Xavier Merino EdO

Articulo de Xavier Merino, miembro de Justícia i Pau Girona

 

En un artículo anterior hablé de la ecología integral, tema de la Agenda Latino-americana 2017. Hablaba principalmente de la Agenda y ahora quisiera explicar brevemente qué es la ecología integral.


La ecología ambientalista, la más extendida y practicada hasta ahora, es como un apagafuegos que quiere resolver o minimizar problemas localizados, como evitar el paso de una carretera por un espacio natural concreto, exigir que una línea de alta tensión se construya soterrada, luchar para que un espacio sea declarado parque natural, o espacio natural protegido... Pocas semanas atrás, varias personas de nuestras comarcas fueron condenadas a penas de cárcel por acciones contra la línea de muy alta tensión (MAT). Este tipo de ecología no va a las causas de los problemas, pero sigue siendo necesaria. Podríamos decir que ésta es una actitud incompleta pero no debe cesar.

La ecología integral es una actitud ecológica radical que quiere luchar por un cambio de las ideas profundas que sostienen la civilización actual y configuran nuestra relación con la naturaleza, relación que nos ha llevado a la situación actual que roza el desastre y nos puede llevar a una catástrofe. La ecología integral cuestiona toda una serie de aspectos de nuestro mundo: la importancia absoluta que tienen los problemas económico-materiales; la posibilidad de un crecimiento sostenido e ilimitado; la creencia de que la tecnología podrá resolver todos los problemas; un sistema económico que no cuantifica ni valora los costes ecológicos; la gran ignorancia sobre la complejidad de la vida; la sacralidad de la materia y la fuerza espiritual del universo.


Este paradigma, que tiene raíces filosóficas y religiosas, ha llevado a la humanidad a la guerra contra la naturaleza, la biodiversidad, los bosques, los ríos, los océanos, la atmósfera. La actitud ecológica integral pide ir más allá de tener en cuenta a la naturaleza (no despilfarrar, ahorrar, reutilizar, calcular los costes ecológicos). Hay que redescubrir la naturaleza y considerarla nuestro ámbito de pertenencia, nuestro nicho biológico; verla como un camino de desarrollo y como un camino espiritual; como la mayor revelación para nosotros. Es una nueva manera de entender no tan sólo el cosmos, sino de vernos nosotros mismos dentro del cosmos. Es un nuevo paradigma, una visión nueva holística, no antropocéntrica. Es mirarnos desde el todo (naturaleza) y no desde la parte (ser humano). Y creer en la primacía del todo sobre la parte. Los humanos necesitamos la naturaleza para subsistir. La naturaleza, en cambio, puede subsistir sin la humanidad.


No basta con cuidar el planeta por interés, por motivos económicos o porqué la humanidad está amenazada y queremos evitar la catástrofe que, según muchos indicios, se acerca. Si queremos ser capaces de regresar a nuestra casa común, la naturaleza, de la cual nos autoexiliamos, es preciso que nos planteemos una reconversión radical de nuestros estilos de vida, de nuestra mentalidad, e incluso de nuestra espiritualidad.


Llegar a descubrir la ecología integral significa captar esos motivos más profundos, los que van a la raíz y descubrir la ecología como un camino integral de sabiduría para la realización personal, social y espiritual. Con la ecología integral podremos vivir en plenitud, armónicamente, en comunión con todo lo que existe.


Para redactar este escrito he utilizado uno de la Agenda 2017, y he extraído de ella la información. También disponemos de la encíclica Laudato Si’ del Papa Francisco y de varias publicaciones que han ido saliendo los últimos meses. Volveré a escribir sobre este tema.


Xavier Merino i Serra