Anna Sangra EdOArtículo de Anna Sangrà, responsable de la area de migraciones Justícia i Pau Barcelona.

Niños que emigran solos: los menores extranjeros no acompañados

Las pateras no se paran ni con la llegada del frío; en las playas de Cádiz vuelven a llegar embarcaciones diariamente y la presión migratoria en Ceuta y Melilla es muy elevada. Sin ir más lejos, el día de Reyes más de trescientas personas intentaron saltar las cercas en Melilla.

El año pasado más de veintisiete mil personas llegaron a España en pateras o saltando las cercas de Ceuta y Melilla, muchas más que en años anteriores. En realidad, ésta es una cifra que recuerda a la de hace una década, cuando se hablaba de la “crisis de los cayucos”. Los expertos lo constatan y afirman que precisamente la ruta migratoria entre el norte de África y el sur de España es la que ha crecido con más fuerza en los últimos meses. En definitiva, refuerza la idea de que estas llegadas no disminuirán por si solas.

Muchas de las personas que se juegan la vida en este tránsito son menores de edad marroquíes, argelinos y subsaharianos a quienes se conoce como menores extranjeros no acompañados (o MENA). Los MENA son jóvenes que emigran a España con el objetivo de mejorar sus perspectivas vitales, a través de los estudios y las oportunidades laborales que les ofrece Europa. El gobierno español aproxima que actualmente son unas tres mil quinientas en el día de hoy sabemos que un tercio de éstos se encuentran en Cataluña. Su entrada al territorio español se puede producir de varias maneras: saltando las cercas para acceder a Ceuta y Melilla, por mar hasta Cádiz, pero también escondidos en los bajos de los vehículos que cruzan el estrecho, aprovechando el paso de los “porteadores” a las ciudades autónomas.

La respuesta a la situación en la que se ve involucrado este colectivo de extrema vulnerabilidad, no ha sido en absoluto proporcionada. La realidad ha evidenciado una mala gestión de recursos por parte de las instituciones españolas al sur: centros de acogida altamente saturados, personal insuficiente en los centros, protocolos engorrosos que dificultan la acogida durante los primeros meses... Además, cuando un MENA pasa a ser tutelado por España, su acogida se convierte en una responsabilidad de la comunidad autónoma correspondiente. En el caso de Ceuta y Melilla, las ONG que trabajan en estas ciudades fronterizas admiten que el trato que reciben estos menores no se corresponde con la situación de doble vulneración, como menores y a la vez extranjeros, ya que principalmente la acogida se realiza en centros destinados a menores de edad sin especificación de ser centros destinados a menores de edad extranjeros.

Para aterrar el tema de los MENA con un testimonio, me gustaría compartir la historia de Soufian, un joven de 17 años que murió la semana pasada en Melilla, en el centro de acogida donde residía. Soufian procedía de una familia marroquí pobre, de un entorno en el que su futuro laboral, o la posibilidad de tener estudios superiores era muy limitada. En noviembre intentó llegar a la península escondido en los bajos de un camión que cruzaba el estrecho en ferri, pero se cayó, se hirió gravemente, y no pudieron salvarle un pie. Después de ser conocedores de la muerte de Soufian, sus padres han pedido ser recibidos por el responsable de bienestar social de la ciudad autónoma de Melilla, Daniel Ventura. El Sr. Ventura no ha querido reunirse con ellos y ha llegado a afirmar que “para llevarse un cadáver, que hubieran venido antes”.

En resumidas cuentas, termino con dos reflexiones. En primer lugar, que mientras se sigan manteniendo las desigualdades a un lado y otro de las fronteras, las personas seguirán huyendo. Porque al fin y al cabo huyen de la pobreza, de los desequilibrios que los países más ricos se encargan de alimentar. En segundo lugar, pero no menos importante, tenemos que ser conscientes de cuál es la acogida y el trato que están recibiendo las personas emigradas y refugiadas que residen en nuestro país. Por encima de todo hemos de hacer valer el derecho que tenemos todas las personas de emigrar para tener una vida más digna, que nos permita desarrollarnos como personas.

Cuando esta reflexión la traslademos a una persona que toma la determinación de emigrar sola siendo aún menor de edad, y estando dispuesta a correr mil peligros, como Soufian, creo que requiere que todos pensemos lo grave que ha de ser su situación para arriesgarse de esta forma.

 


Anna Sangrà (@anna_sangra)

Si os interesa el tema de los Menores Extranjeros no Acompañados, os invito a asistir el próximo lunes 15 de enero en el acto: Menores extranjeros no acompañados: derechos doblemente vulnerados, dentro del ciclo Els Dilluns dels Drets Humans. Será a las 19h en la sede de Cristianisme i Justícia (Roger de Llúria 13, Barcelona)