Articulo de opinión de Rafael Allepuz Capdevila, presidente de Justícia y Paz Lleida

 

El precariado social se consolida

El economista británico Guy Standing acuñó el concepto de Precariado para referirse al colectivo, cada vez más numeroso, de trabajadores y trabajadoras con condiciones de trabajo que no garantizan una estabilidad económica, laboral ni profesional. Este término lo podríamos ampliar al ámbito social, en el sentido de que lo podríamos referir a aquellas personas que viven en situación precaria, ya sea por falta de empleo, por las deficientes condiciones de trabajo que tienen o por la insuficiente cobertura de las prestaciones sociales que reciben.

Nuestra sociedad se caracteriza por la crisis en el trabajo y por el deficiente modelo de protección social.

En cuanto al mundo del trabajo remunerado tenemos dos circunstancias importantes. Por un lado, el paro provocado por la destrucción de empleo y por la falta de creación de nuevos puestos de trabajo. Durante la crisis que todavía perdura se han destruido millones de empleos en el conjunto del Estado español. En estos momentos la tasa de paro se encuentra en el 20,90% y en el 17,73% en España y Cataluña respectivamente, valores muy alejados de los anteriores a la crisis (8,57% y 6,50% respectivamente, a finales del 2007). La creación de puestos de trabajo es muy lenta y lo seguirá siendo teniendo en cuenta que, como vaticina el Foro Económico Mundial de Davos, la digitalización reducirá más de 5 millones de empleos hasta el año 2020, ya que por cada dos millones de puestos de trabajo que se creen se destruirán siete. Además, entre las personas paradas un 59,5% lo son de larga duración, es decir, que llevan más de un año buscando un empleo y no lo encuentran, entre los cuales un 52,1% tienen 45 años o más, personas de muy difícil reinserción laboral, con lo que representa tanto a nivel individual como familiar. Por otro lado, en cuanto a las personas ocupadas, y sobre todo las que han encontrado empleo recientemente, las condiciones laborales a las que se enfrentan son pésimas porque no pueden garantizar un presente y un futuro dignos. La disminución de la jornada laboral se pone de manifiesto en las estadísticas con motivo del aumento de las contrataciones a tiempo parcial y la oferta de salarios bajos es una realidad entre la población que se incorpora en el mundo del trabajo remunerado independientemente de su formación y la categoría laboral. Trabajar pocas horas y con bajos salarios no garantiza estabilidad personal ni profesional. La pobreza en el trabajo se encuentra en el 12,6% en el Estado español. Trabajar y ser pobre es una categoría que se consolida en el mundo del trabajo remunerado.

En cuanto al modelo de protección social vemos que la protección por desempleo se encuentra en el 27,8% de las personas paradas, menos de un tercio de los parados reciben esta prestación. Paralelamente, en el Estado español las transferencias sociales reducen la pobreza económica al 22,2%, mientras que en el conjunto de la UE se reduce al 17,2%. Estos resultados no son de extrañar porque, según los últimos datos disponibles, en el Estado español se destina un 25% del PIB a gasto en protección social, mientras que en la UE es del 27,6%. Además, la mayoría de las prestaciones son contributivas, con lo que la falta de experiencia laboral o la experiencia inestable provoca que el derecho a estas prestaciones se vea muy limitado en cuanto a cantidad y duración.

Por todo ello, podemos afirmar que el presente y el futuro para una parte muy importante de la población son muy inseguros y precarios. La vulnerabilidad económica y social se ha extendido a colectivos de población que antes de la crisis parecía que no podrían pasar por la situación que están viviendo actualmente. Las privaciones se han generalizado e intensificado. Es por esto que la precariedad social se ha consolidado, será muy difícil y complicado que estas personas cambien su estatus.

Solo hay una manera para modificar esta situación que es la de reorientar el modelo de protección social, potenciando mucho más las prestaciones contributivas y, en especial, las no contributivas y aumentando el gasto social, y redistribuir mejor las ganancias y oportunidades que puedan generarse a partir de ahora con el potencial crecimiento económico del que se presume que estamos disfrutando. Sin un replanteamiento de los objetivos económicos y sociales la consolidación de este precariado social será una lacra de la que difícilmente nos podremos librar.

El reciente informe de Intermon-Oxfam titulado La economía al servicio del 1% afirma que “los más ricos están absorbiendo el crecimiento de los ingresos y la riqueza mundial a un ritmo alarmante” y que “el poder y los privilegios se están utilizando para manipular el sistema económico y así ampliar la brecha, dejando sin esperanza a centenares de millones de personas pobres”.

Para combatir con éxito la pobreza, es inevitable afrontar la crisis de la desigualdad.

Rafael Allepuz Capdevila
22/02/2016