Laura Ribera EdOArtículo de opinión de Laura Ribera Barniol, miembro de Justícia i Pau Barcelona.

El privilegio blanco y el sistema

Este último mes, muchos pueblos y ciudades del territorio catalán se han visto inmersos en el debate sobre el uso de betún para representar al rey Baltasar durante la cabalgata de Reyes. No es la primera vez que entidades y colectivos impulsan campañas alrededor de esta realidad: personas blancas que se embetunan la cara durante un día y pretenden actuar como personas negras.

Los argumentos a favor y en contra de esta práctica me han llevado a la reflexión acerca de una serie de sucesos que como persona blanca pueden pasar desapercibidos pero que son suficientemente relevantes para escribirlo en las siguientes líneas.

Lo primero que quiero destacar es el uso del concepto "racismo". Cuando se usa este concepto en cualquier argumentario, se tiende a justificar el "ser o no ser racista" en contraposición a unos valores morales. Es decir, no nos consideramos racistas porque creemos diferenciar lo que es correcto e incorrecto, porque no utilizamos ciertos insultos o frases que consideramos racistas o porque nos permitimos decir que el color de la piel no importa y que nosotros "sólo vemos personas". Desde mi punto de vista, cuando hablamos de racismo desde el punto de vista de la moral, estamos obviando que en realidad el sistema y la estructura del poder necesitan la existencia del racismo como estrategia para seguir legitimando los privilegios que tiene. Bueno, los privilegios que tenemos como personas blancas y en eso, no estamos hablando de buenas o malas personas.

Hablamos de la igualdad de acceso a oportunidades laborales, educativas y de ocio, de la representación en los medios de comunicación públicos, de las leyes de extranjería que sistematizan y perpetúan la exclusión y un largo etcétera de situaciones. Y por no ser conscientes de esta estructura nosotros, las personas blancas, caemos en la falacia moral de decir que “no vemos el color ni la etnia de las personas”. Pero este clamor que no ve “colores” nos lleva a negar el hecho de que los cuerpos de las personas negras han sido, desde hace siglos, politizadas y colonizadas. Sí, nos lleva a mentir negando el hecho de que las sociedades europeas, desde la época colonial, han sido organizadas y divididas en criterios raciales. El legado que niega la igualdad de oportunidades económicas, políticas y sociales también está presente en nuestra sociedad. En consecuencia, mientras que a los niños y niñas blancos les enseñamos a "no ver colores" los niños y niñas de "color" aprenden que tendrán que trabajar el doble que sus contrapartes blancas si quieren seguir adelante o "tener éxito".

Lo llaman el “privilegio blanco". Un privilegio que no quiere decir que las personas blancas lo tengan fácil, ni quiere decir que éstas nunca hayan tenido problemas, o vivido en situaciones de pobreza o exclusión social. Simplemente quiere decir que frente a estas dificultades, a diferencia de las personas negras, su color de la piel no habrá agravado ni tenido un impacto negativo.

La existencia de racismo en las estructuras del sistema nos otorga privilegios y un poder no ganado diseñado para mantener unas desigualdades silenciosas. Para ser capaces de desmantelar estas injusticias estructurales tenemos que ver y ser conscientes de los "colores". Tenemos que conocer quién se beneficia de su color y quien es afectado, quienes son los estereotipos y prácticas negativas de color que lo perpetúan y que han recibido una dosis de poder no ganado en función de su color, su clase social y su género. Ver que existen "colores" es esencial para cambiar el sistema. ¿Por qué las personas blancas no nos damos cuenta de que también tenemos una identidad racial?

 

Laura Ribera Barniol

Reflexión inspirada en el libro de Reni Eddo-Lodge Why I’m no longer talking to white people about race.

 

Nota de la autora: Cuando uso la palabra personas "de color"/"colores" me refiero a cualquier persona que no es considerada blanca.