Josep Maria Fisa EdOArtículo de opinión de Josep Maria Fisa, consiliario de Justícia i Pau Barcelona.

50 años de Justícia i Pau

Justicia y Paz fue constituida, discretamente, por Pablo VI, el año 1967. Un año después se constituía la Comisión de Barcelona. Tiempos conciliares y de nueva primavera de la iglesia, que había sufrido cierta hibernación. Por eso Jesús alertaba a sus discípulos que no dejasen de escrutar los Signos de los Tiempos, en aquella época histórica concreta. Y por tal motivo hoy nos lo seguimos planteando y nos lo recordamos a nosotros mismos. Ahora especialmente cuando nos damos una pausa de balance de todo el trabajo realizado.

¿No os dais cuenta? ¿No veis lo que viene? Tomad conciencia, por favor, de los retos y quizás de las amenazas que provienen de tantos lugares y de tantas situaciones. ¿No os dais cuenta de las urgencias y de las cuestiones siempre pendientes?

Pablo VI veía que la Iglesia, no solamente tenía que dialogar con el mundo, como si se tratase de una realidad que estuviera afuera. Tomó consciencia de que la Iglesia está dentro del mundo. Como sal y como luz, como levadura en la pasta. Por lo tanto, era necesario trabajar desde dentro del mundo, con los otros actores que forman parte de él, sin excluir a nadie: personas, grupos, instituciones, colectivos, movimientos... Trabajar codo a codo, para transformar juntos, este mundo donde construimos el Reino de Dios. Ésta era la misión de Justicia y Paz tal como la instituyó Pablo VI.

El símbolo de aquel estilo nuevo de trabajo quedaba dibujado en la veleta que encima del campanario señala hacia donde se orientan las fuerzas de los vientos. Lo decía él mismo así: “Como en otros tiempos, una vez construida la Iglesia o el campanario se colocaba en la cima del tejado un gallo —una veleta—, como símbolo de vigilancia en la fe y en todo el programa de vida cristiana; de la misma manera, sobre el edificio espiritual del Concilio se ha colocado esta Comisión con la misión de “mantener abiertos los ojos de la Iglesia, el corazón sensible y la mano pronta para la obra de caridad que está llamada a realizar con el mundo.” (Nota: por cierto, en mi parroquia del Carmen encontraréis una magnífica y espléndida veleta, recuperada, ¡claro está!)

Esta intuición nos la creímos y hemos querido llevarla a cabo durante estos cincuenta años. Es una tarea siempre nueva y siempre con nuevos retos, porque los problemas sociales en los que se pone en juego la dignidad de la persona humana adoptan nuevas formas, quizás más difíciles de detectar y más difíciles de abordar con nuestras capacidades siempre limitadas. Por eso necesitamos trabajar conjuntamente, cooperar con todo el mundo que comparte este proyecto de transformación global.

Tenemos un nuevo soplo del Espíritu, una nueva primavera, que pasa por el pontificado de Francisco. Un Papa que encarna personalmente y con su magisterio, los grandes retos del mundo de hoy, sociales y políticos. Es el retorno al evangelio como lo hizo san Francisco de Asís. Es el carisma de saber descubrir hoy las verdaderas llagas de la humanidad y bajar de la cabalgadura para curar, paliar y transformar la realidad sacudida —las personas— al margen del camino. ¿Dónde está tu hermano? Es la pregunta que nos seguimos haciendo... ¿Qué hacemos de este pequeño planeta azul? ¿Cómo llevamos el trabajo por la fraternidad?

Nos felicitamos pues por todo lo que hemos hecho juntos. Nos congratulamos por las personas que trabajan y nos acompañan y acompañamos en este camino. Nos disponemos a celebrarlo, pero también a afrontar los nuevos retos. Gracias Justícia i Pau. Seguiremos con voluntad renovada.


Josep Maria Fisa