Núria Carulla
ESTADOS DE OPINIÓN

La nueva normalidad no es tan nueva

El mundo entero ha sufrido el impacto de esta pandemia que ha trastornado la vida cotidiana del mundo entero y los planes de futuro para unos cuantos meses o algún año. Ha sido un batacazo general, y con una gravedad extrema para las personas que han perdido la vida y la que aún están en riesgo de perderla y por quienes han estado trabajando y trabajan atendiendo en los servicios esenciales, sanitarios, de limpieza, de transporte, dependientes de comercio, servicios de seguridad, etc. Además de las situaciones de emergencia relacionadas con la pandemia, se deben tener en cuenta los daños colaterales que ha sufrido la educación, la asistencia sanitaria habitual, el mundo del trabajo que incluye evidentemente el mundo de la cultura y el espectáculo. 

Paradójicamente, esta parada obligatoria, ha sido un drama y al mismo tiempo un cierto respiro. Un drama para todas las personas, aparte de los afectados por la enfermedad, que han sido confinadas y que no lo han podido vivir en condiciones dignas, en viviendas demasiado pequeñas y sin espacio suficiente para todos los que vivían en ella, para los que han perdido el trabajo o la oportunidad de tenerlo y los niños y jóvenes afectados en sus estudios. Por otra parte, ha habido un respiro en las condiciones ambientales y naturales que nos han hecho soñar que, cambiando los hábitos, podemos ir restaurando nuestro planeta herido.

Aunque la pandemia ha sido y es global, ha habido gobiernos negacionistas que no han querido adoptar medidas de protección de su población, con el objetivo principal de no detener la actividad económica y evitar una crisis y un retroceso en su influencia en la región. Sin embargo, ha habido una actividad, aparte de las esenciales, que no ha parado ni un momento: las bolsas. A pesar de las cifras de contagiados y muertos, y ante la paralización de la actividad, había días que las bolsas aumentaban sus índices, y reflejaban ganancias importantes. Ante el sufrimiento y las desgracias de la mayoría hay siempre un resto que sale ganando. Tal como está organizado nuestro mundo, ganar dinero a costa de lo que sea es la norma imperante, por tanto, la realidad no es buena ni mala, es solo rentable o no.

No sólo las bolsas no han dejado de actuar, las grandes empresas multinacionales no han parado su actividad ni ha disminuido su presencia en las zonas extractivas, agroindustriales y demás. Durante la pandemia ha habido mucha invisibilidad de las actuaciones de estas empresas, han seguido actuando impunemente en muchos países, sin respetar los derechos de las comunidades residentes y dañando el medio natural y ambiental. En tiempos de pandemia no han cesado de acosar comunidades, que estaban aún más vulnerabilizadas, no han parado de reclamar a través de los tribunales de arbitraje millones de dólares en compensación, en el caso de no poder seguir adelante con su actividad industrial, que contaminaba y provocaba desplazamientos forzosos o desvío de ríos vitales para la vida de los residentes, sin que éstos recibieran compensación ni mejora de su vida.

Ciertamente, la alegría de la salida del confinamiento se ve enturbiada por un futuro incierto. Estos días muchos entrevistados por los medios de comunicación se les hacía la pregunta de si saldríamos mejores de esta pandemia. Había respuestas de todo tipo. Algunos apuntaban que estas situaciones nos ayudan a pensar y conocer más a fondo nuestras debilidades y este es un paso importante para remediarlo. Ahora bien, hay remedios que se pueden asumir a nivel personal: con estos ya podemos empezar; hay remedios que sólo se pueden asumir a nivel colectivo y para estos hay que buscar alianzas; y hay remedios que sólo se pueden asumir a nivel estructural: estos son mucho más complejos, pero no imposibles. Siempre hay pasos que se pueden dar para alcanzarlos.

Para avanzar en una evolución más justa a nivel estructural, que mejore la vida cotidiana de todos, el mundo del trabajo y que haya una mejor gestión de los recursos y los servicios, el conocimiento de la realidad es fundamental. Este conocimiento debe ser contrastado y bien informado para que ilumine nuestras actuaciones y determine nuestras responsabilidades individuales y colectivas. La pobreza de muchos es fruto del acaparamiento de unos pocos.

Para colaborar en este conocimiento y reflexionar conjuntamente cómo crear un futuro más justo, se está celebrando en Barcelona de manera virtual el Foro mundial de las economías transformadoras. Hay varios debates y actos sobre cómo transformar las relaciones económicas y sociales para avanzar en la justicia y los derechos humanos. Entre otros, el lunes 29 de junio a las 18.30 h, hay un encuentro para presentar propuestas para una Economía para la vida, donde se hablará de fiscalidad justa, deuda externa y Renta básica universal. El martes 30 a las 18h el grupo de empresa y derechos humanos de LaFede.cat y la Taula por Colombia presentará la web Alerta DH, una web que recoge casos de vulneraciones de derechos humanos por parte de empresas multinacionales en todo el mundo. También se presentará el libro "A dónde va el capitalismo español" de Erika González y Pedro Ramiro, de OMAL.

La denuncia de los males ocasionados por actuaciones humanas y empresariales y las propuestas de un futuro más justo para todos son acciones colectivas necesarias para una verdadera nueva realidad. Estructuralmente, la nueva normalidad tiene pinta de  parecerse demasiado a la antigua, tal vez la única diferencia serán las mascarillas, pero a nivel personal y colectivo tenemos oportunidades importantes con los conocimientos y experiencias adquiridas en estos tiempos excepcionales.
 

Núria Carulla
Miembro de Justícia i Pau