Alex Masllorens EdOLa democracia en peligro

Artículo de opinión de Àlex Masllorens, miembro de Justícia i Pau Barcelona.

Se acerca otro ciclo electoral con la confluencia de varios niveles de representación: municipal y europeo aquí; en otros lugares, autonómico y en todas partes quizás, incluso, a las Cortes españolas. Y una vez más puede resultar oportuna una reflexión sobre el significado de la democracia. A menudo se dice que no nos podemos conformar pensando que la responsabilidad de la ciudadanía se termina con la elección de sus representantes en las instituciones de gobierno. Y es verdad.

Pero me parece aún más importante resaltar que, a estas alturas de la historia, la democracia es también ya, inexorablemente, mucho más que un sistema político. La democracia ha de ser una opción de vida, es una ética que tiene que estar por encima de las ideologías. Podemos discutir si es necesario reformar el actual sistema de participación política y cómo podemos mejorar la representatividad de los electos o, incluso, si existe alguna manera de conseguir una mayor implicación de la ciudadanía en la toma de decisiones y gestión de la res publica. Principalmente a raíz de la aparición de las tecnologías de la información y la comunicación.

Lo que es indudable es que las luchas por la emancipación de los pueblos colonizados, o contra la esclavitud, o el movimiento obrero organizado o el sufragismo femenino y los mismos feminismos, en todas sus expresiones tan variadas, o las batallas ingentes contra la homofobia, han puesto sobre la mesa la igualdad teórica y filosófica de todos los seres humanos. Sobre el papel, cualquier ser humano tiene que ser igual en dignidad, en derechos y obligaciones.

Por eso me parece tan relevante que se vean la libertad, el progreso y la democracia, consubstancialmente unidas e inseparables. Y también por este motivo es tan relevante entenderlos como opciones filosóficas y éticas que nos obligan y que han de guiar nuestras actuaciones a todos los niveles y en todos los momentos de la vida.

Desgraciadamente, este principio que hoy tendría que ser incuestionable, puesto que ha pasado como una evolución cualitativa y natural de la especie, vuelve a estar en peligro al norte, y al sur, al este y oeste. La globalización se basa, principalmente, en una competitividad feroz para fabricar y producir bienes y productos al precio más bajo posible y ha conducido a una polarización extrema, a la aparición de un nuevo lumpenproletariado, a un mundo con 1% que ostenta una riqueza vergonzante y unas masas ingentes de pobres de vida exageradamente precarizada. He vuelto al viejo principio según el cual las masas atemorizadas se las gobierna mejor, porque están más predispuestas a dejarse dominar y a desconfiar de cualquiera que les pueda disputar las migajas.

Conviene, pues, reflexionar bien sobre las diversas opciones, más allá de la sopa de siglas y meditar profundamente sobre cómo podemos actuar en el día a día, en todos los niveles de relación y de compromiso personal y social, para parar el vendaval antidemocrático y de banalización de la libertad y la democracia, y de qué nos toca hacer para ser más exigentes con los partidos, los gobiernos y, en general, las élites y los lobbys que pretenden imponerse por encima del interés general.

  

Àlex Masllorens (3 de diciembre de 2018)