Maria Martin EdO

Artículo de opinión de Maria Martín Goula, colaboradora de Justícia i Pau, desde Boston, MA

 

Racismo, feminismo, inmigración, LGBTQ: las "Políticas de identidad" en EEUU en el punto de mira

En el último año, en los Estados Unidos ha ido surgiendo un debate muy interesante sobre las políticas de identidad (Identity Politics). Las políticas de identidad son las herederas de los Derechos Civiles, y son aquellas políticas que defienden grupos de interés como los inmigrantes, los afroamericanos, la igualdad de género, etc. El debate cuestiona los efectos que todos estos activismos tienen en conjunto sobre la sociedad y la política.

Muchas personas empiezan a señalar que, a pesar de los innegables efectos positivos de las políticas de identidad, actualmente ven resultados negativos que hay que considerar muy seriamente. Tres puntos son los que aparecen de manera recurrente en artículos de opinión y escritos académicos. El primero es la idea de que las políticas de identidad nos dividen en burbujas de interés; el segundo es que pueden tener el efecto contrario y, en tercer lugar, el vocabulario que las rodea dificulta el debate y a veces facilita la confrontación..

Mientras los Republicanos gobiernan, los Demócratas llevan a cabo la revisión de su derrota electoral y entre muchas otras respuestas, una que despunta es la idea de que la apuesta por las políticas de identidad ha sido un fracaso parcial porque en lugar de unir intereses, los ha dividido. Los Demócratas apostaron claramente por todas las minorías: los afroamericanos, los Hispanos, las políticas de género, el colectivo LGBTQ, etc. Con toda esta diversidad, muchos autores señalan que se dejaron de lado comunidades importantes como las comunidades blancas más empobrecidas y, aún más grave, no pudieron encontrar un proyecto común que implicara a todos. Muchas personas se han hecho eco de esta idea. Por ejemplo, Mark Lilla apunta que "[los liberales] se echaron en brazos de los movimientos que apostaban por las políticas de identidad, perdiendo de esta manera el sentido de lo que comparten como ciudadanos y lo que nos ha unido como nación." 1 Muchos podemos entender que esta situación es el reflejo del difícil balance entre los derechos individuales y la comunidad. Cada minoría es importante y el poder político, económico y social debe repartirse idealmente a partes iguales entre los miembros de la comunidad, nadie lo puede dudar. Pero también es cierto que las divisiones debilitan a un proyecto común y los ataques contra los derechos individuales se vuelven más fáciles y más consistentes.

El segundo punto negativo que han tenido las políticas de identidad es que en algunos casos han tenido el efecto contrario. Durante muchos años se han tomado medidas para evitar todo tipo de discriminaciones, pero dentro de un contexto general que discrimina a muchos niveles. No vamos a descubrir nada nuevo, sino que muchos reconocen que las políticas de identidad se han fijado en los detalles y han dejado de lado el conjunto y los que no favorecen las políticas de identidad, interpretan la parte por el todo.

En primer lugar, ha habido un cambio social muy importante y se han hecho efectivas políticas y leyes que han reducido muchísimo las discriminaciones y han cambiado muchas cosas, nos han llevado a un punto diferente. Por ejemplo, se ha estigmatizado cierto vocabulario o maneras de referirse al otro —por ejemplo, negros ha sido repudiado y sustituido por afro-americanos— y se han implementado leyes y políticas que tratan de evitar y prohibir discriminaciones —las leyes de cuotas como buen ejemplo.

Pero detrás de todo este trabajo, quedan las estructuras sociales que son de manera intrínseca discriminadoras. Las estructuras sociales están formadas por ideas, pensamientos y asunciones engranadas en las actitudes y respuestas individuales y colectivas casi de manera inconsciente. Las teorías de raza en EEUU describen muy bien estas estructuras cuando hablan del "racismo estructural." Por ejemplo, Keith Lawrence et al., definen el racismo estructural en los EEUU como "normalización y legitimación de una serie de dinámicas —históricas, culturales e interpersonales— que rutinariamente dan ventaja a los blancos mientras que producen una adversidad crónica y acumulativa en personas de color." 2

Estas micro-discriminaciones son muy difíciles de reconocer porque están muy arraigadas en la manera de concebir el mundo. Muchas son de buena fe y se transmiten por actitudes, pequeños comentarios y actos a priori inofensivos. Por ejemplo, en EEUU pueden ofrecer de rutina servicios médicos caritativos cuando el nombre del paciente es de origen hispano, o bien hacer bromas de ciertos grupos donde la discriminación pasa por buena porque se ha hecho en clave de humor y sino, ya no nos podremos reír de nada (¿o de los de siempre?) o cambiar del español al inglés para dar más importancia al discurso, etc.

Es esta relación desequilibrada entre la realidad escondida y la percepción donde las políticas de identidad pueden tener el efecto contrario. Por un lado, percibimos y creemos que EEUU —y otras sociedades occidentales— son libres, democráticas e integradoras, un ejemplo a seguir pues ha habido un esfuerzo claro para resolver problemáticas. Pero, por otra parte, la realidad es que todavía hay muchísimo trabajo que hacer. Es la idea de que ya no somos racistas porque había un presidente afroamericano y ya no somos patriarcales porque algunas mujeres tienen acceso a posiciones de poder. Y así con muchos otros temas.

Y finalmente hay una crítica muy interesante del vocabulario y las palabras que rodean las políticas de identidad. En un artículo reciente Bret Stephens señala la dificultad de estar en desacuerdo hoy en día.3 Y hace una mención especial a las políticas de identidad que según Stephen obligan a valorar a la persona que tenemos en frente, no por la calidad de su pensamiento, sino por la perspectiva desde la que habla. Todo se hace mucho más personal y tenemos miedo a ofender, precisamente porque somos conscientes de que hay algo que ofende, sin que sepamos qué es exactamente.

Así pues, el debate está servido, las políticas de identidad están en el punto de mira y en un momento delicado. Personalmente pienso que hacen un trabajo muy importante, pero es verdad que hay que repensar el balance entre derechos individuales y comunidad, para buscar un proyecto común que anime a todos —no es tarea fácil. Todas estas ideas han ido surgiendo durante estos meses en varios libros y artículos por separado y todavía se está buscando el punto en común o qué hacer de todas ellas. Nadie lo sabe muy bien. Pero claramente, no se pueden ignorar, porque ignorarlas podría animar a todas aquellas personas que han sentido su poder menguado, a utilizar estas debilidades para atacar a los movimientos de derechos individuales, cuestionando su utilidad y necesidad. Y este, pienso que es un punto al que no queremos llegar.


Maria Martin Goula


1. Mark Lilla “The Once and Future Liberal. 2017. P. 9
2. Keith Lawrence et. AlChronic Disparity: Strong and Pervasive Evidence of Racial Inequalities Poverty outcomes.Structural Racism. 2004. Disponible en: http://www.intergroupresources.com/rc/Definitions%20of%20Racism.pdf
3. The Dying Art of Disagreement. https://www.nytimes.com/2017/09/24/opinion/dying-art-of-disagreement.html?_r=0