Nuria Carulla EdOArtículo de opinión de Núria Carulla, miembro de la Junta de Justícia i Pau de Barcelona.

Luces y sombras del congreso mundial de telefonía móvil

A finales de este mes de febrero se celebrará el Mobile World Congress, un gran acontecimiento que coloca a Barcelona en el mapa del mundo de manera destacada por unos días.

Como barcelonesa que soy, estoy contenta por ello, aunque también me preocupan los efectos contrarios del aumento del atractivo turístico de la ciudad a raíz de estos acontecimientos internacionales.

Combinar la vida ciudadana cotidiana con el turismo masivo es complicado. A los promotores económicos, especialmente del ámbito turístico, les va bien que esto no se detenga. Los ciudadanos de los barrios más céntricos sufren en propia carne la “invasión” por el gran gentío que se mueve por las calles a todas horas, y además, los que tienen una capacidad económica limitada corren el riesgo de ser expulsados de la casa donde han vivido toda la vida por el incremento desmesurado de los precios de las viviendas.

Cuando se habla de cifras y se dice que la economía va bien o que un acontecimiento o negocio es bueno para la ciudad, sólo queda reflejado en la economía de unos cuantos, que no traspasan parte de sus beneficios a los empleados que contratan, a veces a precios de miseria. Como por ejemplo, las mujeres que limpian y preparan las habitaciones de los hoteles a las que se les paga un sueldo vergonzoso y en unas condiciones de trabajo explotadoras.

El Mobile World Congress aparte de los efectos positivos y no tan positivos que aportan a la ciudad donde se celebra, también es preciso considerarlo en toda su complejidad. En el congreso se presentan los éxitos, las novedades, los desarrollos más extremos de la telefonía que entusiasman a un gran número de personas, especialmente a los más jóvenes que ya no pueden prescindir para casi ninguna actividad de su dispositivo móvil. Pero la telefonía móvil a nivel mundial tiene la cara oscura que, a pesar de los esfuerzos que hemos realizado muchas organizaciones de solidaridad para llevar a cabo el debate en el propio congreso, no se nos ha permitido.

La mayoría de nuestros móviles están fabricados en países donde los derechos laborales no existen, por tanto en unas condiciones de trabajo sin garantías sanitarias (los componentes a veces son tóxicos), ni horarios razonables. La mayoría de los componentes electrónicos necesitan minerales que se extraen de países en guerra, por ejemplo Congo, o bien en extracciones mineras que contaminan y desplazan a poblaciones en América Latina. Las compañías de móviles nos ofrecerán grandes novedades, más velocidad, memoria y versatilidad, la investigación en este campo no para, pero sólo se investiga ara ofrecer nuevos productos al consumidor, pero no se investiga en cómo hacerlo compatible con el respeto a los derechos humanos y en el respeto al medio ambiente en la eliminación de residuos.

Paralelamente al Mobile World Congress unas cuantas ONG lideradas por SETEM celebraremos en Barcelona el Mobile Social Congress, para poner encima de la mesa todos esos temas de los cuales las compañías de telefonía no quieren que se hable. Los días 27 y 28 de febrero todo el mundo está invitado a participar.

Núria Carulla