Nuria Carulla EdOArtículo de opinión de Núria Carulla, miembro de la Junta de Justícia i Pau de Barcelona.

 

Decir no y ampliar la mirada

Estoy leyendo de nuevo el libro del obispo Pedro Casaldàliga "Yo creo en la justicia y en la esperanza" de la colección "El credo que ha dado sentido a mi vida" de la editorial Desclée de Brouwer de Bilbao. Este libro del año 1977 explica la situación en que se encuentra la prelatura de Sao Félix de Araguaia en el Mato Grosso de Brasil donde las poblaciones de campesinos e indígenas son maltratados, perseguidos, humillados y asediados por las grandes haciendas ganaderas de millones de hectáreas.

El libro emociona vivamente por la situación de dolor y desamparo que vive la población pobre y también por el trabajo obstinado y arriesgado de grupos de personas entre ellos el obispo Pedro, por defender el derecho y la vida de los indios y campesinos. Han pasado cuarenta años y Brasil ya no está en dictadura. Por lo tanto, hay que suponer que algunos de los abusos cometidos por militares y sicarios de las haciendas ya no se dan. Han cambiado los dictadores pero no las dictaduras. La dictadura de la riqueza del poder financiero y de las empresas multinacionales para dominar, explotar, asediar y eliminar a los pobres, no la pobreza, sigue igual que siempre.


Conocemos bastante las duras realidades que viven grandes masas de la población en nuestro mundo, y frente a eso no sabemos qué podemos hacer. En la carta que mandaron el grupo de Araguaia en febrero de este año, Benjamín Forcano da una conferencia destacando las frases más emblemáticas del obispo de Sao Félix, y cuando le preguntan qué mensaje puede enviar a nuestra civilizada sociedad occidental nos dice: "El primer mundo sólo podrá liberar al Tercer Mundo en la medida que él mismo se libere. Sólo en la medida que el primer mundo deje de ser primer mundo podrá ayudar al tercer mundo... Mientras haya un primer mundo habrá privilegio, exclusión, explotación, lujo y marginación. Si vosotros el primer mundo, no sois un mundo más humano, nosotros no lo podemos ser".


Las palabras que nos dirige el obispo Pedro Casaldàliga ya nos marca un camino a seguir. Dejar de ser primer mundo quiere decir dejar de vivir como vivimos de espalda a los pobres y a las víctimas de la riqueza. Decir no a la acumulación, decir no al consumo muy por encima de las necesidades, decir no al derecho del inmigrante y por encima de todo, decir no al temor de las consecuencias de nuestro compromiso y solidaridad, porque cambiar la injusticia por la justicia, cambiar la indiferencia o la impotencia por el amor, cambiará muchas cosas y quizás incluso las comodidades.


Decir no y ampliar la mirada para ponernos junto a quien nos necesita y no dejarnos intimidar por discursos amenazadores de un futuro incierto si vamos por caminos distintos de los que nos marca el sistema de acumulación y consumo.