Laura Ribera EdO

Articulo de opinión de Laura Ribera Barniol, miembro de Justícia i Pau Barcelona, que nos envia desde Uppsala, Suécia.

Liberté, égalité, fraternité?

Cuando este artículo se publique, Francia ya habrá celebrado los comicios de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. A pesar de que la candidata del Frente Nacional, Marine Le Pen, tenía según las encuestas poca probabilidad de ganar, el tono de sus declaraciones no ha dejado indiferente. Independientemente del resultado que se habrá obtenido, son estos mensajes xenófobos y discriminatorios los que, sin duda, habrán marcado la campaña electoral y ocupado todas las portadas de la prensa.

 

Desde los sectores más progresistas de nuestra sociedad nos preocupa que estos mensajes estén calando de manera rápida entre los diferentes estratos sociales. El foco se centra en el discurso y, como si se tratara de la prensa del corazón, analizamos con todo lujo de detalles cada una de las palabras utilizadas por la polémica candidata. Lo cierto es que los mensajes que manda a la sociedad francesa y europea son alarmantes. Tal vez su éxito refleja lo que sus votantes piensan, o quizás hay problemas estructurales más profundos y ahora se ha agrietado por aquí.

Si el discurso de Marine Le Pen nos preocupa, las palabras de Donald Trump nos encolerizan, o los mensajes de otros líderes de otros lugares nos exaltan, es hora de pararnos y reflexionar sobre ello. Sus palabras llevan a la acción de miles de votantes, pero, ¿y si nuestras acciones nos llevan algún día a generar estos discursos? Si creemos en el mensaje de libertad, igualdad y fraternidad, sólo es preciso que miremos a nuestro entorno; en casa quizás hay alguien que nos necesita. En nuestra escalera puede haber un vecino o vecina que pasa las tardes sin compañía, o tal vez haya otro que no tiene acceso a la información que ha enviado el ayuntamiento porque no la puede traducir.

Al salir de casa nos encontramos con que en la acera hay un adoquín agrietado y el siguiente peatón con movilidad reducida se podría tropezar. Y si seguimos observando nuestro alrededor, encontraremos pequeños desequilibrios, a veces incluso difíciles de percibir, que harán para algunas personas que el día que sea un poco más desigual, menos libre. Volvemos a casa y ponemos las noticias, dan la sección de deportes y hablan de una carrera de bicicletas por el desierto, compiten hombres y mujeres, pero las imágenes sólo muestran los competidores masculinos. Acaban los titulares informativos con el discurso de las elecciones del domingo y nos preguntamos cómo puede ser que un discurso como el de Le Pen haya pasado a la segunda vuelta de las elecciones francesas. Cuando estamos en la cama recapitulamos todo lo que hemos visto a lo largo del día y nos daremos cuenta de que la práctica de la libertad, la igualdad y la fraternidad también son las micro-situaciones de nuestro día a día. Si somos conscientes de ello, y las combatimos con acciones, llegaremos a cambiar los discursos en nuestro entorno.

Laura Ribera Barniol