Àlex Masllorens
ESTADOS DE OPINIÓN

Pero nosotros somos nosotros

Todas las crisis dejan miles o millones de víctimas por el camino. La mayoría suelen ser víctimas económicas, que salen mucho más empobrecidas y miserables de lo que entraron. Cuando el estruendo está relacionado con la salud (en el caso actual, una pandemia) la muerte se hace presente de una manera más visible y aterradora. Pero siempre se produce una afectación en la salud colectiva, inexorablemente, al igual que parece inevitable que el vértice de los más ricos y más privilegiados aparezca al final como enormemente reforzado en su opulencia. Casi siempre, de las crisis se sale con sociedades mucho más polarizadas, tanto en cuanto a la posesión de bienes materiales, como de poder y control sobre el resto de la sociedad.

Resulta de una gran obviedad señalar que este fenómeno se ha producido con la Covid-19 dentro de los países más desarrollados, porque a estas alturas eso ya lo sabemos todos. Pero tal vez no hemos reflexionado tanto sobre otra cuestión que puede acabar siendo igual de importante y en la que ha insistido algún experto: «Cuando los ciudadanos occidentales se vayan vacunando a lo largo del próximo año, nos habremos olvidado de una advertencia esencial de los científicos: que los profesionales sanitarios y las personas de riesgo de los países pobres deberían tener prioridad sobre la población general de los países ricos. Una pandemia no se resuelve con políticas nacionalistas miopes, primero por una razón egoísta -mientras el contagio persista en el mundo en desarrollo, los países ricos continuarán expuestos durante muchos meses a que vuelva el virus- y, segundo, por mera decencia humanitaria, por la simple obligación moral de evitar cientos de miles de muertos ».

En vez de ello, hemos sabido que Europa «sólo» ha comprado cuatro dosis de vacuna para cada europeo, muy por detrás de Estados Unidos. Otra cuestión distinta será si, llegado el momento, la población occidental querrá o no, mayoritariamente, hacer uso de los nuevos fármacos. Entre los negacionistas, los conspiranoicos y las fake news está consiguiendo crear un clima generalizado de duda y de desconfianza, no ya sólo respecto de la bondad o maldad de las propias vacunas, sino en general sobre cualquier posible certeza científica. Y cuando gran parte de las clases medias se apuntan a este tipo de espiral de miedo y de desconfianza es cuando más real resulta el peligro de que algunas paranoias se puedan acabar haciendo realidad.

Siri Hustvedt describía hace pocos días la situación actual como un intento de hacernos creer que debería ser posible encontrar «una perspectiva equilibrada» entre quienes sostienen que la Tierra es plana y quienes dicen que es redonda. Simplemente se plantea como una polémica entre «dos bandos» que podrían estar igual de engañados.

En este contexto, propuso como decía al principio que tengamos en cuenta que la pandemia es global y que no nos conviene que sigan habiendo víctimas en el Sur cuando aquí ya estemos bien resulta una auténtica quimera.

 

 

Àlex Masllorens

Miembro de Justícia i Pau Barcelona