La violencia genera violencia y si no se para, crece en espiral. Cada día los noticiarios van llenos. Cómo en los incendios, interesa encontrar la pequeña llama que los ha provocado, también en el incendio de la violencia me preguntan qué espiral lo ha encendido y qué posibles razones lo explican.

La violencia de unas personas contra otras que son iguales en dignidad y en derechos, puede tener orígenes diversos: el descontrol, el odio, la posesión, el orgullo herido, la ambición de poder, la codicia de riqueza, la desesperación de la pobreza y la marginación sin salida. Pero en un mundo de seres racionales, la violencia pensada y planificada necesita ser legitimada por alguien pretendidamente superior a los seres humanos, digamos un dios. Y en este panorama yo veo dioses laicos ("Dioses de paisano", que diría el añorado González Ruiz) y dioses religiosos.