Dia Mare Terra 22 abril

En 2009 la Asamblea General de las Naciones Unidas designó el día 22 de abril como el día internacional de la Madre Tierra. Esta celebración, en defensa de nuestro planeta y de todos sus ecosistemas, es una llamada a tomar conciencia de nuestra responsabilidad colectiva en los desequilibrios que provocan en el medio natural y social que ponen en entredicho la viabilidad de las futuras generaciones.

Porque, como dice el Francisco en la encíclica "Laudati si": Entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada Madre Tierra" (LS 2).

Los humanos nos estamos comportando como una verdadera plaga depredadora, estamos devastando nuestro planeta y hoy ya son muchas las alarmas que nos indican que el planeta está al límite de su capacidad de regeneración.

Nuestro sistema económico basado en el paradigma del crecimiento ilimitado, en un planeta donde los recursos son finitos, no tiene salida. Nuestro progreso, el crecimiento, el desarrollo se convierten, desgraciadamente, en devastación.

Los humanos hemos olvidado que nosotros también somos naturaleza, que formamos parte inseparable de este planeta, la casa común de toda la familia humana. Destruir la naturaleza es destruirnos a nosotros mismos. Nuestra actitud irresponsable nos está pasando factura: el cambio climático, la pérdida de la biodiversidad, la escasez del agua, la contaminación, la sobreexplotación y el expolio de los recursos naturales, la avaricia y la acumulación de bienes, el comercio desigual, la explotación laboral... Todo ello con la injusticia añadida que la población más afectada es siempre la más pobre y marginal, víctimas de los efectos negativos de un modelo económico perverso que se sustenta en la inconsciencia y la indiferencia de muchos.

El día de la Madre Tierra quiere ser un clamor que nos lleve a cambiar el rumbo de esta historia de depredación. ¿Estamos a tiempo? ¿Podemos rehacer algo de lo dañado? ¿Podemos preservar, aún, algunos de los pocos santuarios naturales del planeta? ¿Podemos parar la degradación que provoca las desigualdades de recursos entre la codicia de unos pocos y el empobrecimiento de una gran mayoría de la humanidad?

Un mito de nuestro tiempo es que el crecimiento económico y los avances científicos y tecnológicos solucionarán todos los problemas: Si se acaba el petróleo, desarrollaremos coches que vayan con otros tipos de energía como los biocombustibles o los coches eléctricos... Si necesitamos más energía, buscaremos nuevas formas de obtener: energía nuclear, aerogeneradores o placas solares ...
Si falta agua potable pondremos desalinizadoras, etc.

El problema es en manos y al servicio de quién está la tecnociencia para un desarrollo científico y técnico positivo, tal como subraya el Francisco, requiere conciencia moral y orientación al bien común, ya que en caso contrario, y desgraciadamente tenemos muchas malas experiencias, las consecuencias son devastadoras.

Para avanzar es imprescindible redefinir el concepto de progreso, apostar por un crecimiento que no sea voraz e irresponsable, y promover una economía, una ciencia y una técnica centradas en el interés de las personas. Debemos superar la cultura de la indiferencia y de la autorreferencialidad de manera que lo que hacemos, y que tiene un impacto sobre la naturaleza, debe poder ser universalizable. Debemos ser capaces de redescubrir el maravilloso equilibrio que mantiene la vida sobre la tierra, un equilibrio en el que todos los seres y todas las personas son imprescindibles.

Son tantos los problemas y el cambio global supone una complejidad tan enorme que puede parecer una utopía irrealizable pero son muchas las voces que señalan que la solución empieza por los pequeños gestos, por cambios sencillos en nuestros comportamientos cotidianos y en nuestros hábitos de consumo, unido con nuestro compromiso con las causas de la pobreza y el deterioro ambiental que nos lleve a exigir una política que trabaje por un mundo en el que se respeten los derechos humanos, se reduzcan las desigualdades y se tenga cuidado de la naturaleza.

Si se trata pues de "cambiar de chip", de vivir con más sencillez, de no restar aferrados a las cosas, de disfrutar con lo que nos ha sido dado, valorarlo y respetarlo, de luchar para que las generaciones futuras también puedan disfrutar, de tomar partido siempre por los excluidos ... como cristianos tenemos un compromiso que deriva de nuestra fe. Es más, las comunidades cristianas debemos aportar a nuestro mundo nuestra fe vivida en profundidad de forma coherente y proclamar a los cuatro vientos la buena nueva del evangelio "que otro mundo es posible" - el Reino de Dios- y hacer -lo no sólo con palabras sino con hechos.

Es por ello que desde Justicia y Paz queremos impulsar un proyecto de eco-parroquias solidarias que, conjuntamente con muchas otras parroquias del planeta y con todas las personas de buena voluntad, tejan una red para promover el modelo de sociedad justo, solidario y respetuoso con nuestra Madre Tierra que se desprende de la encíclica "Laudati si". Todos sois invitados a participar.


Maria Bargalló Castellón, responsable de la comisión de Ecologia i Justícia