Joan Gomez EdO

Artículo de Joan Gómez i Segalà, miembro de Justícia i Pau Barcelona.

 

El ABC de la sociología contra los prejuicios

En sociología existe la máxima que afirma que una etiqueta explica más del etiquetador que del etiquetado. Ahora bien, cuando hablamos de grupos estigmatizados, el principio mencionado no nos lo acabamos de creer o, al menos, no lo acabamos de aplicar. Pondré un ejemplo sobre la estrategia que se suele utilizar para rechazar los rumores infundados.

Prejuicio básico: los musulmanes son fanáticos

Prejuicio disimulado: los musulmanes deben adaptar algunas formas de su fe a la vida occidental para ser aceptados como ciudadanos de pleno derecho

1r paso: Datos. Como hay estadísticas para todo, podremos cruzar la variable fe islámica con valores, confianza en las instituciones, índice de delincuencia, etc. ¿Desmentirá el prejuicio? Al fin y al cabo, los prejuicios tienen la virtud de ser auto-evidentes. Siempre podrán responder a los datos con la falacia de que los musulmanes no se adaptan, porque si se adaptan ya no los consideramos musulmanes. ¿Su fe? ¡Da igual! Los prejuicios siempre son lo suficientemente genéricos como para no resultar falsables con unos datos.

2º paso: Emociones. A pesar de que los científicos demuestran que ningún dato corrobora la existencia de diversidad de razas humanas, en los campeonatos de natación sólo compiten nadadores de piel blanca y en las finales de cien metros libres sólo corren atletas de piel negra. Los datos oficiales o eruditos no sirven contra prejuicios basados en emociones y confirmados por la experiencia directa y cotidiana. Por lo tanto, no hay más remedio que responder estos estereotipos creando otros nuevos que no sean discriminadores ni segregadores a partir de nuevos modelos y referentes: el vecino sin papeles que se sube a un balcón para salvar la vida de un niño, los padres de la escuela que son tan amables, el dueño del propietario del colmado que te trata como en las tiendas de cuando éramos pequeños, la cuidadora que se desvive por los mayores de la familia...

3r paso: Sentido crítico. Los prejuicios más extendidos no son azarosos, sino que responden siempre a una correlación de poder. Por lo tanto, cambiarlos es tan lento como transformar la sociedad, lo cual ocurre generación tras generación. Cada generación mantiene algunos prejuicios, deja en desuso algunos otros y crea nuevos. ¿No hay ningún atajo para acelerar este cambio? Sí, si nos fijamos en el etiquetador y no en el etiquetado.

Volviendo al ejemplo inicial, es habitual que los musulmanes hablen de Islam cuando tratamos sobre la escuela, de fe cuando hablamos de alimentación, del Corán cuando hablamos de política, de Dios cuando hablamos de familia. Meten la religión en todas partes. ¿Son unos fanáticos?

Quizás debemos girar el foco para encontrar la respuesta. El proceso de secularización no va relacionado al desarrollo cultural ni al progreso económico. Este proceso no hace que seamos menos religiosos, sino que entendamos la fe como una cuestión personal y privada. Este proceso sólo se da en Europa y entre las élites intelectuales anglosajonas. E incluso en Europa hay grandes diferencias entre países, yendo en la vanguardia los países nórdicos y Cataluña. Por lo tanto, cuando nos encontramos con que los musulmanes lo interpretan todo desde el prisma de la religión, no es que sean unos fanáticos y nosotros neutrales, sino que nosotros tenemos una mirada particular, distinta a la absolutamente mayoritaria en el resto de continentes del mundo.

De hecho, los catalanes tenemos una perspectiva laicista por la que en muchas escuelas llaman vacaciones de primavera a la Semana Santa, cantamos villancicos sin creer en Dios, y ya no hacemos abstinencia de nada los viernes de cuaresma, lo que nos hace sentir muy liberados del yugo de la religión. Pero un musulmán ve que las vacaciones primaverales coinciden con la Pascua y no con el equinoccio, las canciones populares hablan de Jesús y no de Muhammad y los menús escolares son adecuados para los ateos y los católicos, pero no para las demás confesiones. Para un musulmán, resulta evidente que somos unos hipócritas que hacemos pasar gato por liebre, y que tras nuestra aconfesionalidad escondemos un sutil racismo. Vemos su religión en todas partes, mientras, sinceramente, somos incapaces de percibir la omnipresencia religiosa en nuestra cultura y moral aparentemente neutrales.

Combatimos los prejuicios, pues, con datos, empatía y, sobre todo, sentido crítico. Basta ya de analizar las mujeres para entender el machismo, los homosexuales sobre la homofobia, los africanos sobre el cierre de fronteras o los catalanes sobre la democracia española. Estudiar como son las víctimas de los prejuicios para ver si están fundamentados es una forma de perpetuarlos y estigmatizar más. Sólo desactivaremos los prejuicios cuando estudiamos y dejamos en evidencia el pensamiento de aquellos que generan discriminación y odio. Para respetar la diversidad, además de escuchar a los demás, analicémosnos bien nosotros mismos.

Joan Gómez i Segalà