Artículo de opinión de Joan F. López Casasnovas, miembro de Justícia i Pau Menorca.

Navegar a orza

En el prólogo a su libro de memorias Tots els camins duen a Roma, Agustí Calvet, Gaziel, ya mayor manifiesta su voluntad de consagrar sus últimas fuerzas a lo que consideraba las tres realidades superiores: la propia tierra, su gente y su habla. Probablemente sea éste el común denominador que unifica el sentido de la dedicación de muchas personas más allá de la diversidad de sus perfiles. Tierra, gente y habla. Lengua, paisanaje i paisaje. País.

Un país que debemos conocer. Lo que se ignora no se ama. Amor a un país que sabemos diverso y único, un país de países. En mi caso, los Països Catalans (de algún modo hemos de poder referirnos a esta realidad nacional, al legado cultural compartido por catalanes, valencianos e insulares de Baleares: la gran familia de los que, según el cronista Ramón Muntaner, hablamos “el pus bell catalanesc”; la nación de quienes, en boca de Josep Pla, nos saludamos deseándonos “Bon dia!”

Quienes trabajan honestamente y se esfuerzan por alcanzar objetivos necesarios están levantando L’àmbit de tots els àmbits, que, de acuerdo con el título del poeta Miquel Martí i Pol, no otra cosa es una nación. Una nación con justicia: he aquí una patria. Levantémosla, pues, entre todos, con la fuerza, la ilusión y la esperanza con que la sabiduría talmúdica explicaba la construcción de Jerusalén: la Ciudad o mejor, el espíritu de ciudadanía, que se fundamenta en el altruismo y que, al edificarla, a su vez nos construye a nosotros mismos porque nos hace ser, nos da un profundo sentido de pertenencia, nos identifica como personas y nos proyecta en calidad de ciudadanos solidarios. Civismo y democracia son uña y carne.

La nación catalana tiene tradición marinera. Los hombres yendo al mar se hacen hermanos; viniendo del mar jamás aceptarán la esclavitud, acertó a exponer el poeta Joan Maragall. Sabemos qué son las tempestades y aprendimos a sortear la adversidad. Nací en la isla de Menorca y un día ya lejano un pescador del puerto de Ciutadella, Diego Caules (q.e.p.d.), me enseñó el modo en que los marinos navegan contra el viento. Se trata de no poner proa directamente contra el embate de las olas, se trata de inclinar levemente la embarcación e ir zigzagueando mientras se mantiene ceñida con mano firme la bolina , a babor y a estribor alternativamente y así hinchar la vela orzando y avanzando en el rumbo correcto. Será conveniente seguir los consejos marineros de Diego.

La fortuna nos ha deparado una historia compleja. A lo largo del tiempo, hemos superado fuertes temporales y etapas de mar en calma, éstas tan peligrosas o más que los vendavales. Los hemos superado y lo continuaremos haciendo. Tenemos experiencia. Empezamos un año lleno de retos que afrontaremos con la pericia de ir a orza: talante, voluntad y coraje. Dando, si es preciso, un golpe de timón y si conviene, plegando velas de proa para izarlas aún más en popa.

Menos ínfulas, pues, y más cooperación en el esfuerzo, trabajando con discreción, humildemente pero sin equívocos, al servicio de la propia identidad de los países de lengua catalana. Procuremos hacerlo a toda vela. Y sigamos así mientras la vida nos propone, nos dispone y nos permite surcar el ancho mar de nuestros días. Dudo de que mucha gente lo sepa en Sepharad, en las Españas, aunque lo dijera Espriu hace más de cincuenta años: “No podem ser si no som lliures”. Y un pueblo que merece la libertad, si no se la conceden… sabrá conseguirla, ¿o no?

 

Joan F. López Casasnovas

5 enero de 2017