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 EN LOS SETENTA AÑOS DE LA DECLARACIÓN UNIVERSAL DE DERECHOS HUMANOS (1948-2018)

Hoy se cumplen 70 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, proclamada por las Naciones Unidas en París el 10 de diciembre de 1948. Esa Declaración significó un verdadero hito histórico en la comprensión del valor de la dignidad humana, fruto de un notable proceso de maduración de la conciencia moral de la humanidad. Desde entonces se han multiplicado los tratados, las instituciones y los mecanismos internacionales y regionales de protección de los derechos de la persona. Se puede afirmar que, hoy día, los derechos humanos son una base ética de notable consenso para la convivencia humana.

Sin embargo, la dignidad y los derechos de las personas son todavía hoy violados de forma grave en casi todos los países del mundo. Incluso se puede constatar un cierto retroceso en el respeto de los derechos humanos allí donde parecían más consolidados, como en el caso de los países europeos. Todavía tenemos que lamentar la violencia, la guerra, la pena de muerte, las ejecuciones extrajudiciales y los encarcelamientos arbitrarios. La persecución y exclusión por razones religiosas, políticas o étnicas. La falta de acceso a alimentos, agua, atención médica, trabajo o vivienda digna para cientos de millones de personas. El maltrato y la exclusión de las personas migrantes y la denegación del asilo a millones de personas que huyen de la guerra y la inseguridad. El tráfico de personas y el abuso y explotación de los niños. El expolio de la tierra, la destrucción del planeta y la aniquilación del hábitat ancestral de pueblos enteros por parte de grandes poderes económicos dedicados a la extracción masiva de recursos naturales dirigidos a la sociedad consumista. La negación de la identidad cultural y la opresión de numerosos pueblos y culturas minoritarias.

También en nuestro país, los derechos humanos son vulnerados gravemente: la persistencia de un paro estructural de grandes proporciones -que afecta especialmente a las personas jóvenes y mayores de 45 años-, las dificultades para disfrutar de una vivienda digna o las crecientes violaciones los derechos civiles (libertad ideológica, de expresión, de reunión, de participación política...), que incluyen el encarcelamiento arbitrario y sin juicio de líderes sociales y dirigentes políticos electos. Justícia i Pau de Catalunya ya ha manifestado en una carta dirigida a las autoridades españolas que a su juicio se trata de una grave e inaceptable violación de los derechos humanos de estas personas, y pide el sobreseimiento de las causas.

Las causas de estas situaciones son múltiples, profundas y complejas. Pero lo que está claro es que la humanidad no tiene futuro ni esperanza si no avanza decididamente, de una vez, hacia el respeto a los derechos humanos de las personas y de los pueblos. No nos podemos resignar. Los derechos humanos deben continuar siendo el punto de referencia para la organización de la vida social. Los poderes políticos los han de tener como criterio y horizonte de toda su actuación y toda la ciudadanía debe sentirse responsable de su protección. Esto pide la extensión de una verdadera cultura de los derechos humanos, sobre la base de la generalización de una conciencia de la igual dignidad y valor absoluto de cada persona, así como de la fraternidad entre todos los seres humanos, llamados a formar una verdadera familia.

Desde Justícia i Pau  reafirmamos nuestro compromiso para extender y fortalecer esta cultura para sensibilizar la ciudadanía, sumándonos a los esfuerzos que realizan cada día miles de colectivos e instituciones en todo el mundo para que el respeto y protección de los derechos humanos sea una prioridad en todas las acciones sociales y políticas.

Compartimos asimismo la Declaración de Justicia y Paz de Europa con motivo del 70º Aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Justícia i Pau de Catalunya
10 de diciembre de 2018