Artículo de Joan Gómez i Segalà, miembro de Justícia i Pau Barcelona.

 

Velos y pezones

Vaya por delante mi conclusión: la campaña #mugronslliures (pezones libres) es excelente y un ejemplo a seguir contra el racismo.

El Ayuntamiento de Ametlla del Vallès regulaba la indumentaria de las personas usuarias de las piscinas municipales a través de un reglamento que discriminaba por género. En lugar de levantar la discriminación (obligando a todo el mundo a taparse el pecho o permitiendo enseñarlo, también a todo el mundo) ha recorrido a la forma progre de vulnerar los derechos fundamentales: sometiéndolos a votación.

 

¿Os imagináis que se pusiera a debate con un proceso participativo la discriminación de la Iglesia para abrir un templo o la discriminación de los homosexuales para acceder a la función pública? Todo el mundo vería que es absolutamente inadmisible porque hay que respetar los derechos sin regateos.

Al igual que las mentiras solo se mantienen con más mentiras, las discriminaciones traen nuevas discriminaciones. Como que decidir si se discriminan a las mujeres es darse de bofetadas, era necesario suavizarlo con otra discriminación: que sólo votasen las mujeres. Cuando los nudistas planteen que la norma los discrimina, espero que el Ayuntamiento mantenga el criterio de permitir que sólo voten éstos, las “personas afectadas” según se puede leer en la nota del Ayuntamiento.

Frente a esta controversia aparece la campaña #mugronslliures. Las tres líneas que conforman el manifiesto son precisas y concisas. No piden enseñar los senos ni taparlos, así como tampoco dicen que las mujeres tengan que hacer lo mismo que los hombres. Simplemente exigen la supresión de la discriminación de género.

Es una lástima que me haya perdido la campaña electoral y no tenga de primera mano los argumentos que han llevado a 148 mujeres a votar a favor de la discriminación. Y me duele porque todos los argumentos que se me ocurren para defender el mantenimiento de la prohibición del topless a las personas a quienes se les ha asignado el género femenino son exactamente equivalentes a los que esgrimen los extremistas islamistas, que en algunas dictaduras defienden que las mujeres deben taparse el cabello y a veces incluso el rostro: la moral, la tradición, el erotismo, una determinada concepción de la religión, el patriarcado, el cuerpo femenino como objeto de deseo...

No se me ocurre cómo se puede defender la obligación de las ametllatanas de taparse el pecho y al mismo tiempo la libertad de las musulmanas de ir con la cabeza descubierta sin incurrir en una gran incoherencia. Entiendo que cualquier mayor de edad ha de tener el derecho a decidir personalmente cómo se presenta en público, aun aceptando unas convenciones que en el siglo XXI no pueden ser discriminatorias. Sólo comprendo la discriminación a unas mujeres y la exigencia de la libertad en otras desde el supremacismo de quien piensa que nuestras costumbres son buenas porque vivimos en democracia y las costumbres de los otros son malas porque son distintas a las nuestras. Y, claro está, esta línea de pensamiento dista mucho de los derechos humanos.

Joan Gómez i Segalà