Artículo de opinión de Joan Gómez i Segalà, miembro de Justícia i Pau de Barcelona.

 

La frivolidad de #TodosSomosLeoMessi

  1. El negocio del fútbol mueve unas fortunas absolutamente desproporcionadas por los beneficios que reporta a la sociedad. No logra que la sociedad sea más sana, culta, pacífica o justa. No sé si hay ningún trabajo en el mundo que merezca un sueldo como el de los mejores futbolistas, pero lo que sí es seguro es que tendría que estar al alcance sólo de algunas personalidades extraordinarias, que han conseguido descubrir valiosas vacunas, han tenido éxito en la mediación de conflictos bélicos o han inventado aparatos extraordinariamente útiles. En ningún caso, para profesionales del espectáculo, como el fútbol.

  2. Alrededor del fútbol se han creado peñas de seguidores, que en realidad realizan una importante tarea de formación deportiva, enriquecimiento de la red asociativa e intercambio cultural. Pero junto a este fenómeno, proliferan redes ambiciosas que afectan al fútbol, tanto a nivel español como internacional: gestores corruptos, representantes mafiosos de futbolistas, apuestas ilegales, partidos comprados, opacidad en la negociación de los derechos de retransmisión televisiva...

  3. Además de los actores directamente implicados, el eco que los medios dan a este fenómeno da pie a toda clase de abusos que reciben un trato indolente: racismo impune, violencia sexual de jugadores que pasa en segundo término frente a la gloria que pueden ofrecer a la nación y, cada vez más, la peligrosa violencia de los hooligans. Que un club, cuyos aficionados muestran una bandera legal y representativa de una reivindicación democrática (la estelada) sea sancionado por la UEFA con la misma multa que el comportamiento extremadamente violento de una parte de la afición rusa en la reciente Eurocopa resulta humillante y escandalosamente partidista a favor de los gobiernos más poderosos.

  4. La actual junta directiva del FCBarcelona ha encadenado una serie de comportamientos indignos para un club que pretende ser más que un club: la substitución del patrocinio de la Unicef por las distintas marcas de una dictadura, la llamada “Grada Jove” en un club que ha conseguido ser el mejor del mundo cuando ha conseguido abolirla, la atribución al club de las malas prácticas de sus gestores en el fichaje de Neymar, etc.

  5. Leo Messi, igual que otros jugadores, ha cometido un fraude fiscal. Como barcelonista, me alegro de que no haya cometido un fraude tan grave como para merecer el ingreso en la cárcel. Creo que, a diferencia de la infanta que tiene estudios superiores y trabaja en una entidad financiera, es probable que el argentino no entendiera la gestión de su dinero. Eso lo exculparía moralmente, pero no legalmente.

  6. Me parece correcto que los servicios jurídicos del club hayan colaborado en la defensa de su jugador, y que su entorno le haya apoyado durante el litigio para no afectar su rendimiento deportivo. Ahora bien, una vez dictada la sentencia, conviene dejar muy claro que el club no ampara el fraude fiscal y que sigue confiando en el futbolista, pero que tomará medidas para que esto no vuelva a suceder por dos motivos: el motivo general, porque no es ético, y el motivo particular, porque daña la imagen del club.

  7. La campaña #TodosSomosLeoMessi es absolutamente desafortunada e impropia de un club que hace gala de valores catalanistas y democráticos. Las campañas “Todos somos” (a la par que las de “Je suis”) han proliferado para dar apoyo a víctimas, habitualmente de terrorismo o de la represión. Equiparar a un condenado por haber defraudado 4 millones de euros con una víctima es una frivolidad.

  8. Aún entiendo menos que una persona que dedique su vida a la causa de los pobres y que realiza un esfuerzo encomiable para conseguir fondos para toda clase de campañas benéficas, como Sor Lucía, se preste a sumarse a esta campaña. Una buena tributación, proporcional y sin fraude, haría innecesaria tanta solidaridad no gubernamental. La colaboración entre la Fundació del Barça y las iniciativas solidarias no puede obligar a justificar ningún delito. Al contrario, vale la pena que hagan oír su voz de denuncia.

  9. Todo esto no quita que la justicia también tenga una credibilidad bajo mínimos, con la participación de personajes que parecen más interesados en defender al rival madridista que en garantizar la justicia social. Reconociendo la evidencia que hay ataque sistemático desde todas las instancias estatales contra las instituciones que representan la catalanidad, y con toda la pinta de parcialidad, incluso así, en necesario dejar muy claro, que rehusamos el fraude.

  10. Si esta campaña no acaba con la dimisión de algún dirigente barcelonista, tendremos que concluir que el problema va más allá del fútbol. Estamos inmersos en una cultura en la cual la picaresca es símbolo de listeza, y la contribución fiscal es símbolo de impotencia. Hace falta una transformación política que garantice que los gobernantes hagan un uso responsable del erario público, y que la ciudadanía valore su contribución económica como una forma de convivencia y progreso. La Plataforma per una fiscalitat justa, ambiental i solidària trabaja intensamente en ello. Es una lástima que el Barça haya dejado perder una magnífica ocasión para mostrar que puede volver a ser el mejor club del mundo: menos campañas solidarias y más compromiso social. No #TodosSomosLeoMessi.


Imatge del www.fcbarcelona.cat
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