Estado de Opinión Judit MontenegroArtículo de opinión de Judit Montenegro, miembro de la comisión Nord-Sud de Justicia y Paz Barcelona

11 de octubre. Día Internacional de la Niña.
Se preparan para asumir las responsabilidades propias de la vida adulta, en un futuro más o menos lejano. Yendo a la escuela. O ayudando en casa. O bien cuidando de su familia. O trabajando en hogares, fábricas o en carreteras vendiendo sus cuerpos.

Hablamos de niñas.
Su origen marca su camino bien pronto; nacen y se encuentran con un mundo que no han construido pero donde verán violados muchos de sus derechos tempranamente.

La periodista Almudena Ortega relata como la miseria que sufren niñas en el sur de Brasil las lleva a ofrecer sus cuerpos a conductores que circulan hacia el Uruguay por la carretera BR116. Y sin cruzar el Atlántico, la asociación Prevención, Reinserción y Atención a la Mujer Prostituida ha detectado durante este año nueve menores de edad en una red de explotación sexual, siendo obligadas a prostituirse en Madrid.

Unos 140 millones de mujeres y niñas sufren en la actualidad las consecuencias de la mutilación genital femenina, que es practicada, en la mayoría de los casos, en algún momento entre la lactancia y los 15 años, según la OMS. Un claro reflejo de la desigualdad de género y una forma de extrema discriminación, de violación de los derechos a la salud, la seguridad y la integridad física de las niñas y del derecho a no ser sometidas a torturas y tratos inhumanos o degradantes. Y un caso de violación del derecho a la vida para todas aquellas niñas que mueren durante su práctica.
En contextos bélicos, niños y niñas sufren enormes efectos debido a su vulnerabilidad. Ellas, además como mujeres, son en muchas ocasiones violadas por primera vez.

Recuerdo como la desigualdad entre sexos tomaba partida de nuevo para las más jóvenes en la exposición del fotoperiodista Gervasio Sánchez, “Mujer Afganistán”. Un enorme porcentaje de las fotografiadas eran niñas con su marido, que les doblaba o triplicaba la edad. Retrataban adolescentes con cinco o más hijos e hijas, fruto de nacimientos que habían causado graves enfermedades al recién llegado y graves consecuencias físicas a las niñas. Pero así planificaron sus destinos los cabezas de sus familias; sus padres. Después, su tarea en la vida sería cuidar de sus hijos, la casa y servir a su marido. También soportar sus maltratos, violaciones y abusos. El trabajo doméstico, su fin. Y las valientes que se atrevían a estudiar eran mal vistas; otras decidían impartir los estudios fuera del Afganistán.

Con esta radiografía nunca seré capaz de acabar de reproducir los millones de casos de violaciones de derechos a las niñas.
Ahora, me viene a la mente el momento en que un chico, conocido mío, me dijo que la discriminación hacia las mujeres ya no existía hoy en día y que, si había, era por voluntad propia del género femenino; porque hoy tenemos todas las oportunidades del mundo. Espero haberle recordado la existencia (todavía hoy!) de las mujeres más jóvenes que son objetos sexuales, aquí y en muchos países, sin derecho sobre su cuerpo, sin derecho a decidir y sin más salidas ante la miseria. De las niñas que, por el hecho de haber nacido mujeres, son mutiladas en muchos lugares. De las niñas que no van a la escuela porque el matrimonio convierte su función en la vida el ser la mujer de la casa.

Pero supongo que él se refería a las mujeres en los llamados “países desarrollados”. Cómo si la violencia fuera de nuestras fronteras no fuera nuestra responsabilidad o un caso perdido bien lejos de aquí.
No olvidamos que las armas son financiadas con nuestro dinero y producen guerras. Que la miseria y la pobreza forma parte del sistema que todos hemos construido y conformamos. Que la riqueza no es gratuita y que las fábricas donde niñas trabajan explotadas sirven en muchas de las empresas de nuestros “países desarrollados”.
Las niñas tendrían que estar en la escuela, desarrollándose como personas. No fabricando nuestra ropa, vendiendo su cuerpo, siendo víctimas de violaciones o logrando el rol social de ser una buena esposa y madre que sirva su marido, la familia y la casa. Las niñas tienen que poder escoger y crecer en igualdad.

Por todas estas niñas, este domingo 11 de octubre el mundo se tiñe de color princesa con motivo del Día Internacional de la Niña.
Fue el día declarado el 19 de diciembre de 2011 a la Asamblea General de las Naciones Unidas para reconocer los derechos de las niñas y los retos excepcionales que confrontan las niñas de todo el mundo.  El Empire State Building, las pirámides de Egipto, las Cascadas del Niágara y el London Eye de Londres. La Alhambra de Granada y la fachada del Palacio de Cibeles en Madrid, también. Y muchos más monumentos y edificios emblemáticos se teñirán de color rosa, el que ha tocado que represente el sexo femenino, para unirse a la iniciativa de la campaña mundial “Por Ser Niña”, de Plan Internacional. Este será un símbolo de protesta para “conseguir que los líderes mundiales se comprometan a garantizar al menos 9 años de educación universal gratuita y de calidad para todas las niñas del mundo, dándoles las herramientas para desarrollar su potencial y la capacidad de salir del círculo de la pobreza”, según explica esta fundación organizadora.

Si todas las niñas son defendidas efectivamente durante sus años de adolescencia, tendrán el poder de cambiar el mundo. La lucha por empoderarlas para que decidan sobre su vida es diaria y responsabilidad de todas y todos. Empezamos por el 11 de octubre y seguimos.

 

Artículo iniciativa de la comisión Nord-Sud de Justicia y Paz Barcelona
Judit Montenegro 13/10/2015