Artículo de Anna Sangrà, miembra de Justícia i Pau Barcelona.

 

 

La cara oculta del racismo

Por suerte, en nuestra sociedad pocas personas se autoreconocen abiertamente como racistas, xenófobas, machistas, homofóbicas, antisemitas, fascistas o un largo etcétera. Por desgracia, los casos de discriminación y vulneración de los derechos nos llegan a diario y nos indican que el segmento de quienes no apuestan por la diversidad es más amplio del que nos pensamos.

La semana pasada dos jóvenes denunciaron a una discoteca de Montornès del Vallès por discriminación, pues aseguran que no les dejaron entrar en el local de fiesta debido a su color de piel. Los casos de discriminación y los discursos de odio racial son un síntoma de la intolerancia de una sociedad, de la voluntad de seguir estableciendo una clara diferenciación entre grupos sociales. No obstante, los casos como el de la discoteca son, por decirlo de manera sencilla, la punta del iceberg del racismo. Existen muchos niveles de racismo más allá de la prohibición, la manifestación verbal o la agresión. Sin embargo, el hecho de ser menos visibles no convierte a estos otros racismos en inexistentes.

El racismo está muy presente en la publicidad, por ejemplo en los Conguitos, un producto de la empresa Lacasa. Estas bolas recubiertas de chocolate toman el nombre siguiendo la supuesta similitud entre el producto y las personas congoleñas. Además, la imagen que decora el envoltorio es una caricatura de una persona con grandes labios, la cual en versiones anteriores iba acompañada incluso de una lanza. Podríamos seguir en esta misma línea con el producto Colacao, de Idilia Foods, el cual ha modernizado la imagen de los esclavos cultivando cacao que acompañaba el envase por una algo más suave pero todavía claramente discriminatoria. Al mismo tiempo, generaciones enteras han crecido cantando el jingle de este cacao en polvo “Yo soy aquel negrito del África tropical...”. Os recomiendo que deis un vistazo a la imagen de los dos productos.

A la vez, el racismo también aparece en el lenguaje más informal en la calle, con palabras como por ejemplo “moro, chino, paki, panchito, negrito”… que según parece no somos capaces de detectar como discriminaciones raciales o claramente despectivas hacia una nacionalidad en concreto.

En cuanto al tema de la nacionalidad tampoco ayuda para nada que algunos medios de comunicación busquen destacar intencionadamente la nacionalidad del delincuente, cuando de hecho en la mayoría de los casos se trata de una información que no es necesaria para la comprensión de la noticia. Esto sólo sirve para promover que la sociedad asocie delincuencia o criminalidad con extranjería.

Estos son algunos ejemplos de los muchos tipos de racismo sumergidos, los que nos pasan más desapercibidos y que son los que menos se denuncian. Seguramente porque en parte hemos aprendido a convivir con ellos sin verlos, ignorándolos y finalmente se han acabado diluyendo. No obstante, esto no significa que no tengamos que trabajar para erradicarlos desde los ámbitos de socialización: la escuela, la familia, los grupos de amigos, el puesto de trabajo, los grupos deportivos y un largo etcétera.

Nos conviene trabajar el racismo desde la base para así ser capaces de construir una sociedad más respetuosa hacia las diversidades, donde la tónica sea la interacción como iguales y la no-discriminación.

 

 

Anna Sangrà