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Mañana hará 30 años de la Convención de Derechos de la Infancia, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1989. Igualmente, conmemoraremos el 60º aniversario de la Declaración de Derechos de la Infancia, precedente de la Convención, aprobada por la misma Asamblea General el 20 de noviembre de 1959.

Este aniversario es una buena oportunidad para divulgar la Convención, para tomar mayor conciencia del reto de proteger y promover estos derechos, aunque no plenamente alcanzados, a menudo vulnerados. Una ocasión para revisar cuál es el trato que damos a los niños en nuestra sociedad.

De acuerdo con los últimos informes de UNICEF, cada día mueren en el mundo 15.000 niños, la mayoría de ellos por causas que se pueden evitar. 1 de cada 3 niños no crece bien debido a la malnutrición. Casi el 60% de los niños en edad de asistir a la escuela primaria no cumplen con los objetivos mínimos de aprendizaje. A la vez, se prevé que 150 millones de niñas se casen aún siendo menores de edad e interrumpan su educación. Por otra parte, según ACNUR, más de la mitad de los 30 millones de refugiados en el mundo son niños. En 2017 se estimaba que de todos los refugiados y solicitantes de asilo, 173.800 eran menores de edad no acompañados.

Si miramos a nuestro país, según UNICEF Cataluña, el 28,6% de los niños están en riesgo de ser pobres, una cifra que "no sólo no se ha reducido, sino que se ha incrementado 3,6 puntos porcentuales desde 2016 (es decir, un 14%). Esto significa que uno de cada cuatro hogares con hijos o hijas está en riesgo de pobreza".

Son datos que nos deben hacer pensar.

Cuando hablamos de los derechos de los niños, en realidad nos referimos a todo aquello que la sociedad adulta les tiene que ofrecer y garantizar. Así pues, de acuerdo con la Convención, los niños deben disfrutar de:

- de aquellos elementos materiales y espirituales que les permitan crecer con plenitud,
- de un nombre y una nacionalidad,
- de unos padres que los quieran, y que también se quieran entre ellos,
- de unos padres que tengan un trabajo decente y puedan cuidar de la familia,
- de una alimentación adecuada,
- de una salud bien atendida y al más alto nivel posible,
- de una educación en igualdad de oportunidades y una formación que los prepare para el futuro,
- del respeto a su intimidad y vida privada,
- de la posibilidad de participar en las decisiones que les afecten,
- de la posibilidad de expresarse libremente,
- de la libertad de pensamiento, conciencia y religión con el acompañamiento de los padres o tutores,
- de la posibilidad de asociarse y reunirse con otros libremente,
- de una información plural que ayude a su bienestar,
- de protección contra toda forma de violencia o abuso,
- de protección internacional en caso de peligro,
- de un nivel de vida adecuado para su desarrollo,
- de la propia cultura, religión y lengua,
- del descanso, el esparcimiento, el juego y el ocio,
- de la posibilidad de participar en la vida cultural y artística,
- de protección contra la explotación económica, laboral o sexual y de la lacra de la droga,
- de protección contra el tráfico de personas o tratos inhumanos o degradantes,
- de una tierra, una agua y un viento limpio, y de un planeta con futuro,
- de protección social y acogida cuando están desvalidos,
- de una sociedad que respete a los demás,
- de ser felices.

Todos tenemos la obligación y la oportunidad de hacer posible que nuestros niños disfruten de sus derechos y tengan cubiertas sus necesidades. No rehuíamos la responsabilidad que nos corresponde a cada uno. Seamos valientes y generosos. Los niños nos necesitan y interpelan. No perdamos la oportunidad de permanecer siempre cerca de ellos.

Barcelona, 19 de noviembre de 2019
Justícia i Pau de Catalunya