Artículo de Llorenç Olivé, miembro de Justícia i Pau Barcelona

 

Una reflexión sobre las actuaciones policiales en el marco del 1 de octubre

He redactado de nuevo este artículo varias veces. Y sé que quedará anticuado cuando sea publicado. Los hechos se suceden y se multiplican por segundos y el whatsapp va que arde.

El domingo 1 de octubre fui uno de los que a las cinco de la mañana estaba en la puerta de una escuela para defender la democracia y el derecho de poder votar. A partir de las nueve y media me empezaron a llegar imágenes de las brutales cargas policiales que estaban haciendo la Guardia Civil y especialmente la Policía Nacional. No daba crédito de ello, pero sí, era en el instituto Ramon Llull, el Jaume Balmes... Todos sabíamos que si habían trasladado a 10.000 personas a Cataluña, saltándose la legalidad vigente, con dos cuerpos que no tienen competencia para esas funciones en Cataluña, no venían aquí precisamente a bailar sardanas. Todos lo sabíamos pero no lo esperábamos. Como el atentado del mes de agosto en Barcelona, todos sabíamos que podía pasar, pero no lo creíamos. Seguramente la estrategia de tener a esos agentes durante quince días dentro de barcos en camarotes poco espaciosos, y que cuando vas de viaje con la familia estás toda la noche pensando que lleguemos ya, por favor, no es casual.

Aparte de ver las despedidas que se les dio en varias ciudades españolas con los cánticos de “a por ellos” hemos tenido también las imágenes filmadas por ellos mismos de cuando venían en autobús, cantando otra vez “a por ellos” y el himno español (un himno que no tiene letra oficial, pero parece que sí) de unos agentes que se supone que vienen a preservar la seguridad de todos los ciudadanos, y no de un grupo de aficionados que gritan exabruptos antes de un partido de fútbol.

Durante las fiestas de la Mercè, mi hija de dieciséis años iba con un grupo de amigas a un concierto cantando canciones de un grupo de rock catalán por las calles. En una esquina, uno de esos agentes de servicio, les para y les grita “viva España”. Exactamente igual que en otras épocas. Quizás son las mismas.

No es de extrañar que con toda esta adrenalina acumulada, una semana después estas personas que tendrían que velar por el orden público y la democracia, saliesen como poseídos por una orden política, a pegar indiscriminadamente a personas de todas las edades que iban únicamente a votar, que iban a la “fiesta de la democracia”. Más de ochocientos heridos y varios de gravedad, alguno precisamente a cargo de un arma de fuego que dispara balas de goma que en Cataluña está prohibida. Ni para eso sirve el Parlament de Catalunya.

Este domingo 8 de octubre, hubo una gran manifestación en Barcelona por la defensa de la unidad de España donde se congregaron centenares de miles de personas, muchas venidas de fuera de Cataluña. Durante la manifestación no fueron únicamente puntuales los casos de personas que se paraban para saludar con el brazo hacia arriba como si quisieran pedir un taxi, frente a la comisaría de la Via Laietana. Comisaría que nos tendría que servir en el itinerario de la memoria histórica como el lugar para recordar donde se cometían las detenciones y duras torturas de las personas detenidas durante el franquismo . Durante la manifestación, el máximo responsable de la Policía Nacional, Sebastián Trapote, y en ejercicio profesional, salió al balcón y, para enaltecer a los concentrados y hacer subir los decibelios, besó a la bandera española izada.

Al terminar la manifestación, la mayoría de gente volvió a casa, pero nos quedan muchas imágenes de grupos fascistas, no sólo saludando al aire o con cruces gamadas y águilas, sino también las agresiones a jóvenes en el metro y en las calles (algunos de ellos con la piel de distintos colores) y golpes a periodistas.

Hoy en Valencia, en el día de la fiesta de la comunidad, se ha podido hacer la manifestación legal, pero no nos hemos ahorrado las imágenes de las agresiones de grupos fascistas que frente a la inacción de la Policía Nacional intimidaban y pegaban a quien expresaba la voluntad de manifestarse.

Días atrás, en Murcia, vimos cómo la Policía Nacional zurraba con gran ardor, seguramente con pocas dotaciones porque muchas están en Catalunya, a la gente que libremente protestaba contra el muro de una vía del AVE.

Esta es la democracia que tenemos desde el franquismo, y si no estás de acuerdo, garrote.

A esta conculcación de libertades se añade la ocultación de la verdad, de los sucesos, la manipulación de imágenes y debilitación de la libertad de expresión y de los medios de comunicación. Recuerdo que de pequeño mi padre conectaba a menudo Radio France para saber qué ocurría de verdad, porque la información que llegaba a través de la televisión y radio españolas, era uniforme. Se ha informado de lo que ha pasado en Cataluña desde París, Londres, Alemania, Estados Unidos o Australia pero en cambio no desde los medios españoles. Copio un link donde se pueden ver algunas de las actuaciones policiales.

Por eso me ha dolido tanto que desde Justicia y Paz de España no haya habido ninguna condena por estas actuaciones ilegales del gobierno español. Ya no hablo de las actuaciones de la policía sin orden judicial, las detenciones de personas que llevaban a los hijos menores de edad a la escuela y los dejaron solos, o que esposaron para declarar en el juzgado a los responsables políticos... Sino básicamente que se denuncie el quebrantamiento de la separación de poderes que en España ya no existe y especialmente la brutalidad judicial ejercida el domingo día 1 de octubre.

No vale ser muy solidarios con Colombia, Siria, Ucrania y no saber estar al mismo tiempo cuando una parte cercana y del mismo estado actualmente, se hace una vulneración tan flagrante de derechos fundamentales. Porque tenemos que apostar por el diálogo
Y hay que poder hablar de todo. Pero tenemos que denunciar siempre la violencia desproporcionada.

Llorenç Olivé
9 de octubre de 2017