Dilluns DH 07.05.2018El 7 de mayo, como cada primer lunes de mes desde octubre, se celebró la última sesión del ciclo de conferencias “Els Dilluns dels Drets Humans” 2017-2018, esta vez sobre el derecho a la ciudad.

Hablar del derecho a la ciudad hoy es hablar de garantizar los derechos humanos en este espacio central de nuestra vida colectiva. Tal como Henri Lefebvre, el creador del término, proclamaba, “hace falta rescatar al hombre como elemento principal, protagonista de la ciudad que él mismo ha construido”. El derecho a la ciudad pasa, pues, por garantizar para todos sus habitantes unas condiciones mínimas que puedan asegurar una vivienda digna, su participación en los órganos de gobierno, la igualdad efectiva de los derechos, la lucha contra las desigualdades… Estos derechos se ven amenazados tanto por el crecimiento y masificación de las ciudades como por los intereses económicos que planean sobre las grandes ciudades del mundo.

La conferencia comenzó con la ponencia de Joan Uribe, que nos hizo partícipes del espacio que empleamos en la ciudad, en los barrios, qué utilidad le damos y cómo nos envuelve el entorno social que se crea en este espacio, usando como ejemplo la nueva actividad que realizan los jóvenes en el entorno urbano, el parkour. La especie humana crea unos derechos en la ciudad que en otros entornos no podrían realizarse.

Tal como apuntó Amanda Fléty, segunda ponente, las ciudades deben tener unos elementos esenciales de convivencia y de redes globales, donde los ciudadanos abran lazos entre sí creando vínculos de todo tipo, distintos de los que se crean en zonas rurales y más despobladas. Fléty se valía del ejemplo de São Paulo, ciudad en la que conviven favelas y viviendas de lujo separadas únicamente por un muro: vecinos que viven a pocos metros de distancia, pero muy alejados de lo que podríamos llamar tejido social afectivo, donde se comparten espacios y culturas.

La inclusión social participativa y las políticas sociales de los ayuntamientos ayudan a crear tejido social y a “hacer ciudad”. Los vínculos que se crean con las asociaciones de vecinos o los centros sociales que los propios ayuntamientos ponen a disposición de los vecinos ayudan a que la ciudadanía se vaya interesando por las políticas participativas. Un ejemplo de ello son los proyectos creados por los propios ayuntamientos con la participación de los vecinos. El resultado de los mismos suele ser más positivo que los proyectos realizados únicamente por el ayuntamiento con decisiones políticas no contrastadas con los propios destinatarios.

El acto tuvo un carácter más próximo al contar con la participación de una fila cero con representantes como Aida Guillén, Servicios de Derechos de Ciudadanía y Diversidad del Ayuntamiento de Barcelona, que hizo una reflexión de las desigualdades entre la población de la ciudad de Barcelona. También contamos con representantes del Col·lectiu Superilla Poblenou, que nos explicó el comportamiento de las súpermanzanas creadas por el gobierno de Ada Colau, o la Associación de Vecinos y Vecinas de Poblenou, que resaltaba las necesidades que conlleva el cambio que se ha generado en este barrio de Barcelona desde los Juegos Olímpicos del 92. Mons Badia (Anteverti) hizo referencia al desarrollo de las ciudades inteligentes y la convivencia de los vecinos con las nuevas tecnologías.

Después de la participación de la fila cero, intervinieron diferentes asistentes dando consejos y propuestas de lo que ellos esperan de una ciudad del siglo XXI.

Fue Xavier Casanovas, director de Cristianisme i Justícia, quien agradeció la participación de todos los actores implicados en el ciclo de conferencias de Els Dilluns dels Drets Humans, así como a todos los asistentes, emplazándolos a las jornadas del nuevo curso 2018-2019.


Joaquín Fresnedoso