Joan Lopez EdOArtículo de Joan F. López Casasnovas, miembro de Justícia i Pau Menorca.

Ocio y cohesión social

El departamento de salud de la Generalitat de Catalunya publicó a mediados de marzo pasado un informe que confirma que son los niños (especialmente las niñas) de familias pobres los que están recibiendo con mayor virulencia el impacto de la crisis económica de la última década. La foto resultante que nos deja el Observatorio sobre los efectos de la crisis desde el 2013 muestra un deterioro de la vida y la salud de los menores superior al del resto de la población, hasta el punto de que los menores de 16 años han pasado a ser el principal colectivo de riesgo en cuanto a morbosidad, salud mental, consumo de fármacos, hospitalizaciones, etc.

Todo eso se une estrechamente a situaciones económicas frágiles, relacionadas con comarcas y barrios concretos, y con la situación de los padres (niveles educativos, paro u ocupaciones muy precarias).

En lo tocante a educación, el problema supera con creces las posibilidades de intervención del sistema con el fin de revertir los efectos del punto de partida familiar o la carencia de redes comunicativas sólidas. El sistema educativo no puede asegurar ni la equidad ni la igualdad de oportunidades de los ciudadanos, en este caso de los chicos en edad escolar.

Existen también graves problemas de segregación escolar en áreas metropolitanas. Sería necesario saber cuántos y cuáles en los centros docentes de nuestro entorno tienen más altos porcentajes de inmigrantes (pero teniendo en cuenta que los niños no pueden ser considerados nunca como ‘inmigrantes’!), y qué grados de complejidad ofrecen.

Hoy en día han perdido fuelle la creatividad y la capacidad de integración social de nuestra sociedad (por lo menos, según mi experiencia de las Islas Baleares) respecto a la inmigración de los años 50 y 60 del siglo pasado. La inmigración actual aporta poco más que ‘carne de cañón’ a nuestro sistema económico (que no es modélico para nada).

Por lo tanto, las políticas educativas tendrían que mirar más allá del estricto tiempo escolar. ¿No se ha dicho reiteradamente que es la sociedad entera (la tribu) la que realmente educa? He aquí, pues, sus resultados, que reproducen la cara más fea de unos ambientes alienados, en que buena parte de esta infancia ha crecido en semiabandono, mal alimentada, vulnerable a todos los reclamos de una sociedad de consumo tan seductora como frustrante pues le niega cualquier posibilidad de satisfacer las ‘necesidades’ a las que induce. El ocio creativo es, pues, para ellos una quimera. No pueden ni planteárselo.

Con todo, los resultados de las investigaciones científicas nos indican que la primera infancia, incluso las últimas semanas del embarazo, es determinante en el éxito intelectual, social y económico de los individuos y, por extensión, de las sociedades. Igualmente, es determinante lo que hagan o dejen de hacer los niños y adolescentes en el tiempo libre que va más allá de las cinco o seis horas que pasan en los centros docentes de lunes a viernes. Dentro de este marco temporal, hacer propuestas sobre el uso de la lengua catalana en los espacios de ocio o tiempo libre puede parecer una anécdota.

Primero conviene analizar cuál es la oferta que el mercado contempla, que la sociedad valora y que las instituciones públicas y privadas estimulan o promueven. En consecuencia, la creación de entornos de socialización y de integración en el país es una tarea imprescindible en nuestro contexto demográfico actual. Hay en juego nuestro futuro como país con una sociedad activa y cohesionada. La lengua catalana tiene, en general, una posición secundaria o menor frente al supremacismo del castellano e incluso del inglés en las actividades de ocio, especialmente en los espectáculos de masas (deportivos, conciertos de música, cine, teatro...).

El conocimiento del país (v. a través del excursionismo) favorece la estima hacia los valores culturales, paisajísticos, etc. Les relaciones humanas son fundamentales para evitar guetos y fomentar la comunicación.

Conviene no perder de vista que si les políticas de ocio creativo han generado y generan, particularmente, muy poca preocupación en la cartera de la derecha; en cambio, las izquierdas o, si se prefiere, unes políticas comprometidas con los valores democráticos (cohesión social, igualdad, participación...) deberían considerar estos ámbitos de actuación como prioritarios.

Joan F. López Casasnovas