Artículo de opinión de Marc Grau, presidente de Justicia y Paz de Terrassa, que nos envía desde Cambdridge, Estados Unidos.

 

¿Cómo explicar la victoria de Trump a los niños?

En la escuela de educación primaria de Cambridge, Massachusetts, a donde llevamos a nuestros hijos, todos los lunes por la mañana de 7:45 a 08:00, alumnos, padres y maestros nos encontramos en el pabellón de la escuela para hacer escuela, y comunicarnos noticias de interés y futuros acontecimientos. Ese cuarto de hora semanal es conducido por los propios estudiantes que como mucho tienen 11 años. El pasado lunes 7 de Noviembre, se aprovechó también para hablar de las elecciones, y cuatro jóvenes estudiantes escenificaron a los cuatro candidatos a la presidencia de los Estados Unidos de América. El pequeño acto se desarrolló bajo un clima de absoluto respeto que me emocionó. Hubiese sido muy fácil que los niños se hubiesen reído, chillado, o silbado cuando el candidato que no les gusta hubiese subido al escenario. No fue así y fue bonito.

Al día siguiente, estos pequeños futuros votantes, pudieron votar en la escuela. Como si todo fuese verdadero: urnas, banderas, el adhesivo de “I voted”, etc. Todo para que los niños sintieren que su voto cuenta, o por lo menos en un futuro contará, para hacerles partícipes de un suceso importante al país, y para animarles a votar siempre, ya que la tasa de participación en Estados Unidos es muy baja comparada con otros países avanzados, por razones curiosas que otro día se pueden discutir.

En cualquier caso, estos pequeños actos y esfuerzos por parte de la escuela, me han dado a preguntar si hablamos suficientemente sobre política a los niños. Alguien puede pensar que ya tienen toda la vida para oír hablar de ello, y que acabarán hartos. Pero al mismo tiempo se puede pensar también que hay que hablarles de la Política en mayúsculas. Una cosa es la política en minúsculas (su día a día, discusiones, problemas como la corrupción, etc.) y otra la Política en mayúsculas, lo que se puede lograr. Pasa lo mismo con democracia/Democracia, justicia/Justicia, economía/Economía o universidad/Universidad. La primera define lo que es, la segunda lo que se puede llegar a ser. Y haremos bien si hablamos a los niños de lo que puede llegar a ser la Política, la Democracia, la Justicia, la Economía y la Universidad. Hablar del significado Último, del significado más deseable posible.

Una vez dicho esto, las elecciones del pasado martes no han dejado indiferente a nadie. Los mercados han dado su opinión, gente llorando, manifestaciones, gente seguramente satisfecha, en fin, multitud de reacciones de unas elecciones que pasarán a la historia. No es el momento ahora de analizar los discursos de ningún candidato, pero nunca en la historia reciente, un candidato de un país avanzado había sobrepasado tantas líneas rojas. Las líneas se han sobrepasado con el vocabulario (ver vídeos/ tweets sobre mujeres) las generalizaciones ofensivas contra mexicanos/musulmanes, la imitación de un periodista con discapacidad física, las propuestas (un muro, negar el cambio climático), etc. Sabiendo que precisamente este candidato ha sido votado por 60 millones de personas, que ha ganado las elecciones, y que será presidente de uno de los países más potentes del mundo, nos lleva a preguntarnos cómo explicar esto a un niño, a una niña, a unos hijos.

1. Escuchar es como amar, nunca basta. Una de las primeras conclusiones de estas elecciones es que no se ha escuchado suficientemente. Sigue existiendo una parte de la población que no es escuchada, que no es tenida en cuenta, incluso es olvidada por las predicciones/encuestas. Ha pasado con el Brexit y ha vuelto a ocurrir aquí. Por lo tanto, la política, los medios de comunicación, la sociedad civil, han de seguir esforzándose para escuchar a los no-escuchados. Y los niños, que son los primeros que se enfadan con razón cuando no son escuchados, lo pueden entender bien. El poder de aguzar el oído.

2. Los electores mandan un mensaje. Simplemente no me puedo creer que los 60 millones de electores compartan la opinión sobre mujeres, mexicanos, musulmanes o discapacitados de Trump. En realidad, diría que ni él mismo se lo cree. Lo que sí parece evidente es que hay una buena parte de la población frustrada, perjudicada, menospreciada que no es escuchada (punto 1), y que está cansada de las familias de siempre, los bancos de siempre, los medios de comunicación de siempre y que con su voto y su voz mandan una señal que toca cambio. Explicar que votar por un candidato no supone necesariamente compartir todo lo que el candidato dice, puede ayudar a aligerar la situación. No somos lo que votamos.

3. Seguir luchando por extender puentes. La política es una parte crucial en el entramado que acaba siendo la sociedad, pero ni mucho menos la única. Puede pasar a veces que un gobierno en funciones tienda más a construir muros que a extender puentes. Muy bien. Pues, si uno cree que el mundo sólo puede avanzar en la medida que se construyen más puentes y se dejen de construir muros, tiene en sus manos un buen puñado de recursos/entidades/iniciativas para hacerlo posible. Inspiremos a los niños con una mentalidad constructiva e inclusiva.

4. Siempre en positivo. Hay que aceptar la victoria. Es una realidad. Y es además un momento para caer fácilmente en reproches, para discutir con gente que vota lo contrario que tú, para caer en el desánimo. Tampoco hay que caer en la recurrente tentación del adoctrinamiento. La vida es de color, y tenemos que animar a los más pequeños a seguir mirando la vida en todos sus colores, e invitar siempre a los niños a hacer lo que saben tan bien: imaginar. Imaginar que un mundo mejor es posible.

 

Marc Grau i Grau

Doctor en Ciencias sociales por la Universidad de Edimburgo