Artículo de opinión de Anna Sangrà, responsable de la Área de Migraciones de Justícia i Pau Barcelona.

 

El miedo al extranjero

Esta semana leía a Zygmunt Baumann en Extraños llamando a la puerta donde reflexiona sobre los refugiados y el miedo que provocan en las sociedades occidentales, que los ven como una amenaza para el bienestar propio.

El miedo es un mecanismo que nos protege frente a un riesgo. Sin embargo, el miedo sólo surge cuando consideramos lo que nos lo provoca como potencialmente peligroso.

Así pues, ¿por qué existe este temor del que habla Baumann? Vivimos en la era de la información, en la que con un par de clics podemos saber todos los detalles sobre un conflicto armado que mueve a las personas a marcharse de casa, qué futuro les espera si se quedan... Por lo tanto, podemos comprender perfectamente la necesidad que tienen esas personas de huir. El problema no es en sí mismo la falta de conocimiento sino de igualdad. En pocas palabras, se trata del no reconocimiento del otro como un igual. Desde el momento en que entendemos que otra persona posee unos derechos diferentes a los nuestros, creamos una distinción, delimitamos el “nosotros” y aparece el “ellos”.

Yendo un poco más lejos, la creación de un “ellos” lleva a distinciones o fronteras verbales, que son las que dan paso a la intolerancia y a la xenofobia, cada vez más presente en las sociedades europeas actuales. Estas distinciones verbales legitiman las fronteras, ahora ya no imaginarias sino físicas. Pasan a dar sentido a la construcción de muros mediante el discurso del miedo. Porque según estos planteamientos, los emigrantes, “ellos”, son peligrosos y pueden alterar nuestra seguridad o nivel de bienestar, y por tanto necesitan que no entren en contacto con “nosotros”.

Sólo es necesario echar un vistazo a los Parlamentos europeos y la presencia de partidos políticos anti-inmigración: Reino Unido(UKIP), Francia (Frente Nacional), Dinamarca (DI), Austria (FPÖ), Italia (Lega Nord), Polonia (PIS), Hungría (JOBBIK), Bélgica (VB), Países Bajos (PVV)...

El último ejemplo de xenofobia occidental: Estados Unidos. A pesar de que es necesario ver cuál es el resultado de las elecciones, de momento el candidato republicano Donald Trump parece que se lleva el apoyo de una gran parte de la sociedad estadounidense. Su discurso migratorio vertebra alrededor del lema “una nación sin fronteras no es una nación”, así como la gran estrategia de deportar once millones de mexicanos en situación irregular y hacer que México pague la construcción de un muro que los separe de los Estados Unidos de América.

Esto no hace más que poner de relieve el crecimiento del sentimiento xenófobo en occidente. Por su parte, los partidos de extrema derecha han entendido cómo sacar rédito electoral a las malas gestiones, como la crisis de refugiados procedentes de Oriente Medio, o el desánimo que ha causado la crisis económica, para reencontrar el voto populista, basado en el discurso del miedo.

Necesitamos, pues, darnos cuenta de que nuestras sociedades ya son heterogéneas, y que la diversidad representa un valor añadido. El “nosotros” y el “ellos” al que hacen referencia constantemente estos discursos hace décadas que ya no existen. No hay espacio para el miedo cuando entendemos que la pluralidad no es un peligro, sino un activo.

Anna Sangrà, @anna_sangra