Joan Gómez, secretario de JP de Barcelona (27/04/2012)

He aprendido que hay que honrar los compromisos personales, sobre todo los de los jóvenes, porque son semillas que no sabemos qué fruto darán.

Joan Gómez, secretario de JP de Barcelona / 27/04/2012

A los 13 años, decidí no tomar nunca más Coca-Cola.

Al fin y al cabo, fue una decisión pueril, meramente testimonial, puramente simbólica. Tomado a cachondeo por algunos compañeros, pataleta propia de la edad para algunos mayores, básicamente causaba indiferencia.

Apenas comenzada la adolescencia, no sabía aún qué querría ser de mayor, por no decir que llegar a la universidad para mí ya era serlo. Pero vete tú a saber porqué, un día me pasó por la cabeza no contribuir en esa empresa que simbolizaba un sistema que no me gustaba. No conocía nadie más que lo hiciera. Tampoco inicié ninguna campaña pública. Simplemente, tomé una decisión personal.

Aunque parece una idea inocua, aprendí varias lecciones muy útiles en mi vida. Por ejemplo, he aprendido que las personas somos más importantes que las cosas.

Como aquel verano que amigué con un argelino en un encuentro de jóvenes del Mediterráneo, y al despedirnos, me obsequió con una lata de Coca-Cola. Al declinar yo su ofrecimiento, tiró la bebida ostentosamente a una papelera, y ante mi asombro, me aclaró el sentido de su acción: "¿Rechazas mi amistad, y te sabe mal por la lata?"

También aprendí que tomar opciones radicales o estrambóticas no es fanatismo. Caemos en el fanatismo cuando rechazamos las personas que adoptan opciones distintas a las nuestras. Esto lo capté otro verano que me lo pasé tan bien con una nueva amiga de un campo de trabajo. A ella no le gustaba el agua, y la había sustituido en todas las comidas por el brebaje que yo abjuraba. En aquel momento, ella era monísima. Si ha mantenido la misma dieta, no sé si ahora la reconocería... Pero eso no quita que guarde un buen recuerdo.

Otra gran enseñanza es que la coherencia se pone a prueba con muchas tentaciones. Mi renuncia me hizo pasar sed en muchas fiestas infantiles. En aquella época, las marcas de agua aún no se promocionaban como fuente de salud. Y muchas familias se creían que la "chispa" de la vida brotaba de las burbujitas. Ahora ya sé que el sentido de mi vida, justamente, me lo dan las opciones que he tomado, compartidas y sostenibles.

También se deriva de aquella primigenia intuición el aprendizaje de que la libertad no es elegir lo que deseas en cada momento, sino mantenerte firme en lo que crees, sin que las modas, las convenciones, los intereses o las presiones te obliguen a dimitir.

Ahora estoy orgulloso de mi constancia, de la fidelidad a mis principios. Aquella bobada no quedó en el olvido, sino que fue el inicio inconsciente de mi despertar social. Mi primera acción de resistencia pacífica a un sistema capitalista, que promueve guerras para abrir mercados, que aplasta la diversidad cultural a favor de una supuesta modernidad, que inventa nuevas necesidades. Seguramente, la idea fue casual, pero el sentido crítico ha sido causal. El resto de opciones personales que han venido después también han sido pacíficas, a favor de la pluralidad, huyendo de la dependencia y a favor de una vida más sana.

Cuando uno se hace mayor, puede analizar y contextualizar mejor las acciones individuales y sus consecuencias sociales. Puede evaluar la ineficacia de los gestos. Pero yo he aprendido que hay que honrar los compromisos personales, sobre todo los de los jóvenes, porque son semillas que no sabemos qué fruto darán.

Todo esto no lo sabía explicar entonces. Ha sido la persistencia lo que me ha permitido entender el sentido de mi añejo compromiso. Sólo la perseverancia me ha dado los aprendizajes necesarios para las opciones vitales que he ido adoptando a lo largo de mi vida.

Hace 25 años, decidí no tomar nunca más Coca-Cola. Ama tus compromisos sociales. Sé fiel a tus opciones personales.

Traducción a cargo de Justícia i Pau de Barcelona