Articulo de opinión de Joan F. López Casasnovas, miembro de Justícia i Pau Menorca

Toda la vida vais a ser pobres

Las desgracias dejan aislado a quien las padece. Pasado el impacto informativo, lo vuelven invisible. Incluso cuando aquellas han golpeado los ojos de todo el mundo, como ha ocurrido con la guerra de Siria, por no referirnos a otros crímenes de lesa humanidad, en un momento la emoción y la solidaridad se desvanecen y surge la indiferencia y el olvido. ¿Recuerdan la imagen de aquel niño muerto en una playa mediterránea? Aylan Kurdi, devuelto por el mar. He ahí una expresión terrible que los habitantes insulares usan a veces como si el mar no quisiera quedarse con tanta vesania. Aylan, el niño del Kurdistán, de una nación sin Estado y repartida entre Siria, Irak y Turquía, yace a pie de playa con los labios resquebrajados por la sal, blanca eternidad para el baúl de sus sueños. ¿Quiénes recordarán a los Aylan que han llegado a Dios huyendo del hambre y de las bombas, la crueldad y el odio? Aquí no llega el ruido de las armas; aquí, en el Reino de España, se fabrican, inteligentes, infalibles, y también buques de guerra, cuya producción, si se parase, aumentaría el paro y el PIB disminuiría. Como la desvergüenza y la dignidad respectivamente. Realpolitik.

 

El poderoso sabe que, para serlo y para ganar, necesita practicar la indiferencia y, al actuar, nunca mostrar ni un atisbo de duda. Es un consejo de Sun Tzu en su Arte de la guerra, que siguen a pies juntillas los tiburones del capitalismo. Ellos sí que saben ‘convertir los problemas en oportunidades’ para obtener éxitos. Los huelen, los ven porque no tienen miedo a arriesgar y saben cómo arrimar el ascua a su sardina. Sin embargo, no quieren percatarse que para un pobre un solo fracaso supone el perderlo todo mientras que para el rico las pérdidas suelen ser relativas porque tienen sus espaldas cubiertas y sus quebraderos de cabeza cuentan con ibuprofeno político o con que algún juez se los afine. Viajan en primera. La pobreza sería, pues, resultante de un orden natural que selecciona a los emprendedores y dejan que se hundan los mediocres y cobardes. Esta especie de ‘filosofía’ me recuerda la moraleja que aparece al final de los encantamientos del folklore menorquín: “Vais a ser pobres toda la vida”. ¿Por qué? Porque los personajes no han sido capaces de trascender la realidad inmediata y ver la belleza de la vida que se ocultaba bajo formas monstruosas. Una invitación a las innovaciones creativas. Es fantástico escrutar el misterio de lo que te ofrece oro y plata. Pero también es verdad, y aquí está la píldora de moral reaccionaria: puesto que la verdad se nos oculta, los adultos no acertamos a descubrirla; puesto que, incautos, vemos dragones y serpientes nos acechan dispuestos a devorarnos, somos incapaces de deshacer encantamientos. Entonces, surge la vieja voz de la razón aleccionando a quien pretenda luchar para cambiar las cosas. Y esta voz nos incita a la renuncia, porque “el mundo es como es y siempre ha sido así; ni tú ni nadie lo va a cambiar”. Tiene esta voz un eco de experiencia, pero es tramposa. Es innegable el progreso, pero la historia no es lineal. Avanza y a veces retrocede en su bucle. El maestro Josep Fontana advertía que los poderes (políticos, económicos, religiosos…) que elaboran relatos lineales lo hacen con una finalidad no confesada: explicar que no existe más que un solo camino ‘racional’; curiosamente, este camino conduce al mismo orden establecido insoportable.

Frente a la injusticia no cabe ni resignación ni desánimo. Debemos continuar esforzándonos y desobedecer si es preciso. Pensar la alteridad resulta imprescindible. Un exceso de utilitarismo hace que mucha gente crea que la única motivación eficiente radica en la razón práctica dejando de lado cuestiones tan importantes como el bien común, la ayuda o el sacrificio, al margen también del compromiso político.

He aquí unas cifras, que son dramas para individuos y familias, en la realidad de la pobreza en los Països Catalans: una de cada cuatro personas (25’3%) está en situación de riesgo (Catalunya: 19’4; Illes Balears: 24’7; País Valencià: 31’3). En todo el Estado español, el 26’6: doce millones de ciudadanos ‘vulnerables’. Uno de cada tres niños de menos de 16 años vive en un hogar con problemas graves, mientras la población entre los 16 y los 29 presenta la tasa más alta, un 34’8.

Joan F. López Casasnovas (5 de Noviembre de 2018)