Articulo de Joan Febrer, coordinador de la Comisión de Justícia i Pau de Menorca.

 

Dios en Nicaragua y aquí

Recién llegado de Menorca a Nicaragua te sorprende la omnipresencia del nombre de Dios en el espacio público. Taxis, camiones, autobuses, furgonetas, llevan bien visibles en los cristales frases de sentido religioso, la mayoría bíblicas, como ésta: “Dios es amor”. Y sorprende aún más ver el nombre de Dios en canales de televisión firmados como “nicaragüense por gracia de Dios”.

E incluso carteles oficiales del gobierno rubricado “por la gracia de Dios“. Los actuales gobernantes sandinistas no tienen reparo en nombrar a Dios en sus discursos; en su reciente investidura como presidente de la república del sandinista Daniel Ortega, su esposa y vicepresidenta se expresaba así: ”Estamos contentos, nos sentimos agradecidos infinitamente a Dios, bendecidos, prosperados y en victoria. Y aquí lo más importante es el triunfo, la victoria de una Nueva Cultura Política que promueve el cariño, el respeto, el entendimiento, la unidad de todos por el bien de todos” y terminaba su discurso convocando a los nicaragüenses a apiñarse en torno al proyecto político del FSLN “en nuestra Nicaragua hermosa, en nuestra Nicaragua libre, donde en Fe, Familia y Comunidad, en Cristianismo, Socialismo y Solidaridad de la mano de Dios vamos adelante”.

En nuestra mentalidad laica y postfranquista choca ese uso público del nombre de Dios que suena a apropiación indebida del elemento religioso como legitimación de un proyecto político y nos trae a la memoria aquello que veíamos escrito en las monedas: "Francisco Franco caudillo de España por la gracia de Dios”. Y aún nos repugna oír como alguien es capaz de matar al grito de “Alá —Dios— es grande”. En nuestro mundo secularizado de aquí el nombre de Dios prácticamente ha desaparecido no sólo del discurso público sino que también va desapareciendo del lenguaje cotidiano: muchas expresiones tradicionales (“Si Dios quiere”, “Dios nos libre”, “gracias a Dios”, “Dios le haya perdonado”...) se van perdiendo. E incluso alguien se ha creído obligado a pedir disculpas por cantar en un acto público la preciosa canción de la cantante argentina Mercedes Sosa “Sólo le pido a Dios”.

Los gobernantes sandinistas saben que la sociedad nicaragüense es mayoritariamente creyente. Según una reciente encuesta sólo un 0´6% se declaran no creyentes en Nicaragua (el Nuevo Diario: 15-07-17). Entre los nicaragüenses está muy ampliamente compartida la confianza que estamos en mano de Dios y que no sucede nada al margen de sus planes. Ernesto Cardenal en su largo poema “Oráculo sobre Managua” a raíz del terremoto de 1972, se preguntaba: “¿Puede haber una catástrofe en una ciudad que no la mande Yahvé?”. Esta cultura religiosa explica el uso del nombre de Dios por parte de unos gobernantes, a pesar de la ambigüedad inherente a un uso donde no está clara la distinción entre la sinceridad personal y la manipulación política. “A Dios lo que es de Dios, y al César lo que es del César” proclamó astutamente Jesús cuando lo querían implicar en la disyuntiva a favor o en contra de la dominación romana de Israel.

El segundo mandamiento del Decálogo judeo-cristiano prohíbe usar el nombre de Dios en vano. Los judíos piadosos se lo han tomado tan en serio que se han prohibido pronunciar el nombre de Dios revelado a Moisés y en su lugar han puesto expresiones como "el Señor", "el Eterno", "el Nombre". En este sentido entendemos la prudencia del maestro de Barbiana, el sacerdote italiano Do Lorenzo Milani de los pasados años 60 según el cual "es preciso hablar poco de Dios y tenerlo siempre presente". Y aún así, el creyente no puede callar a Dios si lo tiene siempre presente sin manipularlo para su interés. Eliminar totalmente a Dios del lenguaje comporta el riesgo de prescindir de Él en las opciones importantes de la vida y, a la vez, empobrecer el lenguaje mismo. El cantante de Xàtiva, Raimon, en su concierto de despedida en el Palau de la Música de Barcelona cantó, sin corregirla, su primera canción "Al vent" donde dice «... i tots, tots plens de nit, buscant la llum, buscant la pau, buscant a Déu al vent del món». [...y todos, todos llenos de noche, buscando la luz, buscando la paz, buscando a Dios en el viento del mundo"].


Joan Febrer (Ferreries)