Joan-Maria Raduà Hostench
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Adviento, tiempo para esperar y caminar en medio de la pandemia

Hace poco más de dos mil años, una mujer junto con su esposo emprendían un viaje por razones estadísticas. Había que hacer un censo, un recuento, por lo que José, acompañado de su esposa María, tuvo que bajar a Belén. Fue un viaje difícil. Ella estaba embarazada. El Niño no nació en la casa familiar, sino que vino al mundo en un establo lejano. Los familiares, amigos y vecinos de los esposos no pudieron ir a conocer el Niño ni pudieron felicitar a sus padres. Un censo les había separado. Fueron unos desconocidos quienes felicitaron a los padres y los primeros de acariciar el Recién nacido. Los humildes vecinos de las comarcas de Belén fueron los que celebraron el cumpleaños. Fueron ellos quienes llevaron mantas y alimentos a la familia. Incluso, tres inmigrantes venidos de países lejanos se unieron a la fiesta siguiendo una estrella.

Este año un nuevo censo, una estadística, nos separará de nuestros familiares y amigos a la hora de celebrar la Navidad. Las noticias son escalofriantes: miles de muertos, de contagiados, de personas ingresadas, porcentajes, índices, recuentos, estadísticas... y detrás de estas cifras hay personas con nombres y apellidos. Unos nos han dejado, otros están en el hospital o en una residencia o en casa. Para los que están ingresados ​​en centros sanitarios o cerrados en residencias o en su casa serán otras personas, y no sus familiares, quienes los llevarán comida, los cuidarán y les darán abrigo y consuelo. El resto de personas que no están cerradas tampoco podrán celebrar la Navidad con toda la familia y amigos. Habrá llamadas y videollamadas, o breves encuentros con mascarillas, pero todo esto no será lo mismo. También echaremos de menos aquellos que han muerto. No habrá tregua en Navidad, las cifras de defunciones y contagios nos acompañarán. Parece como si esta pandemia, que bastante mal está haciendo, nos quisiera robar también la Navidad y con él el contacto y el calor de familiares y de amigos.

A todo esto, hay que añadir el aumento del paro, la incertidumbre por los autónomos, el cierre de negocios, las personas que se juegan la vida en el mar para llegar a Europa, las guerras que continúan... Parece que no haya motivo para la esperanza.

Nos encaminamos a una Navidad diferente. Este Adviento ya es diferente

Adviento es tiempo de espera, de caminar iluminados por una esperanza. Para los cristianos esta esperanza es la venida de Dios que se hace hombre en medio de nosotros, de nuestro día a día. También este Adviento que parece vacío y triste nos lleva a un nuevo Navidad. El destino nos empuja a caminar en medio de estas adversidades. En este camino, no estamos solos, Dios está presente. Estará presente en los pequeños nacimientos de estos días: en el personal sanitario que atiende a los enfermos; en el personal de las residencias que acaricia los abuelos o las personas con discapacidad; en la vecina que hace la compra para la abuela del sexto; en las videollamadas de los familiares; en la oración callada de cada persona que reza por la salud de sus familiares y de los vecinos y, incluso, de las personas que no conoce; en el voluntario que va a repartir alimentos... en tantas y tantas personas y tantos y tantos gestos.

Este año nos toca ser testigos del advenimiento de Dios de una manera diferente. Esta pandemia nos muestra nuestra debilidad. Debe ser desde esta debilidad y desde la humildad que Dios nos pide que queremos y que lo hacemos presente. En esta tribulación debemos abrir nuestro corazón, mirarnos en nuestro interior y repensar, ofrecernos y confiar.

Este tiempo de Adviento y los días de Navidad no serán días fáciles. En medio de esta pandemia Dios nos pide que seamos portadores de luz y de esperanza, unidos en la oración y en la acción. En los pequeños gestos de consuelo, de ayuda, de solidaridad, de acompañamiento y de calor que podemos ir esparciendo por nuestro entorno a lo largo de estos días, con la confianza en Dios que no nos deja, al igual que no abandonó aquella joven madre de Belén.

A pesar de la pandemia y en medio de la pandemia, buscamos la manera de convertirse en signos de esperanza haciéndonos personajes activos en nuestros pesebres cotidianos!

Feliz Navidad!

 

Joan-Maria Raduà Hostench

Abogado