Llorenc Olive EdOArticulo de Llorenç Olivé, miembro de Justícia i Pau Barcelona.

De las trincheras de la Guerra Civil española a Colombia

Este primer trimestre del año hemos tenido la ocasión de ver por TV3 el programa documental Trinxeres. Tres periodistas recorren, como nos cuentan en el inicio de cada capítulo, toda la línea desde los Pirineos hasta las Tierras del Ebro, de lo que fueron los últimos días de las batallas de la Guerra Civil española.

Son unos reportajes breves, que se pueden ver en cápsulas separadas y que nos aportan aspectos personales de nuestro pasado. Han sido unos magníficos reportajes, fáciles de ver y entretenidos, pero que aportaban el mal sabor de las consecuencias de una guerra y de las heridas aún abiertas

Hace ochenta años de la Guerra Civil. En Cataluña hace sólo diez años que se aprobó una ley de la memoria histórica. En España esta memoria histórica aún está por recuperar. Días atrás leíamos una sentencia que obligaba al Ayuntamiento de Alicante a restaurar nombres de calles, no sólo con placas franquistas, sino de reconocimiento de grupos armados del conflicto.

En Cataluña se ha dado un esfuerzo en los últimos años para recuperar ese pasado, cerrado y olvidado. Se han abierto pequeños centros de documentación (museos) en varias poblaciones donde hubo la crueldad de la guerra entre los vecinos y nos acerca un poco a la realidad. A semejanza dentro de la lejanía de lo que experimentas cuando vas a Normandía y ves las playas de Ohama y otras que rememoran el día D. Y que parece que revivas una película. Un film pero desde la óptica de los "vencedores"; no son lo mismo los grandes cementerios de soldados norteamericanos que los de soldados alemanes.

He tenido el honor, y la suerte, de estar unos días en Colombia, representando a Justícia i Pau en la conferencia internacional Memory, Truth ans Justice. Dealing with the burden of the past. Learning in the light of the colombian experiences (Memoria, Verdad y Justicia. Afrontando la herencia del pasado. Aprendiendo a la luz de la experiencia colombiana). Aquel país sudamericano está iniciando, o de hecho continuando, un largo camino, complejo y complicado para poder llegar a una verdadera paz. Primero, para intentar poner fin a un conflicto de los distintos agentes armados implicados; para que haya una paz justa, con justicia y justicia social; y después para cerrar heridas

Para saber traducir a la realidad del día, lo que hermenéuticamente hablamos: de paz, de perdón, de conciliación, de reconciliación, del olvido, de la resiliencia, y de otros tantos conceptos... Para poder volver a vivir en fraternidad los distintos vecinos de los pueblos y ciudades.

El título del encuentro me dio que reflexionar, porque aprender de la experiencia colombiana me parecía interesante y si queréis también provocativo, desde esta óptica siempre eurocéntrica en que nos movemos los europeos. Aprender de un conflicto colombiano tan cruento y duro en un país tan bonito. Aprender a escuchar, aprender a ver al otro, aprender a verte a ti mismo, a saber quién eres y donde estás. Aprender que en un conflicto nada es absoluto, ni la verdad es absoluta. Y que hay que aprender a hacer camino para empezar a cerrar heridas.

Cuando he vuelto, he podido ver el último capítulo de Trinxeres y he pensado en las personas, en las buenas personas que están testimoniando desde Colombia y de tantos otros lugares del mundo por la paz. Pero también me ha dado a ver, que sin paz, no puede haber justicia, y sin justicia y justicia social, no hay paz. Y que para cerrar heridas, es necesario hablar, reconocer y acompañar.

Ochenta años después de la Guerra Civil, aquí todavía no hemos hablado de lo que pasó durante aquellos tres años, ni que representaron los 40 años de dictadura, ni de una transición que venía marcada por ese pasado. No ha habido reconocimiento de crímenes, no se han anulado juicios injustos e ilegales. Y aún hay millares de personas enterradas en fosas comunes quién se sabe dónde, que no se las ha podido recordar en un lugar concreto por parte de los familiares. Reconocer, y explicar este pasado nos es necesario, de lo contrario, el futuro se presenta brumoso. Y eso es lo que podemos aprender de la experiencia colombiana.

En Colombia tienen mucho camino por andar, y seguro que el trabajo por la paz no será un camino de rosas. Pero saben que lo tienen y no quieren ni pueden desaprovecharlo. Es la oportunidad que ahora tienen y saben que no la pueden dejar escapar, puesto que después cerrar heridas es muy difícil.

Llorenç Olivé