Artículo de opinión escrito por Miquel Àngel Prieto, miembro de Justícia i Pau Barcelona.

 

Desconfía de tu entorno de información digital

Durante los pasados días de alta intensidad política, social y mediática he dudado de algunas de las promesas de los móviles inteligentes y las redes sociales digitales: el acceso al conocimiento y la información, la interacción social, el empoderamiento ciudadano...

 

 

Para tratar de comprender lo que estaba pasando y como nos sentíamos, algunas personas hemos dedicado tiempo a la conexión off line: encuentros cara a cara, llamadas telefónicas, diálogos reposados, escribir... Incluso, algunas entidades convocaron una maratón de meditación.

Creo que es una respuesta a las insuficiencias de nuestro entorno de información.

Los últimos años, casi sin darnos cuenta, hemos incorporado a nuestra rutina un nuevo dispositivo de información y comunicación que condiciona la manera de percibir el mundo y gobierna nuestra atención.

La proximidad corporal y la ubicuidad, sin límites horarios, de este artilugio de la microelectrónica, recuerda las prótesis biológicas, que aumentaba los sentidos de las heroínas biónicas.

Pero, en realidad, la clave de los “súperpoderes” son las redes sociales digitales. La vibración, la luz o el pitido emitido por el móvil anuncian un mensaje de amores, familiares, amigas, personas conocidas, públicas o expertas. Las acercamos a nuestro día a día a cambio de la promesa de auténtica interactividad social o de profundizar y diversificar nuestro conocimiento del mundo.

Móviles, redes sociales digitales, aplicaciones e innovadoras plataformas de contenidos on line (YouTube, Spotify, Netflix...) conforman un nuevo entorno de información que, junto a las instituciones colectivas (familia, escuela, gobiernos....) y el ecosistema natural (clima, paisaje...), influyen en nuestros pensamientos y emociones, y en los procesos de creación de sentido, organización y acción colectiva.

Pero, la inmersión en este nuevo entorno informativo digital no está exenta de riesgos.

Poco después del atentado del pasado verano en las Ramblas de Barcelona, algunos de los mensajes propagados desvelaron el potencial lado oscuro de las redes digitales, el riesgo de fomentar la desinformación y las emociones tóxicas. Las últimas elecciones presidenciales en EEUU, el referéndum en el Reino Unido o la situación política de las últimas semanas en Cataluña ponen de manifiesto que las redes, en momentos de alta intensidad política y movilización social, en lugar de contribuir a la formación de un criterio fundamentado sobre los elementos en juego, pueden convertirse en trincheras, que simplifican la realidad, o en altavoces que amplifican las consignas de los actores antagonistas.

La ubicuidad del dispositivo y el alud de información, sin verificar, compartida por personas a las que otorgamos cierto grado de confianza o autoridad, dificultan el análisis crítico de la información y una sana distancia o desconfianza de las imágenes y opiniones. Debido al uso creciente de los teléfonos inteligentes y la facilidad de acceso a internet nuestra sociedad se ha convertido en un enorme laboratorio de acción ciudadana en esta época de redes. Pero, con frecuencia, los usuarios de las redes sociales o los gestores de las comunidades on line, no estamos preparados para evaluar la calidad de la información y los riesgos sociales y psicológicos en escenarios de tensión.

Los usuarios tenemos que asumir nuestra responsabilidad cuando interactuamos en espacios de sociabilidad digital. Pero, en definitiva, todavía está en nuestras manos, la decisión sobre el tiempo y la atención que dedicamos al nuevo entorno digital de información. Las prótesis biónicas no han anulado otras opciones, por ejemplo, la observación directa de nuestro entorno o la participación en diálogos cara a cara. Ambas son imprescindibles para comprender los matices, complejidades y ambigüedades propias de la condición humana.

Miquel Àngel Prieto