Maria Martin EdOArtículo de opinión de Maria Martín Goula, colaboradora de Justícia i Pau, desde Boston, MA

 

Què ha fet Donald Trump?

Tras la campaña electoral de 2016 y las primeras acciones respecto a temas de inmigración que la administración del presidente Donald Trump ha tomado, puede parecer que esta administración está cambiando radicalmente las políticas de inmigración en EEUU. Pero una mirada más atenta a las acciones de las administraciones anteriores ayuda a entender que la administración Trump ha capitalizado en argumentos y acciones que ya estaban bien presentes en el debate y las políticas sobre inmigración en EEUU.

A pesar del fervoroso activismo en torno a los temas de inmigración en EEUU, el debate público sobre inmigración —así como las políticas y leyes producidas en el marco de este debate— han sido basados en razones económicas y/o de seguridad. La centralidad de estos argumentos ha dejado en segundo plano el componente más humano del hecho migratorio: la búsqueda de nuevas oportunidades, de recursos para subsistir y mantener a la familia y/o huir de situaciones de amenaza a la vida. Si bien la administración Trump está siendo más agresiva con las comunidades inmigrantes, lo más relevante de la administración Trump es que ha hecho aflorar sentimientos y actitudes hacia las personas inmigrantes que en administraciones anteriores permanecían latentes.

En materia ejecutiva, la administración Trump está desarrollando su trabajo sobre la base de las acciones de las administraciones precedentes. Encontramos un buen ejemplo de esta idea en las deportaciones de las personas inmigrantes sin documentos —ilegal alliens. Abigail Hauslohner y David Nakamura, explican en un artículo publicado recientemente en el Washington Post como las deportaciones no han parado de incrementar desde el año 1996. Hauslohner y Nakamura recuerdan que en 1996 el Congreso aprobó las deportaciones exprés en de todo el país. La administración Bush las limitó a aquellos inmigrantes que se encontraran a 100 millas de la frontera en el momento de la detención y que llevaran menos de dos semanas en el país. La administración Obama puso nuevas limitaciones y excluyó a los inmigrantes sin documentos que tuviesen hijos estadounidenses y el expediente criminal limpio. A pesar de estas limitaciones, entre los años 2004 y 2013, el número de deportaciones se duplicó. Pero tan sólo en los primeros tres meses de la administración Trump, las deportaciones han incrementado un 44% por el mismo período del año pasado y ha eliminado las limitaciones: ahora sí se incluyen los inmigrantes sin documentos, sean madres y padres de familia, gente honrada y trabajadora, o no.

Sin embargo, el cambio más significativo que ha hecho la administración Trump es plantear el debate en términos de blanco-negro. En todos los debates existe tensión y desacuerdo, y como en tantas otras ocasiones, nos ayuda a encontrar el punto medio y avanzar hacia sociedades más abiertas, integradoras y diversas y, por tanto, más ricas. Por ejemplo, la administración Obama tenía la enorme tarea de encontrar una solución para los 11 millones de inmigrantes sin documentos que hay en EEUU. A pesar de que fue la administración que más deportaciones efectuó, al mismo tiempo promovió leyes como la DACA (Deferred Action For Childhood Arrivals) que protegía de ser deportados a 1,5 millones inmigrantes que habían llegado sin documentación cuando eran menores de 16 años. Todas las personas que se han adherido a este programa han podido trabajar y estudiar en EEUU sin problemas de documentación.

Hay dos consecuencias trascendentales sobre la manera que la administración Trump plantea el debate. Por un lado, obviar la complejidad política y social de un tema como la inmigración contribuye a agravar el conflicto de intereses entre las comunidades de acogida y los inmigrantes. En el caso concreto de la inmigración, el conflicto de interés reside en encontrar un equilibrio entre la necesidad de los inmigrantes y las necesidades de la comunidad de acogida. El debate en términos binarios simplifica de tal manera las realidades que se reduce a que hay unos ciudadanos buenos y otros malos, la realidad se convierte en un "ellos contra nosotros". Este planteamiento favorece las relaciones asimétricas entre los diferentes grupos. Por ejemplo, uno de los argumentos más comunes para rechazar a los inmigrantes es que los inmigrantes usan recursos económicos como educación y/o beneficios sociales, que de otro modo irían a parar a familias estadounidenses. En la simplicidad de "ellos contra nosotros" se obvian detalles como que las pensiones y beneficios sociales son pagados también con los impuestos y las tasas que pagan los inmigrantes documentados e indocumentados y que los inmigrantes sin documentación no pueden reclamar porque precisamente, son indocumentados.

Y por otro lado, plantear el debate en blanco y negro y utilizar instituciones tan importantes como la Casa Blanca para promoverlo, contribuye a normalizar e institucionalizar estas actitudes negativas hacia la inmigración. El activista de Derechos Civiles y mentor de Martin Luther King, Howard Thurman escribía en 1949 sobre la segregación racial en los EEUU y decía así: "La mayoría de los comportamientos o patrones sociales [de los EEUU de 1950] asumen la segregación racial como normal. Si es normal, entonces es correcto. Si es correcto, es moralmente aceptable. Y si es moralmente aceptable, entonces es también religioso”1. Cuando la Casa Blanca publica en su web palabras como "illegal immigration" está institucionalizando, validando y normalizando que hay dos tipos de ciudadanos, los legales y los ilegales, y ayuda entender que categorizar entre bueno y malo y sin matices es correcto.

Donald Trump está causando un gran impacto en materia de inmigración, más que por sus acciones por cómo está modificando las relaciones entre los ciudadanos a través de su discurso. Las acciones ejecutivas como dar más poder ejecutivo al Departamento de Seguridad Interior (Department of Homeland Security) están en la línea de las acciones de las administraciones anteriores tales como la administración Obama —quien hizo una lectura y aplicación de las leyes de inmigración bastante restrictiva. El hecho más trascendental de la administración Trump es la manera en que habla de las personas inmigrantes y la imagen que está creando de estas personas a través de su discurso. Es este cambio de imagen lo que estamos notando los ciudadanos. El miedo en la comunidad inmigrante es palpable, pero más que el miedo, es la baja autoestima de los grupos de inmigrantes. EEUU tiene una historia larga de discriminación y racismo, pero por suerte, también de activismo y derechos civiles. Esperamos que se sepa encontrar el equilibrio.

Maria Martín Goula 

 

1. Thurman, H. 1949. “Jesus and the Desinherited.” Beacon Press. Boston