Anna Sangra EdOArtículo de Anna Sangrà, responsable de la area de migraciones Justícia i Pau Barcelona.

La cara y la cruz de la islamofobia en la calle Japó

En el barrio barcelonés de la Prosperitat las vecinas no han tardado en inundar las calles cuando unos extraños han intentado amedrentar a una de sus entidades. Significativamente, se trata de una entidad religiosa, una comunidad islámica que quería reubicar su centro de culto.

Hace poco más de un año, la comunidad islámica de Nou Barris comenzó las obras de su mezquita en la calle Japó. La comunidad es pequeña, humilde, formada por personas trabajadoras que hasta hace un par de meses dedicaban sus horas libres a navegar entre la burocracia necesaria para abrir el local y hacer las llamadas pertinentes al jefe de obra. Para la comunidad, sin embargo, las obras han sido un mal menor.

Los extraños de los que hablaba al inicio son el grupo de ultraderecha Democracia Nacional, que ha organizado una serie de acciones para intimidar a la comunidad: caceroladas cada noche, obstrucciones de las cerraduras con silicona e incluso embutidos en la entrada. Todo ello para hacerles sentir como algo ajeno al barrio. Las entidades del barrio, organizadas sobre todo en torno a la Xarxa 9Barris Acull y la Asociación de Vecinos de Prosperitat, han apoyado desde el primer momento a la comunidad musulmana.

Esta historia para mí tiene una cara y una cruz. La cara son las vecinas, entre las que incluyo la comunidad. La Prosperitat es un barrio socialmente muy rico y cohesionado, el cual ha ofrecido la mejor de las respuestas a esta crisis. A pesar de ser muy plurales, las entidades se han presentado unidas en la diversidad por la defensa de la paz y la convivencia en el barrio: han organizado manifestaciones a favor del centro islámico y han mediado en el conflicto. La comunidad islámica, por su parte, ha mantenido en todo momento una política de "puertas abiertas", resolviendo las dudas de los vecinos contrarios a la apertura, compartiendo los preceptos de paz de su fe y mostrando las instalaciones a quien quisiera acercarse al oratorio.

La cruz es la intolerancia todavía presente en parte de nuestra sociedad hacia algunas creencias religiosas minoritarias: principalmente hacia el Islam. A menudo, el rechazo o el odio hacia las personas con tradiciones religiosas diferentes se mezcla con una conducta intolerante o discriminatoria de tipo racista, xenófobo o gitanófobo. Muchas veces, este rechazo se debe al desconocimiento de la diversidad religiosa de nuestro país, y otras veces los prejuicios. No obstante, en el caso de la calle Japó no han sido las vecinas las que han iniciado el conflicto, sino que el grupo de extrema derecha Democracia Nacional ha aparecido en escena para sacar a relucir su ideario fascista, islamófobo y xenófobo. Desafortunadamente, en el proceso ha logrado convencer a un grupo de vecinas.

Del conflicto de la calle Japó extraigo una conclusión: necesitamos estar mejor preparados para hacer frente a los ataques islamófobos. Apuntaba antes de que la islamofobia se extiende sobre todo por el desconocimiento y los prejuicios. Os invito a todos pues a acercaros a las jornadas abiertas de los centros islámicos de vuestra ciudad, a conocer a vuestras vecinas de fe musulmana y preguntarles sobre lo que desconozcáis, a participar en espacios de encuentro y diálogo interreligioso. De una vez por todas debemos entender que formamos parte de una sociedad con diversidad religiosa, en la que la libertad religiosa es una realidad amparada por las leyes. Por lo tanto, un ataque a una comunidad islámica es una acción contra la cohesión social y las libertades de todo un país.

Termino recogiendo unas palabras pronunciadas por el presidente del Parlamento de Cataluña, Roger Torrent, quien la semana pasada decía que "los espacios de diálogo son fundamentales para combatir la ignorancia que alimenta el miedo". Quedémonos pues con el ejemplo de las entidades de la Prosperitat.


Anna Sangrà