Xavier Merino EdOArtículo de Xavier Merino Serra, miembro de Justícia i Pau Girona

Ecología integral: una nueva cosmología

Cuando publiqué en este espacio el artículo ¿Qué es la ecología integral?, terminaba diciendo que seguiría. Reanudo con retraso, pues, el tema.

La causa de la toma de consciencia sobre la necesidad de la ecología integral es la nueva cosmología. El diccionario del Institut d’Estudis Catalans define cosmología como la “disciplina filosófica o científica que trata del origen y la constitución del Universo”. Y el Diccionari General de la Llengua Catalana añade: “entendido como un todo”. El aspecto científico de la cosmología incluye la nueva física, la física subatómica y la cuántica, la nueva biología, la astrofísica...

Parece que Dios no nos creó, como habíamos imaginado, al principio de todo. En todo caso, lo hizo haciéndonos evolucionar, en un momento determinado, a partir de otras especies, en el mismo proceso evolutivo de todo lo que hay en el planeta. Sobre esta base plenamente científica podemos/tenemos que replantearlo todo.

Aristóteles dijo que la admiración, el deseo de saber, el preguntar, son el principio de la sabiduría. Somos un primate que no le basta con vivir o sobrevivir, sino que piensa y reflexiona, sabe o cree saber. Queremos explicarnos qué es, lo que vemos, lo que pasa, lo que sentimos. Con el pensamiento mítico (mythos) hemos creado sentidos para nuestra vida, aunque haya sido desde la nada, a partir de la intuición. Con el pensamiento racional (logos) hemos provocado cambios al exterior de nosotros mismos, hemos manipulado la realidad que nos rodea para hacerla más habitable y ponerla a nuestro servicio.

Suplimos los medios que no teníamos con intuición, sentido místico, sentimiento religioso. Cada religión elaboró, en la cultura donde nació, los mitos, creencias, reflexiones, ritos, para explicar y dar sentido, misión y esperanza a la vida humana, para hacerla posible y viable. Con fortalezas y debilidades aquella interpretación funcionó y nos marcó indeleblemente, ya que todavía hoy llevamos las marcas en la herencia cultural.

Aún no había ciencia y el relato creado con intuición, imaginación y una gran genialidad transmitió los valores necesarios para vivir y convivir. Hasta el siglo XVII no se idearon los instrumentos para saber que estamos en una esfera errante que gira alrededor de un eje inclinado, con una órbita alrededor del sol. Galileo consiguió un telescopio de veinte aumentos, mientras que hoy, los radiotelescopios, consiguen decenas de millares y utilizan rayos alfa, gamma, ondas gravitacionales... El Universo, con la visión que tenemos hoy, es muy diferente de lo que se creía antes.

La ciencia nos ha transformado y nos ha hecho conscientes de que habitamos en otro Universo diferente en sus dimensiones, su historia, su naturaleza y su complejidad. Los conocimientos adquiridos durante los últimos siglos han sido tantos y tan rápidos que no ha habido tiempo de socializarlos y asimilarlos en la cultura. Las teorías, las costumbres, la moral, las religiones, la sabiduría popular, aún son muy deudoras de la visión anterior a la científica. Principalmente las religiones, que oponen gran resistencia a los cambios.

Ahora es la primera vez que tenemos un relato único del origen del Universo y del planeta, para toda la humanidad. Y, por primera vez, el relato no es mítico ni religioso.

En otras épocas la ciencia presentó el mundo como una despensa de recursos, sin alma, que sólo eran valiosos si servían para comer, comprar o vender. La ciencia actual descubre en todas partes la belleza admirable, la sacralidad del misterio que lo atraviesa todo y nuestro arraigo en el misterio cósmico. Ya no necesitamos nuevos mitos, la nueva cosmología nos lleva a horizontes más amplios y atractivos, profundamente científicos. La ciencia y la espiritualidad vuelven a caminar juntas.

Desde que la epistemología reconoce que la ciencia y la fe religiosa están en planos distintos ya no hay causa para el conflicto. Las nuevas informaciones que nos proporciona la ciencia muchas veces chocan con lo que creíamos saber. La recepción continua de informaciones y explicaciones nuevas, nos obligan a rehacer y replantear las explicaciones y sentidos con que hasta ahora nos movíamos. Y lleva a las religiones a la necesidad de renovar a menudo las explicaciones y recrear los sentidos, en un proceso continuo de reinterpretaciones por los cambio constantes de paradigma.

Todo eso nos tiene que llevar a ser conscientes de que ya no podemos vivir al margen de la ciencia, que estamos en un camino sin retorno. Los medios actuales nos facilitan que estemos bien informados de los adelantos científicos.

De cara a la ecología integral el físico austríaco Fitjof Capra habla de la necesidad de una alfabetización ecológica que dé a la ciudadanía consciencia ecológica y una nueva visión de la ciencia actual. Ciencia y espiritualidad son lo que más nos cambiará. Desde la nueva visión de la ecología integral es necesario replantear y reformular todo lo que hasta ahora creíamos: la idea del mundo y del cosmos, de la vida, de la materia, de nosotros mismos, de lo espiritual. Desde la nueva visión todo es diferente.