ConflictMinerals coltan

En una era en la cual la globalización, la interdependencia entre estados en base al comercio y la economía, el fácil acceso a la información y las transacciones al instante hacen que cada vez más acontecimientos que ocurren en otras partes del mundo tengan incidencia tanto directa como indirecta en los estados, empresas e incluso en nuestra vida diaria.

En este marco, surgen cada vez más guerras, conflictos y luchas de intereses que ya no corresponden a la concepción clausewitziana de la guerra - entendida como una derivación del poderío estatal y entre estados- sino que, en cambio, surge un nuevo concepto de guerra, las que la politóloga Mary Kaldor denomina “nuevas guerras”.

Estas “nuevas guerras” son descritas por la autora en su obra Las nuevas guerras. Violencia organizada en la era global y básicamente surgen a consecuencia de la erosión de la autonomía del Estado, la pérdida de su legitimidad a causa de la violación sistemática de los derechos humanos, la corrupción patológica generalizada, la dependencia económica de grandes multinacionales o potencias y por el surgimiento de grupos enfrentados por la lucha de los vacíos de poder ocurridos por la falta de soberanía.

Este nuevo concepto de guerra se puede poner de manifiesto en países que han perdido totalmente el control de su autonomía y legitimidad, en estados que pueden denominarse fallidos por la absoluta incapacidad del entramado estatal de controlar las situaciones bélicas y luchas de poder que ocurren dentro del mismo Estado.

Un claro ejemplo sería la República Democrática del Congo (RDC), un Estado rico en recursos naturales y sobre todo minerales en donde, por ejemplo, más del 50% de la producción de cobalto y gran parte de las extracciones de coltán, estaño y otros minerales esenciales para la fabricación de baterías móviles, ordenadores e incluso coches eléctricos son controlados por facciones militares que tras explotar, controlar y someter a sus conciudadanos, se financian y mantienen su poder vendiendo las riquezas naturales a intermediarios que hacen la vista gorda.

Esta situación hace más que patente la vulneración de los derechos y la dignidad humana con sistemáticas masacres, violaciones en masa, desplazamientos a gran escala e incluso con el reclutamiento de niños por grupos rebeldes.

Este proceso comercial termina cuando, tras una larga cola de intermediarios, multinacionales como Apple, Samsung, Volkswagen, estos productos tecnológicos, teléfonos, coches eléctricos o productos similares sean comprados en cualquier tienda o concesionario, afianzando la explotación y consumo de los minerales de sangre.

Por ello es necesario exigir una legislación y un control sobre la procedencia de las materias primas de los productos tecnológicos que compramos, para así poder acabar con este círculo vicioso de corrupción y egoísmo que envuelve cada una de las transacciones realizadas con estos explotadores y vulneradores de derechos humanos.
Excluir los minerales procedentes de zonas de conflicto es una de las principales herramientas para garantizar un comercio más justo, dejar de financiar a estos grupos y erradicar las guerras en estas zonas.

Esto se puede conseguir, primero, bajo el apoyo de campañas de sensibilización y lobbying político para obligar a las empresas a firmar una carta de valores qué exija publicar el origen de los minerales utilizados en la manufacturación de sus productos y así asegurarse que dichos minerales no hayan contribuido al arraigo de conflictos armados, trabajo forzoso, trabajo infantil, vulneración de derecho y dignidad humana. Y, segundo, con la implementación sobre el terreno de iniciativas nacionales, regionales e internacionales que intenten romper las relaciones entre comercio de minerales y financiación de conflictos atacando las causas estructurales del problema empoderando a la población y promoviendo una cultura de paz.

Por un lado, para conseguir mejorar e incluso erradicar esta situación es necesaria la participación de los actores locales a fin de poder abordar el complejo problema de los minerales de sangre. También hace falta una gran voluntad política y esfuerzos multilaterales y regionales para solucionar este grave conflicto.

Por otro lado, los principales países importadores de tecnología deben de regular respecto al comercio responsable de minerales procedentes de zonas de conflicto y controlar la cadena de aprovisionamiento para construir unos “importadores responsables” a fin de garantizar que todos los productos tecnológicos que compramos en nuestras tiendas y que forman parte de nuestra vida diaria no tengan este pasado oscuro y sangriento.

Finalmente, debemos garantizar que la comunidad internacional genere un código de conducta para impedir que situaciones como las que ocurren en la República Democrática del Congo se extiendan. Para ello también se debe de acabar con la desinformación de los consumidores acerca de la procedencia de los productos que compran y es necesario que se empleen todos los recursos necesarios para que la humanidad avance hacía un desarrollo económico sostenible, respetuoso con el medio ambiente y con los derechos humanos.

Hay que dejar de hacer la vista gorda a graves problemas que afectan a la humanidad y se debe hacer algo al respecto. Por esa razón, la incidencia política, la participación activa de la sociedad civil, la responsabilidad y voluntad políticas son absolutamente necesarias. Pero todo esto es un trabajo que tenemos que hacer de manera conjunta entre todos y para todos.


Artículo escrito por Peter Maldonado