Anna Sangra EdO

Articulo de opinión de lAnna Sangrà, responsable de el área de migraciones de Justícia i Pau Barcelona.

 

Puedes trabajar... ¡pero quítate eso!

Aún quedan carteles del Día de la Mujer en la calle. Y así como quien no quiere la cosa, ha pasado un año y aun cobramos menos, ocupamos menos lugares de poder, conciliamos laboralmente mucho más ... todo eso mientras las mutilaciones genitales femeninas, los matrimonios forzados o las víctimas mortales por violencia machista no cesan.

Ser mujer aun es sinónimo de desigualdad. Necesitamos instituciones responsables y una ciudadanía comprometida para llegar a la justicia de género. Según datos de Oxfam-Intermon a nivel mundial, las mujeres ganamos un 23% menos que los hombres, y a este ritmo necesitaríamos más de 100 años para poder llegar a la igualdad salarial. Además, aun ocupamos menos lugares de poder (por ejemplo, ni Cataluña ni España han tenido aun una presidenta) y muchas veces nos dedican más espacios en la prensa dedicados a comentar el vestuario que el contenido de nuestras palabras.

Leí la semana pasada una noticia donde se hablaba de Amal Clooney, reputada abogada en materia de derechos humanos, entre otras representante de Nadia Murad. El problema es que los medios no discutían sobre su discurso en la ONU, donde habló de cómo tendría que reaccionar la organización internacional más poderosa del mundo frente al genocidio a los yazidís por parte de Daesh, sino que hablaban de lo radiante que estaba con su barriguita de embarazada y de cuán peligrosos eran los tacones que llevaba.

Otras mujeres también son objeto de críticas relacionadas con su vestuario. Me refiero a mujeres musulmanas que, o bien lo tienen más complicado para acceder al mercado laboral, o una vez han accedido a un trabajo se encuentran con impedimentos para poder llevar el hiyab. Queda claro que en este caso la discriminación es, además, religiosa. En España parecía que habíamos avanzado después de la sentencia de un juzgado de Mallorca donde se apuntaba que una trabajadora del aeropuerto tenía derecho a llevar el hiyab ya que la prohibición de la empresa iba contra su derecho fundamental a la libertad religiosa.

El artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos dice que toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión. Este derecho incluye entre otros la libertad a manifestar su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado. La libertad religiosa es un derecho, pero el Tribunal de Justicia de la UE, en una de sus últimas sentencias, expone que impedir a una trabajadora el uso del hiyab, "no constituye una discriminación directa por motivos de religión o convicciones". Sentencias como ésta lo único que hacen es facilitar las discriminaciones laborales por razones religiosas o de género.

La profesionalidad no se puede medir ni por el género ni por la preferencia religiosa, ni por el vestuario de la persona. Una señora puede desarrollar su tarea de abogada subida a unos tacones o atender pasajeros en un aeropuerto con un hiyab, y eso no afecta a su profesionalidad.

Anna Sangrà