plastic planet

Este año la campaña del Día de la madre Tierra tiene como lema "Un mundo sin contaminación plástica" y tiene como objetivo llamar la atención sobre la amenaza que supone para la supervivencia de nuestro planeta el crecimiento exponencial de los plásticos que utilizamos en la nuestra vida cotidiana.

Porque tal como expresa el Papa Francisco en la encíclica "Laudato si":

LS21. [...] La tierra parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de basura.

La mitad de los plásticos que consumimos entran en nuestras casas en forma de envases y envoltorios, que luego son abandonados como basura doméstica. Cada minuto se utilizan en el mundo más de un millón de bolsas de plástico, 500.000 millones al año. A esto hay que sumar botellas, envases, y todo tipo de contenedores y objetos. El resultado son 300 millones de toneladas de plástico, la mitad de las cuales dedicadas a un único uso.

Ahora bien, cuando pensamos en plásticos no somos conscientes de que también hay una parte importante que son "microplásticos", minúsculas partículas que no se pueden distinguir a simple vista. Cuando usamos productos de higiene como gel de ducha, pasta de dientes, espuma de afeitar o desodorante y productos de estética como sombra de ojos, esmalte de uñas..., es posible que, sin saberlo, estamos consumiendo microplásticos. También cuando lavamos determinados tipos de ropa se desprenden multitud de microfibras de plástico. Así, aunque microplásticos no se ven, están y desaparecen en el fregadero, al lavar la ropa, al ducharnos o cepillarnos los dientes.

LS59. Si miramos la superficie, más allá de algunos signos visibles de contaminación y de degradación, parece que las cosas no sean tan graves y que el planeta podría persistir por mucho tiempo en las actuales condiciones. Este comportamiento evasivo nos sirve para continuar con nuestros estilos de vida, de producción y de consumo.

Si de forma consciente o inconsciente consumimos enormes cantidades de plásticos conviene que nos preguntamos de dónde vienen y hacia dónde van cuando ya los hemos utilizado:

Los plásticos se fabrican a partir de un recurso no renovable, el petróleo, al que se aplican procesos industriales altamente contaminantes, por lo que la obtención de los plásticos contamina tanto como la industria petrolífera.

Por otra parte los plásticos son materiales que persisten en el medio ya que las aplicaciones de los biodegradables son poco conocidas y, por otra parte, las sustancias y aditivos que contienen hacen que técnicamente sean difíciles de reciclar. La incineración de los plásticos provoca emisiones importantes de dióxido de carbono (CO2), las cuales intensifican gravemente el efecto invernadero.

Durante años parecía que el plástico era un problema que afectaba sólo la tierra: vertederos, campos, márgenes de vías y carreteras... Pero hoy sabemos que una parte de estos plásticos llegan a mares y océanos.

Según la ONU, cada año 8 millones de toneladas de plástico van a parar a los océanos. Y, si no se hace nada para detener esta tendencia al alza, en 2050 en los océanos habrá más plásticos que peces. La cantidad de plásticos es tal que ya se han descubierto islas móviles de plástico, como la que hay entre EEUU y Japón, que tiene de tres veces la superficie de la península ibérica.

Pero los residuos plásticos no solo hacen feo. El impacto que tienen genera un gran riesgo para la flora y la fauna acuática, así como para los seres humanos que completan su dieta con animales expuestos a esta contaminación. Cuando saboreamos un suculento plato de pescado, que ha engullido antes los microplásticos que han ido al fregadero, podemos estar comiéndonos nuestra propia basura. No es una perspectiva demasiado alentadora, pero lo que es más grave es que muchos estudios demuestran que estos plásticos que ingerimos acumulan compuestos tóxicos que se pueden relacionar con el desarrollo de determinados tipos de cáncer, infertilidad, y todo tipo de desórdenes del sistema inmunitario y cognitivo, además de cambios en el metabolismo e, incluso, en el comportamiento.

Por otra parte tampoco deberíamos olvidar los millones de personas que dependen de la diversidad biológica fluvial, marina y costera para sus medios de vida, sobre todo de aquellas comunidades olvidadas que no tienen otros medios de subsistencia y que, sin participar, reciben las consecuencias de nuestro consumo derrochador.

Nuestra actitud irresponsable nos pasa factura, todos tenemos parte de responsabilidad y, además de exigir que Gobiernos y empresas avancen hacia la reducción, debemos contribuir a minimizar nuestra "huella de plástico", con pequeñas acciones cotidianas como por ejemplo, dejar de usar bolsas, envoltorios u objetos de plástico de un solo uso, utilizar ropas con tejidos naturales y productos de higiene y cosméticos ecológicos.

Como expresa el Papa Francisco:

LS211. Es muy noble asumir el deber de cuidar de la creación con pequeñas acciones cotidianas, y es maravilloso que la educación sea capaz de motivarlas hasta conformar un estilo de vida. La educación en la responsabilidad ambiental puede alentar diversos comportamientos que tienen una incidencia directa e importante en el cuidado del ambiente, como evitar el uso de material plástico [...] El hecho de reutilizar algo en lugar de tirarlos rápidamente, a partir de profundas motivaciones, puede ser un acto de amor que exprese nuestra propia dignidad.

 

María Bargalló Castellón, responsable de la comisión de Ecología y Justicia