Nuria Carulla EdOArtículo de opinión de Núria Carulla, miembro de Justícia i Pau Barcelona y coordinadora del grupo de trabajo Norte/Sur.

 

Cumbre sobre la acción climática

La contaminación medioambiental, según los científicos expertos en el tema, está causando un aumento de la temperatura media de la tierra por el efecto invernadero, que afecta gravemente a los ecosistemas, al clima y aumenta el nivel del mar debido al deshielo de los polos. Por lo tanto, hay que poner remedio de alguna manera a las emisiones que provocan el efecto invernadero.

Este problema es de tal magnitud que la ONU ha convocado una serie de cumbres para conseguir compromisos de los gobiernos mundiales para remediarlo. La próxima cumbre sobre la acción climática se celebrará en Madrid del 2 al 13 de diciembre, después de que el gobierno chileno cancelara unilateralmente la cumbre por la revuelta social que hay en su país como consecuencia de las políticas neoliberales y de recortes en derechos y servicios sociales que lleva a cabo.

Paralelamente, organizaciones no gubernamentales de todo el mundo preparan la cumbre social por el clima. Un encuentro alternativo al de los gobiernos, para poner de manifiesto que la lucha contra el cambio climático debe tener una visión más amplia, debe escuchar todos los pueblos y colectivos que ya están sufriendo las consecuencias y, sobre todo, tomar medidas efectivas, justas y de respeto a los derechos humanos y a la naturaleza. En la cumbre sobre la acción climática de la ONU también están invitados el sector privado y la sociedad civil, pero la correlación de fuerzas no está equilibrada, porque la economía del sistema actual, es decir, la que prioriza el crecimiento y la acumulación, es la que marca la pauta para proponer cualquier acción necesaria. Por eso hay que organizar la cumbre social y dar visibilidad a la voz de los que miran primero los derechos de las personas y la naturaleza frente al crecimiento económico que no reporta beneficios globales.

Una y otra cumbre difieren profundamente del papel de las empresas transnacionales en la búsqueda de soluciones. Mientras la cumbre oficial de la ONU afirma, entre otras cosas, "que el sector empresarial ya está tomando medidas y que estas fortalecerán las economías, crearán puestos de trabajo, el aire será más limpio, e impulsan la conservación de hábitos naturales y la biodiversidad y la protección del medio ambiente "(de hecho ya estamos viendo que muchas empresas añaden los conceptos bio y eco en sus productos y en sus servicios). Las organizaciones sociales, sobre todo en los países empobrecidos pero ricos en materias primas, siguen denunciando que las empresas transnacionales acaparan tierras y agua, contaminan ríos y selvas, persiguen las comunidades que se oponen a sus actuaciones y no asumen la responsabilidad de reparar el daño que han hecho a la naturaleza y a las personas.

El sistema actual lleva una deriva de depredación que no se puede detener con pequeños retoques y maquillajes. Las propuestas que se hacen en las cumbres oficiales tienen una mirada demasiado enfocada hacia los intereses de los países ricos y desarrollan planes de conservación y declaración de zonas protegidas que afectan gravemente la vida de muchísimas personas y comunidades. Se invierte en la preservación de espacios naturales en países pobres, para comprar bonos de carbono y hacer una gestión con mentalidad de negocio de estas áreas, tala controlada de maderas nobles, turismo ecológico, mientras se expulsa violentamente y sin alternativa a habitantes tradicionales de la zona, como explicaremos ampliamente en un próximo cuaderno sobre el Peten, departamento de Guatemala.

Es muy importante que la ONU se implique y trate el tema del clima, pero se ha de ampliar la mirada a la conflictividad general de las desigualdades, y la explotación de muchos, por la riqueza y el bienestar de unos pocos. Como afirma el lema de LaFede.cat (Federación de ONG de Cataluña) en la celebración de su 30 aniversario "no sirve de nada si no es justicia global".

En la preservación de la naturaleza y el medio ambiente debe participar todo el mundo, sobre todo los que disfrutan y respetan su entorno. Las acciones tienen que ir desde la conciencia personal y la acción individual, a la colectiva, y hasta llegar a los gobiernos y las instituciones públicas que, por la presión ciudadana, dicten leyes justas y de respeto a los derechos humanos y a la naturaleza.

Núria Carulla