Rafa Allepuz EdO

Artículo de opinión de Rafael Allepuz, presidente de Justícia i Pau Lérida.

El desencanto de la ciudadanía

Los últimos datos económicos nos indican que llevamos tres años consecutivos en los que en Cataluña se consigue crecimiento económico. El indicador que nos demuestra este hecho es el PIB. El PIB catalán está creciendo desde el año 2014 hasta la actualidad, después de 6 años consecutivos de disminución (a excepción del año 2010 en el que creció un 0,6%) y las previsiones nos dicen que lo seguirá haciendo, y de forma significativa.

Paralelamente a esta circunstancia debemos fijarnos en otros indicadores para ver cómo afecta a la ciudadanía este crecimiento económico. La renta media por persona también ha crecido en los últimos dos años de los que se dispone de información pero con porcentajes exiguos, como lo demuestra que en el 2014 fue del 0,8% (con un crecimiento del PIB del 2,3%) y en el 2015 del 0,6% (3,5% en el PIB), a pesar de que los salarios disminuyeron un -0,7% (en el 2014) y aumentaron un 0,1% (en el 2015). Esta primera información ya nos demuestra hacia donde NO van a parar la mayor parte de las ganancias que se obtienen con el crecimiento económico. El empleo también crece, pero a niveles inferiores al del crecimiento (1% y 2,2% en Cataluña en el 2014 y 2015), con una contratación temporal en aumento (17,8%, 20,3%, 21,8% en los últimos tres años) y a tiempo parcial elevada (14,8%, 14,3% y 14,4%).

Aun así, la tasa de riesgo de pobreza económica se mantiene alrededor del 20% y los niveles de privación material continúan aumentando. El último dato disponible nos dice que en Cataluña un 6,7% de los hogares se encuentran en situación de privación material severa, que más de la mitad de la población catalana tiene, al menos, una privación material y que un 42,6% de la población no puede hacerse cargo de gastos imprevistos.

He querido exponer estos datos para apoyar la idea generalizada de la desafección de la ciudadanía, en general, respecto a la política y del desencanto respecto a buena parte de nuestros dirigentes políticos.

Tenemos la percepción que Cataluña, España y, sobre todo Europa, no ayudan a reducir la sensación de precariedad de buena parte de la ciudadanía y que hace tiempo también se ha extendido sobre la clase media, tan consolidada antes del inicio de la era neoliberal de los años 80 del siglo pasado.

Leo un artículo que dice que según el Instituto Gallup, que se dedica a la realización de estudios de mercado y de encuestas de opinión, situaciones como las descritas anteriormente requieren la necesidad de adaptar el sistema de protección, tanto a nivel nacional como europeo. Comenta que la Comisión Europea realiza un seguimiento exhaustivo sobre las medidas de política económica que adoptan los estados miembros, incluso estableciendo sanciones en los países que no respeten los objetivos marcados como el del déficit público, pero que no dispone de instrumentos adecuados para hacer reaccionar ante la evolución negativa o insuficientemente positiva de indicadores como los descritos anteriormente.

Hace falta un crecimiento económico mucho más inclusivo, una amplia reforma de la protección social y un pacto nacional de rentas que reduzca las desigualdades existentes y evite su resurgimiento. Porque en caso contrario el falso proteccionismo económico y social que defienden determinadas opciones políticas irá ganando parcelas de poder, como está pasando en países de nuestro entorno. Este proteccionismo no es más que una fachada que a la larga será más perjudicial que beneficiosa respecto las desigualdades económicas y sociales.

Recuerdo que en el año 2005 Federico Mayor Zaragoza, en la ciudad de Portoalegre donde se celebraba el V Foro Social Mundial, declaraba que el siglo XXI debería ser el siglo de la gente, de la ciudadanía, de las personas, como única vía para cambiar el rumbo de las cosas y mejorar nuestro mundo. ¿Hace falta que todavía vayamos a peor para reaccionar y dar la razón a Federico Mayor?

Rafael Allepuz
Justícia i Pau-Lleida