LOGO Justicia i PauEl próximo Día Internacional de las Mujeres es una nueva oportunidad para tomar conciencia de la necesidad de avanzar en favor de uno de los grandes retos actuales de la humanidad: la promoción de la dignidad de las mujeres y la superación de todas las estructuras sociales, paradigmas mentales, hábitos, normas, tradiciones, actitudes, lenguajes y situaciones que, en todo el mundo, llevan al desprecio, la explotación, la invisibilización, la discriminación, los abusos y malos tratos, y todas las diferentes formas de la violencia contra la mujer -que atentan contra su dignidad, impiden su plena participación social y perjudican el bien común.

La lucha por el derecho a la igualdad entre hombres y mujeres ha sido a lo largo de la historia, y es todavía, un camino inacabado y lleno de obstáculos. Sin embargo, los avances son irreversibles. En este sentido, la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 construyó un pilar fundamental de nuestra cultura, al proclamar la igual dignidad de todos los seres humanos y hoy en día se trata de un principio jurídico bien asentado en todos los países democráticos.

Sin embargo, constatamos que en nuestra sociedad persisten aún prejuicios y creencias profundamente arraigadas que provocan la discriminación, el abuso y la violencia contra la mujer en muchos ámbitos de la vida.

Desde Justícia i Pau mantenemos la firme convicción de la idéntica dignidad del hombre y la mujer y, por tanto, que es necesario trabajar aún más intensamente para que todas las discriminaciones y todas las formas de violencia sean eliminadas. Hombres y mujeres están llamados a respetarse y tratarse en igualdad, sin privilegios y prejuicios culturales, en tanto que comparten una misma dignidad, origen y destino.

Hay que decir que la defensa de la igual dignidad entre el hombre y la mujer no debe perder de vista la realidad de las múltiples diferencias irreductibles de todas las personas, independientemente de si son o se sienten hombres o mujeres. Lo que es absolutamente crucial es velar para que las diferencias no se traduzcan en formas de discriminación, de opresión, de marginación, sino justamente al contrario, favorezcan la construcción de la convivencia y la paz desde la pluralidad y la complementariedad.

Para nosotros, como entidad cristiana, el Evangelio de Jesucristo es un punto de referencia clave en la historia, punto de partida de una buena nueva de libertad y dignidad humana. Jesús de Nazaret fue un auténtico promotor de la dignidad de la mujer, mostrando y promoviendo una actitud de respeto y atención hacia las mujeres, verdaderamente inaudita y revolucionaria en los parámetros culturales donde vivió, y que ha dejado una huella decisiva en la historia.

Constatamos también que la Iglesia Católica y otras muchas iglesias cristianas han sido históricamente y son actualmente uno de los actores importantes de promoción de las mujeres, con su acción educativa, cultural, sanitaria, asistencial y social. Hoy día, infinidad de instituciones y colectivos cristianos desarrollan un ingente trabajo de promoción y apoyo a las mujeres que sufren la pobreza, la exclusión, la explotación, el tráfico de personas o la violencia, reclamando el reconocimiento de su papel clave en la sociedad.

Ahora bien, a la vez, hay que decir que la Iglesia no es todavía plenamente coherente con el mensaje que proclama y tiene aún por delante un largo camino para alcanzar las metas mínimas de corresponsabilidad en la vida de sus comunidades, dado que las discriminaciones por razón de género son aún presentes.

Por todo ello, nos sumamos a aquellas voces que reclaman una reflexión a todos los niveles de la comunidad creyente, que nos lleve a eliminar todos los niveles de discriminación. Hace falta un ejercicio de discernimiento que nos ayude a todos/as a cambiar todo aquello que suponga una discriminación de las mujeres. Queremos formar parte de la generación de personas creyentes que ha sabido dar un golpe de timón hacia una sociedad y una Iglesia paritaria, dando testimonio de nuestra confianza en un Dios salvador y liberador.

 

Barcelona, ​​28 de febrero de 2020

Justícia i Pau Catalunya