga resonancia en su corazón (cfr. GS l), en el corazón de la Iglesia y, ojalá, de todo crístiano, de las comunidades parroquiales y de los Movimientos y Asociaciones apostólicas.

2. Para llevar a cabo su cometido, tanto el Consejo Pontificio como la Comisión General de Justicia y Paz de España, tan de partir de una información fehaciente sobre los hechos y las situaciones, han de realizar un estudio competente y una serena, reflexión a la luz del evangelio. Todo ello permitirá conocer en profundidad la realidad, las motivaciones y las circunstancias de los acontecimientos y de las carencias que son incompatibles con la justicia o quedan lejanas de ella, y que por tanto, impiden el brillo de la paz porque la impiden o la retardan indebidamente.

El Cometido propio de Justicia y Paz como tarea eclesial no se limita a la denuncia fría y desaprensiva del mal protagonizado por el hombre y presente en los comportamientos, en las leyes o en las estructuras sociales de cualquier orden. Sino que ha de llegar, en la medida de lo posible, a ser invitación, orientación y estímulo para propiciar la oportuna enmienda de los errores.

Es necesario tener muy presente, en cada actuación de "Justicia y Paz", que su razón de ser, su nacimiento, su estructura eclesial, y la Doctrina Social de la Iglesia como referente incuestionable de sus trabajos y actuaciones, tienen su origen íntimo y su mejor estímulo en el amor de Dios, en la caridad. No se puede cumplir el mandamiento de Cristo de amar al prójimo sino descubriendo con admiración y agradecimiento el amor que Dios nos tiene a todos sin excepción, y con el compromiso personal, coherente y generoso, animado por ese amor sobrenatural al hermano. De lo contrario podríamos dar la impresión de haber usurpado la categoría de jueces sin misericordia, sin pedagogía salvífica y sin la esencial conciencia de la fraternidad universal. Por eso, la tarea de Justicia y Paz, ha de incluir siempre el empeño en sugerir, proponer, abrir y ensayar caminos de diálogo entre personas y entre instituciones. Por el camino del diálogo y la colaboración se ha de potenciar la solución de los conflictos, la corrección de los errores, la programación o iniciación de caminos trazados por la Verdad y conducentes al bien en que se realiza la justicia que es la condición para la paz.

La misión principal de Justicia y Paz debe ser, en el orden que le corresponde por su identidad y campo de acción, la misma que el Señor encomendó al profeta: arrancar y destruir el error y la injusticia, para edificar y plantar la verdad y la justicia que traen la paz. En esta misión tan fuerte y costosa como delicada y urgente, siempre hay que salvar al hombre, procurando que no crezca la desconfianza mutua que es enemiga de toda colaboración; y que no se apague la llama de la confianza en la solución cuya clave está en las manos de los demás.

3. Al celebrar el cuadragésimo aniversario de nuestra Comisión General de Justicia y Paz de España, importa sobre todo, retomar con especial interés y con espíritu de fidelidad, las motivaciones y la identidad esencial que animaron su creación. Solo desde esta referencia se puede revitalizar acertadamente su espíritu, afianzar su cometido y acertar en las tareas subsiguientes. Tareas que no son ni optativas ni imperádas, sino inherentes a su razón de ser y acordes con el origen y finalidad de esta Comisión eclesial.

En la Comisión Justicia y Paz de España, según refieren los propios Estatutos, figura como nota definitoria su eminente carácter eclesial, y, como consecuencia, la fe y el comportamiento personal propios de la condición católica en cada uno de sus miembros y colaboradores más directos y habituales. Nada más lejos de estas palabras, por supuesto, que lanzar la sospecha sobre la recta intención y el buen espíritu de los miembros que integran hoy esta Comisión General cuyo aniversario nos ocupa con gozo y gratitud. Lo que pretendo es destacar la fuerza que el amor a la Iglesia, la atención y acogida de su Magisterio y la vivencia exigente de la fe, dan a los dificiles quehaceres que les incumben. Quehaceres o tareas que requieren muchas veces procurar contenerse en la manifestación de las propias intuiciones, serenar la viveza y espontaneidad de los propios juicios y expresiones, y abundar en la reflexión compartida amas de elable0 o manifestar alianzas con otros criterios e instituciones. Hay que salvar y testimoniar siempre la fidelidad y la unidad eclesial. Esta fidelidad eclesial y la unidad en la expresión de su doctrina, no constituyen barrera alguna contra la libertad profética. Por el contrario, suponen una humilde aceptación del Magisterio de la Iglesia que es madre y maestra, y que guía nuestros pasos, a veces de modo explicablemente sorprendente pero siempre de acuerdo con lo que el Espíritu sugiera y garantiza para que sean verdad las palabras de Cristo dirigidas a los Arpóstoles: Juien a vosotros o>, a mí me oye; quien a vosotros recibe, a mí me recibe. Y quien me recibe a mí, recibe al que me ha enviado " (Jn 12, 44ss) De este modo, las acciones de Justicia y Paz contribuirán eficientemente a corregir el error, y contribuirán al beneficio concreto que requieren los más desposeídos a causa de la verdad que les concierne, y no a causa de sentimientos pasajeros o ¡le secretos intereses esptirios. Ellos, los más desposeídos, son los que merecen nuestra más cuidada atención, todo nuestro trabajo y los riesgos que la prudencia evangélica propicia y nos exige.

4. Las circunstancias históricas que nos corresponde vivir aquí y ahora añaden a los problemas sociales una especial complejidad. Esta complejidad dificulta el acierto y la claridad en el conocimiento adecuado del problema, en el juicio evangélico sobre él y en la expresión concreta de la orientación justa que deba proponerse y seguirse. No conoce suficientemente el problema quien no pasa de conocer algunas de sus manifestaciones y algunas de las voces que se levantan por el incómodo que ocasionan. El conocimiento del problema y la posibilidad de proponer criterios de solución, exigen indagar sus causas, las concomitancias que inciden en su crecimiento y gravedad, las posibilidades reales de una solución razonable y sostenible, las repercusiones positivas y negativas que pueda llevar consigo lo que se sospecha como solución, y un amor a la persona por encima de todo.

Por ello, al celebrar este señalado aniversario es muy oportuno y coherente la voluntad de potenciar los recursos humanos de carácter científico, técnico, sociológico, político, crítico y teológico desde los cuales se ha de promover y difundir el análisis de la realidad, los estudios, Es prospecciones y propuestas o consejos que ayuden a la Iglesia a manifestarse y a tomar postura ante los problemas.

De aquí se deduce la importancia que, en la responsabilidad de la Comisión de Justicia y Paz, tiene una habitual y muy cercana relación con el Magisterio de la Iglesia y con la Jerarquía eclesiástica de cuya voluntad nació y para cuya ayuda se constituyó. Es la Comisión de Justicia y Paz la que está especialmente llamada a presentar a los Pastores y a los corresponsables en la acción pastoral y apostólica los problemas bien delimitados y razonados. Esa es la mejor colaboración a la necesaria y justa intervención de la Iglesia que debe actuar siempre con humildad, con claridad, con acierto y con puntualidad.

5. En el cumplimiento de sus fines la Comisión de Justicia y Paz se encuentra con otras instituciones activas en la vida de la Iglesia ende cuyos objetivos puede haber notables coincidencias. Como verdaderos instrumentos de promoción de la verdad, la justicia y la paz, todas ellas han de practicar el encuentro y el dialogo en orden a la conveniente colaboración en los análisis, estudios y propuestas operativas. Así brillará con más fuerza la unidad eclesial y llegarán con mayor claridad a los cristianos y a la sociedad la luz, el estímulo y la colaboración que indudablemente constituyen la voluntad y la aportación de todas estas instituciones. A ello orientan los propios Estatutos cuando piden que se dé a los trabajos un auténtico sentido cristiano y eclesial, y negativas que pueda llevar consigo lo que se sospecha como solución, y un amor a la persona por encima de todo.

Por ello, al celebrar este señalado aniversario es muy oportuno y coherente la voluntad de potenciar los recursos humanos de carácter científico, técnico, sociológico, político, crítico y teológico desde los cuaás se ha de promover y difundir el análisis de la realidad, los estudíos, Es prospecciones y propuestas o consejos que ayuden a la Iglesia a manifestarse y a tomar postura ante los problemas.

De aquí se deduce la importancia que, en la responsabilidad de la Comisión de Justicia y Paz, tiene una habitual y muy cercana relación con el Magisterio de la Iglesia y con la Jerarquía eclesiástica de cuya voluntad nació y para cuya ayuda se constituyó. Es la Comisión de Justicia y Paz la que está especialmente llamada a presentar a los Pastores y a los corresponsables en la acción pastoral y apostólica los problemas bien delimitados y razonados. Esa es la mejor colaboración a la necesaria y justa intervención de la Iglesia que debe actuar siempre con humildad, con claridad, con acierto y con puntualidad.

5. En el cumplimiento de sus fines la Comisión de Justicia y Paz se encuentra con otras instituciones activas en la vida de la Iglesia ende cuyos objetivos puede haber notables coincidencias. Como verdaderos instrumentos de promoción de la verdad, la justicia y la paz, todas ellas han de practicar el encuentro y el dialogo en orden a la conveniente colaboración en los análisis, estudios y propuestas operativas. Así brillará con más fuerza la unidad eclesial y llegarán con mayor claridad a los cristianos y a la sociedad la luz, el estímulo y la colaboración que indudablemente constituyen la voluntad y la aportación de todas estas instituciones. A ello orientan los propios Estatutos cuando piden que se dé a los trabajos un auténtico sentido cristiano y eclesial, manteniendo en todo momento la Rdelídad al Evangelio y la coherencia cofi las enseñanzas del Magisterio (cfr. Arl 8).

6. Todo aniversario debe abrimos con humildad al reconocimiento agradecido de las propias bondades, a la revisión exigente y esperanzada de los caminos y procedimientos seguidos, y al entusiasmo en el cumplimiento subsiguiente de la misión recibida. Por ello renovamos el empeño en seguir el camino emprendido, con la gran confianza y satisfacción de haber sido llamados por el Señor, y elegidos por la Iglesia, Madre y Maestra.

El ánimo de contribuir a la justicia y la paz, fundadas en el respeto a la dignidad de la persona humana, es un elemento integrante de la fidelidad evangélica y de la coherencia con la fe en el Dios único y verdadero. Por eso, los cometidos de Justicia y Paz tienen una clarísima dimensión ecuménica y una fuerte vocación de diálogo y de colaboración interconfesional. Por esta misma dignísima y delicada vocación la Comisión de Justicia y Paz ha de afianzar y no difuminar sus propios perfiles eclesiales y su fidelidad esencial al Magisterio de la Iglesia. El diálogo y la colaboración, como el acercamiento deseado y oportuno a otras personas e instituciones, sólo pueden acontecer desde una clara alteridad, al tiempo que desde una sencilla apertura a la Verdad que puede manifestarse en ellos. Por eso, tanto el ecumenismo como las relaciones interconfesionales han de partir siempre de un profundo conocimiento y un cuidadoso respeto a la identidad de cada uno, y de una decidida actitud para valorar y aprovechar las luces que el Señor hace brillar ante nosotros por su testimonio.

7. Quiero destacar con verdadera satisfacción la buena disposición y probada eclesialidad de los miembros de la Comisión General de Justicia y Paz de España. Quiero manifestar k necesidad de un trabajo paciente y generoso en favor de una reflexión diocesana que avive y potencie las esencias y la identidad de las respectivas comisiones hermanas. Esta responsabilidad corresponde en último lugar a los Pastores de cada Iglesia particular. Pero no cabe duda de que la sensata y bien orientada reflexión entre hermanos enriquece la vida de la familia y posibilita la unidad de motivaciones, objetivos, procedimientos, recursos y acciones en que todos estamos comprometidos al servicio de la verdad, de la justicia y de la paz desde la misma y única Iglesia. Con vuestro trabajo esperamos contribuir a que vaya siendo prioritario en las personas, en las leyes y en las estructuras y programas, el respeto y promoción de la persona. Solo así llegará a ser posible el verdadero desarrollo de los pueblos, y el recto aprovechamiento del inmenso don de la creación para gloria de Dios y beneficio de la humanidad.

Conclusión

Quiero terminar mis palabras aduciendo las que los Padres Conciliares dirigieron al mundo al finalizar sus aportaciones al Magisterio extraordinario de la Iglesia en el curso del Concilio Vaticano 11. Las considero muy válidas y oportunas como expresión de nuestro ánimo al celebrar este 40' aniversario que cierra una etapa importante de la Comisión General de Justicia y Paz de España y abre un período nuevo lleno de ilusión, de promesas y de esperanza.

Dicen los Padre conciliares:

"Queremos buscar el modo de renovarnos a nosotros mismos para que se nos encuentre cada vez más fieles al Evangelio de Cristo. Procuramos proclamar a los hombres de este tiempo (y de nuestra sociedad) la verdad íntegra y pura de Dios, de tal modo que la comprendan y la acepten de buen grado " (Mensaje de los PP del Concilio Ecuménico Vaticano II a todos los hombres. 20 de octubre de 1962).

Con mis mejores augurios para la Comisión General de Justicia y Paz, y para cuantos trabajan buscando y ofreciendo caminos de verdad, de libertad, de justicia, de amor y de paz, manifiesto mi gratitud por su presencia y atención a mis palabras.