Artículo de Joan Gómez i Segalà, miembro de Justícia i Pau de Barcelona

La blasfemia en Barcelona 2016

- Dolors Miquel recitó un poema titulado "Mare Nostra” (Madre Nuestra) en el acto de entrega de los Premios Ciutat de Barcelona.

- El poema no me gusta para nada. Al escritor Sebastià Alzamora sí. Pero coincido completamente con él, que mi opinión, y la suya, no tienen mucha importancia. Ni la de nadie más. Ninguna opinión no debe tener más importancia que la mera constatación de un gusto.

- Reconozco que no sé valorar el poema dentro de la obra de la autora, como tampoco en el contexto de la poesía contemporánea ni en el conjunto del acto institucional.

- Tanto el arzobispo Omella, como un grupo de católicos catalanes, entre los cuales el presidente y el director de Justícia i Pau, han protestado públicamente por la ofensa a sus sentimientos religiosos, con unos escritos constructivos, muy razonables y que yo suscribiría si me hubiera sentido ofendido. La alcaldesa de Barcelona, a quien iba dirigida la carta abierta, ya les ha respondido.

- Tengo la impresión de que en torno al fenómeno religioso, incluyendo los sectores que se movilizan a favor del ateísmo y del laicismo, hay mucha susceptibilidad y que siempre se está a punto para rasgarse las vestiduras. Esta constatación no significa que no haya motivos para sentirse ofendido. Evidentemente, señalo con el dedo hacia quienes recurren a los tribunales, más que los que comparten públicamente su disgusto. Como leeréis más adelante, ha habido recientemente otras blasfemias formalmente similares que sí me han indignado, a mí, y que dan pie a este escrito.

Mare Nostra

- Los cristianos sufrimos, en relación a nuestro deseo de evangelización, una paradoja que si no sabemos resolver, al menos conviene que no nos sirva para culpar a los demás. Queremos que toda la humanidad conozca la tradición judeocristiana, y su inmensa aportación en términos históricos sobre la filosofía, la ética, el arte, la literatura, la política, etc. Asimismo, queremos que se reconozca su carácter sagrado, como si la sacralidad fuera intrínseca a la tradición y no el valor que cada persona le da por la fe. Tenemos que elegir: una opción es entender que Jesús es patrimonio de la Iglesia y no queremos que nadie falte al respeto a nuestro dios, a nuestra fe, a nuestro dogma. La segunda opción es que se reconozca su valor universal, en el tiempo y en el espacio y, en consecuencia, preferimos que sea referencia central de toda la cultura, incluso en contra de nuestros sentimientos, antes de que caiga en la irrelevancia, la insignificancia, el olvido. ¿En una sociedad libre, alguien puede esgrimir algún tipo de derecho a la propiedad intelectual sobre el texto bíblico?

La única Iglesia que ilumina

- Este mes de abril va a finalizar el festival Barnsasants de música de autor. A pesar de que no va dirigido específicamente a un público anarquista, ni al gremio de los historiadores de la Guerra Civil, se les ha ocurrido anunciarse bajo el eslogan "Las únicas iglesias que iluminan son las que pagan el recibo de la luz” (sic).

- El reclamo sólo funciona si se conoce el lema anticlerical proferido en tiempos de la II República. Sin ese referente, el lector todavía se tiene que quedar más asombrado de tal majadería. Si se conoce el lema "La única iglesia que ilumina es la que arde", hay que aceptar que además de anticlerical es un lema belicoso.

- He encontrado varias justificaciones del lema, desde una referencia a la pobreza energética hasta un peculiar silogismo sobre la luz y la oscuridad. En mi opinión, en cambio, la actualización del lema histórico con la alusión al recibo de la luz, sólo se puede interpretar como la pretensión de difamar, a ver si con el lío de la exención del pago del IBI por parte de determinadas entidades, también se puede dar a creer que hay unos privilegiados que se escaquean de otras obligaciones.

- Contra esta campaña publicitaria, apenas he sabido encontrar un tweet de un pastor protestante, lo que me lleva a dudar entre mi poca habilidad para documentarme y el escaso eco del festival más allá de su público más habitual.

Ofensas

- Si comparo estos dos ejemplos que hieren alguna sensibilidad no es para indicar que yo tenga razón mientras los otros son unos quisquillosos. Más bien, quisiera que nos fijemos en qué nos ofende como indicador de lo más sagrado para cada uno, sobre lo que no toleramos ninguna broma.

- Para mí, la tergiversación de la oración que Jesús "nos" enseñó, utilizando su forma pero vaciándola de contenido, no me parece un ataque a una fe, sino el reconocimiento de su centralidad en nuestra cultura incluso para aquellos que se sienten más alejados de la Iglesia.

- En cambio, la utilización de un lema bélico contra cualquier colectivo, me parece una ofensa para las víctimas y un ataque contra la convivencia. Recuperar un grito con el que murieron miles de mártires y utilizarlo para vender entradas de conciertos me parece insidioso. Mi fe, que sacraliza la vida, la paz y la libertad, resulta agredida de lleno.

- Si alguien me quiere retraer la susceptibilidad que he aludido inicialmente, le ruego que se pregunte si también consideraría legítimo bromear sobre "El trabajo os hará libres". O cualquier otro lema que haya servido para vejar hasta la muerte un determinado colectivo nacional, racial, de género u orientación sexual.

Conclusión

- A mí no me ofende que alguien desfigure la forma, la letra o la imagen de mi Dios, porque todo esto es lo más contingente. Lo que degrada es que se atente contra el núcleo humanizador y liberador de Dios, su fondo más inmanente, como banalizar la violencia y el asesinato, porque esta desmemoria es la que permite que surja de nuevo el odio que engendra nueva violencia.

- He dado dos ejemplos de ofensas de palabra que me han parecido comparables, contemporáneos, sufragados con dinero público y que en mi opinión es conveniente relativizar. En realidad, las ofensas de verdad, las que remueven el alma y no me dejan vivir tranquilo, y no nos deben dejar vivir tranquilos, son las ofensas con los hechos, contra quien busca asilo, quien huye de la guerra, quien es torturado, quien sufre explotación laboral, quien sufre vejaciones sexuales. En estos terrenos, no existe susceptibilidad en demasía.

 

Joan Gómez i Segalà, miembro de Justícia i Pau de Barcelona