Ciertamente, no se puede repicar y andar en la procesión.

Los bancos españoles no habrían superado el “test de estrés” sin la inyección de dinero público. Aquí los bancos se rescatan; las personas, no. La estrategia neoliberal culpa a las personas en paro achacándoles que su situación es debida a que no son lo suficiente “emprendedoras”. En la carrera de caballos, el corcel campa ufano, mientras el rocín arrastra el carro, yendo hambriento. ¿Igualdad de oportunidades? Martingalas. Hacen trampas.

Pero las cifras de la Encuesta de la Población Activa del pasado mes de octubre dispararon todas las alarmas de gobiernos y algunos empresarios. Dicen que es el mayor descenso producido en un tercer trimestre dentro de la serie histórica, que el número de parados se sitúa en 5.427.700, el nivel más bajo desde el cuarto trimestre de 2011 o que entre los meses de julio y septiembre se crearon 151.000 puestos de trabajo. ¡Aleluya, qué más querríamos! Aun así, por poco que nos fijemos veremos que no es realmente así. El bronce de las campanas que repican está agrietado. Que en toda España la cifra de hogares con todos sus miembros en situación de paro se sitúe en 1.790.000 tendría que bastar para optar por la prudencia.

Analizando los datos para mí más próximos, en las Islas Baleares también aumentan las personas que llevan más de dos años desocupadas y las que han tenido que aceptar trabajo a tiempo parcial. Un gobierno responsable no puede aceptar nunca que, presumiendo de una temporada excelente en llegada de turistas y ocupación hotelera (aunque no en rentabilidad, puesto que cayó el gasto turístico) tenga más de 100.000 personas que quieren trabajar y no pueden. La contratación temporal (muy superior a la indefinida), el incremento del empleo a tiempo parcial y, sobretodo, el final de la temporada turística que supondrá la finalización de multitud de contratos no permiten calificar esta EPA como positiva o, al menos, no hacerlo con la alegría y la satisfacción que han demostrado nuestros gobernantes.

Y todo eso sin contar con la creciente precarización laboral ni con la falta de un horizonte de cambio real en el mercado laboral. Una vez agotado el pico anual de actividad inherente a una economía fuertemente estacional, los problemas seguirán siendo los mimos.

Por otro lado, el porcentaje estimado de personas desempleadas que cobran alguna prestación en las Islas Baleares es del 19,5%. Es la tasa de protección más baja del conjunto de comunidades autónomas españolas, y se sitúa bastante por debajo de la del conjunto español, que registra un 30,4%. Y, para más inri, los datos de la EPA muestran que la protección a la población parada ha disminuido en un 6,7%, y en relación al año 2011 ha caído un 19%. Además, de los distintos colectivos, la menor tasa de protección corresponde, con un 10,9%, a la de los jóvenes menores de 30 años.

Ante esta realidad, silenciada por el poder en sus ruedas de prensa (debe ser que la procesión va por dentro), habría que tomar conciencia del rumbo erróneo (mano de obra barata, intercambiable, de baja cualificación y temporal) que dura demasiado y, obviamente, impulsar un cambio para desarrollar al mismo tiempo el tejido empresarial y avanzar hacia un modelo económico menos dependiente de los servicios, menos estacional, y con más valor añadido.

Paradójicamente, lo reclama un organismo del mismo gobierno balear, el Observatorio de Trabajo de la Consejería de Economía y Competitividad, que en el 2010 ya pedía un triple esfuerzo a las generaciones más jóvenes: aumentar su nivel de estudios, crear las empresas en las que autoocuparse, y que lo hagan en sectores y actividades de más productividad. Esto es pedir mucho a los jóvenes si no se les da un fuerte impulso y se les ofrece una red de apoyo integral, duradera y consistente. La administración pública tiene que trabajar mucho en este deber, desde todas las vertientes, ya que sin esta acción de gobierno no se va a llegar al buen desarrollo de la economía local y al fortalecimiento de la cohesión social. Ésta constituye un indicador social que no suele cotizar en los mercados, pero que es básico para que una comunidad conviva y prospere.

Volviendo al inicio, contraponiendo bancos y personas: tras las cifras, hay personas. No somos Alicia en el país de las maravillas, ni todo el mundo tiene la culpa de vivir en el país de la corrupción Marca España. Como decía el poeta “més val saber-ho i dir-ho” (más vale saberlo y decirlo), puesto que los medios escasean y las necesidades son grandes o, dicho popularmente, la procesión es larga y el cirio corto.

Joan F. López Casasnovas, miembro de JP Menorca
27/10/2014