Xavier Merino i Serra

Artículo de opinión de Xavier Merino i Serra, miembro de Justícia i Pau y ACAT de Girona. 

 

Tortura y otros tratos crueles, inhumanos y degradantes

El 10 de diciembre, Día Internacional de los Derechos Humanos, al releer la Declaración Universal proclamada por la ONU en 1948, me pregunté si hay gobernantes que la consideren vigente, y si se sienten comprometidos con ella.

Uno no puede evitar ver cómo son vulnerados en todas partes: el número de refugiados o desplazados en el mundo supera los sesenta millones, 4.636 personas en busca de refugio muertas en el Mediterráneo hasta el mes de noviembre, miles de inmigrantes en la zona de Ceuta y Melilla esperando poder pasar a Europa, la UE paga a Turquía para que retenga y devuelva a sus países los millares de personas que buscan refugio en Europa, 21 millones de personas son víctimas de trabajo forzoso, 4,5 millones son víctimas de explotación sexual, 4,3 millones de parados en el Estado español, una parte de las cuales no tiene ningún ingreso económico, 30.000 sin techo en España, más del 20% de la población española vive por debajo del umbral de la pobreza... ¿De qué sirve que casi todos los estados del mundo hayan firmado la Declaración de los Derechos Humanos? ¿Cuántos se preocupan por cumplir su compromiso? ¿Son conscientes de que haberlos firmado les comporta respetarlos y hacerlos respetar? O ¿quizás consideran que firmaron una utopía irrealizable y que no es necesario que se preocupen?

Para no extenderme demasiado me limitaré a hablar de la tortura, tema que he trabajado en Justícia i Pau y en la ACAT. Ambas entidades, alrededor del 26 de junio, Día Internacional de Soporte a las Víctimas de la Tortura, organizamos en Gerona algún acto relacionado con el tema. Este año reflexionamos sobre la tortura en sentido amplio con una mesa redonda sobre “Los márgenes de la tortura”. Participaron los profesores Anna Quintanas y Joan Vergés, del departamento de Filosofía de la UdG, moderados por Salomó Marquès, de la misma universidad.

Habíamos dado a los ponentes pistas sobre lo que nos parecía que también se puede considerar como tortura. Incluíamos hechos tan diversos como la acción de rechazar a los refugiados por parte de la UE, la contención violenta de la inmigración africana en las vallas de Ceuta y Melilla, la esclavitud que aún hay en el mundo, el aumento de la cantidad de personas que viven por debajo del umbral de la pobreza, los desahucios, los sin hogar y sin techo, la violencia de género, la soledad de las personas mayores. Haré un resumen de las reflexiones que hicimos todos juntos, los ponentes y el público.

El artículo 5 de la Declaración dice que “nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.” La definición de tortura, según la convención de la ONU, es muy larga pero se puede resumir diciendo que “tortura” es infligir intencionadamente a una persona dolores o sufrimientos graves, físicos o mentales, para obtener una información, una confesión o castigarla por cualquier actuación que hay realizado, siempre que sean infligidos por un funcionario público o una persona autorizada.

Comte-Sponville, en su Diccionario Filosófico, dice que “tortura es imponer a alguien, deliberadamente, un sufrimiento extremo, en ocasiones por pura crueldad (...)” Esta definición permite la inclusión de la violencia de género en el campo semántico del vocablo. En la mesa redonda se dijo que es preciso distinguir entre “tortura” que siempre es un acto y “sufrimiento” que lo puede producir una persona o el sistema. Se afirmó que si la crueldad se produce en la relación entre dos personas, entonces sí que hay tortura. La tortura requiere que quien es torturado y quien tortura se puedan mirar a los ojos. La tortura busca destrozar a la persona haciéndole daño cara a cara.

Se remarcó que, por ejemplo, un desahucio no es un acto de tortura porque no hay este cara a cara. Lo llevan a término agentes judiciales que no deben conocer a las personas desahuciadas y lo hacen protegidos por policías que cuidan por el cumplimiento de la resolución judicial. Esto es injusticia del sistema que, como es habitual, perjudica al más débil. Sí, pero, va contra el artículo 5 de la declaración de los Derechos Humanos. Se afirmó que quien tortura quiere tomar la dignidad a la persona torturada, que le quiere destrozar aquella cosa preciosa que todos llevamos dentro, y no es consciente de que en destruir la dignidad de aquella persona destruye su propia dignidad.

El siglo XXI ya ha visto casos terribles de tortura en la cárcel de Base Naval americana de Guantánamo o en la cárcel de Abu-Grahib en Irak. A principios del 2014 tuvieron lugar los hechos de Tarajal en que la Guardia Civil disparó balas de goma a un grupo de inmigrantes que intentaban llegar a Ceuta nadando, lo que provocó un mínimo de 15 muertos. Dieciséis agentes fueron imputados por posible homicidio imprudente, y posteriormente, absueltos. A buen seguro que encontraríamos otros muchos casos.

He hablado de la tortura pero también de otros tipos de violencia o de maltratos que no se pueden incluir en el concepto de tortura pero que son crueles, inhumanos y degradantes, como por ejemplo, los desahucios.

Es necesario que reflexionemos sobre estas lacras de la sociedad y del sistema político, que seamos conscientes de ello, que lo asumamos y hagamos nuestra la Declaración. Y que pensemos qué podemos hacer para ayudar a erradicar estos achaques sociales y que actuemos en consecuencia. Una de las cosas que sí tenemos a nuestro alcance, es no votar a los partidos o coaliciones que no se proclamen abiertamente contrarios a estas prácticas inhumanas crueles y degradantes. Y si lo pensamos encontraremos otras acciones a nuestro alcance.


Xavier Merino i Serra

11 diciembre 2016