Artículo de Núria Carulla, que forma parte de la Junta de Gobierno de Justicia y Paz Barcelona.

¿Y qué podemos hacer?

 

El pasado sábado día 28 de Mayo celebramos el encuentro catalanobalear de Justícia i Pau, con una buena representación de las comisiones de todo Cataluña y Menorca. El tema principal fue la reflexión entorno de la encíclica del Papa Francisco Laudato Si , sobre el medio ambiente y la degradación de la naturaleza en la que se encuentra la casa común que es la Tierra y como esto afecta a la vida de las personas que la habitan.

Todo el mundo conoce más o menos los posibles efectos perniciosos para la naturaleza de un mal uso de la tecnología. También el peligro para la supervivencia de ciertas especies animales o vegetales por la codicia y la estupidez de unos cuantos humanos con capacidad y riqueza sin el mínimo sentido de respeto ni una pizca de amor por la maravillosa belleza de la naturaleza, regalo y don de Dios a la humanidad.

Pero el Papa Francisco nos da a saber que somos parte de esta naturaleza, en estos momentos la especie dominante, que podemos gozar del mundo entero, pero también con capacidad para destruir. Sin la naturaleza no vivimos, sin solidaridad no nos salvamos.

¿Qué podemos hacer para parar el cambio climático? ¿Qué podemos hacer para parar la contaminación del mar y de grandes zonas del planeta donde malviven millones de personas?

¿Qué podemos hacer frente a millones de personas que emigran forzadas por la guerra o el hambre o la persecución y la represión? ¿Qué podemos hacer por las comunidades indígenas perseguidas y desahuciadas de sus tierras ancestrales por la expoliación de los minerales o por la agricultura intensiva o la ganadería? Ciertamente todo es demasiado desmesurado para nuestras pocas fuerzas e influencias.
Muchos de nosotros ya aportamos el grano de arena, procurando reciclar, elegir productos con componentes biodegradables, no comprar coches demasiado contaminantes, incluso contribuimos con alguna ONG de cooperación o Cáritas y con estas acciones contribuimos de alguna manera a paliar un poco los desastres que ocurren.

Eso está muy bien pero es necesario dar un paso más. Hemos oído más de una vez el relato evangélico sobre el joven rico que pregunta a Jesús: ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna? Si todo lo haces bien según las normas, sólo te queda una cosa, vende todo lo que tienes, dáselo a los pobres y luego ven y sígueme ─le responde Jesús. Cuando llegamos al final del relato, nos quedamos pensativos e indecisos frente al reto.
Con esto, Jesús nos está diciendo que, por encima de todo, la persona primero, antes que el dinero, que la propia seguridad, que la propia comodidad. Las personas primero, sobre todo si pasan por momentos o situaciones de necesidad.
En el mundo hay siete millones de personas, unos tenemos más de lo que necesitamos y otros no tienen ni lo mínimo, y ¿qué podemos hacer para evitarlo?

En primer lugar si vivimos en países democráticos donde los ciudadanos y ciudadanas elegimos a nuestros representantes, no nos dejemos seducir por los que prometen bienestar para unos cuantos sin tener en cuenta la interdependencia mundial. En segundo lugar, hemos de compartir el tiempo, el pensamiento y los bienes, como dice San Juan Bautista: “El que tiene dos vestidos dé uno al que no tiene ninguno, y el que tiene comida compártala con el que no la tiene”, ahora bien, no vale dar lo que sobra o bien después de comprar treinta camisetas porque son baratas, dar quince. Todo lo que nos sale barato a nosotros, resulta caro para alguien. Hay personas esclavizadas en fábricas en muchos países, hay paisajes preciosos amenazados por el turismo masivo, igual que nuestras costas y nuestros monumentos. Tomar conciencia y compartir, también significa que no podemos hacer todo lo que nos es posible por el dinero, o por la tecnología. Nos tenemos que contener en el consumo, erradicar el despilfarro, que después deriva en residuos contaminantes, aunque se reciclen.

Bien nos tienen que servir la inteligencia, el corazón y la fe para enfrentarse a los retos que tenemos, cada uno desde su especialidad, conocimiento o sabiduría

Núria Carulla
06/06/2016