Artículo de opinión de Marc Grau i Grau, presidente de Justícia i Pau de Terrassa, que nos envía des de Cambridge, Estados Unidos. 

 

7 países


Trump pasa de estar en campaña a gobernar. Dos habilidades cruciales para cualquier político que quiera sobrevivir en estos tiempos post¬-modernos. Es el momento de demostrar la segunda habilidad.

 

El pasado día 20 de enero fue un día gris. Los norteamericanos lo llaman dreary day. Apagado, gris, triste. A las once y media, en Washington, con más público de lo que algunos medios de comunicación dieron a ver, empezó la ceremonia inaugural. Después de la entrada de personalidades, oraciones y cantos por parte de la coral de la Universidad Estatal de Missouri entre otras, a las doce en punto, Donald John Trump fue investido 45º Presidente de los Estados Unidos de América. Justo en aquel instante, cayeron unas gotas. El tiempo nos dirá si como señal de bendición o de tristeza.

Trump pasa, por lo tanto, de estar en campaña a gobernar. Dos habilidades cruciales para cualquier político que quiera sobrevivir en estos tiempos post¬-modernos. Es el momento de demostrar la segunda habilidad. Justo al cabo de una semana, el viernes 27 de enero, Trump firmó una orden ejecutiva (13769) que restringe la entrada y la reentrada de ciudadanos de siete países durante al menos noventa días para proteger a la nación. Los países castigados, todos ellos ya previamente castigados en su historia más reciente, son Yemen, Irán, Iraq, Libia, Somalia, Sudán y Siria. Los siete países son, como bien sabemos, de mayoría musulmana. Una orden ejecutiva, considerada como una “ley suave”, sirve al presidente para decidir en algunas cuestiones, sin consentimiento del Congreso, siempre que no vulnere ninguna ley aprobada.

En este caso no está nada claro que la orden ejecutiva no vulnere ninguna ley. Lo veremos en breve. Lo que claramente vulnera es la libertad religiosa y la dignidad de las personas afectadas. La Democracia llora estos días al sentirse menospreciada por sus veladores. Las primeras consecuencias de esta controvertida orden ejecutiva han sido ya la no-entrada de decenas de personas a los aeropuertos de Estados Unidos (los números aún bailan, según Trump 109), el despido de Sally Yates , la Fiscal General interina, el alud de movilizaciones en aeropuertos, calles y plazas, y las reacciones en contra de todo tipo de personalidades. Estas dos últimas consecuencias son especialmente esperanzadoras.

Este pasado enero, nos dejó uno de los últimos grandes sociólogos, Zygmunt Bauman. Bauman, que supo encajar la realidad de nuestra sociedad actual en una palabra, líquida, destilaba pesimismo. No obstante, como bien señaló el periodista Carles Capdevila, destilaba un pesimismo esperanzador. Una visión pesimista de la sociedad que ha de ayudar a sensibilizarnos primero y movilizarnos, después. Siguiendo a Bauman observo estos días con pesimismo esperanzado. Hoy, ya al abrir el correo, tenía comunicados de la rectora, del decano de la facultad, de la Asociación de Universidades Americanas, mostrando su preocupación y pidiendo al Congreso y al gobierno que actúen. Son de agradecer las reacciones de personas con influencia en los Estados Unidos, también de los editoriales de los periódicos con mayor difusión, así como las reacciones de empresas punteras. Entre otras es alentador escuchar cómo Starbucks ofrecerá diez mil puestos de trabajo a refugiados. Por último, las movilizaciones de la gente en las calles y aeropuertos son otro motivo de esperanza.

El círculo sensibilización-movilización-actuación-sensibilización parece que ya se va fortaleciendo. Son momentos de cambios, aparentemente días grises, pero sólo nosotros, dejando que las noticias nos dejen el corazón metido en un puño, dejándonos sensibilizar, podemos construir una sociedad con color.

Marc Grau i Grau

31 enero 2017