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Reflexión sobre la nueva ley que regula la eutanasia

A continuación, hacemos público este documento de reflexión elaborado por el grupo de trabajo de defensa de los Derechos Humanos de Justícia i Pau Barcelona.

La Ley orgánica 3/2021 de 24 de marzo de regulación de la eutanasia, ya en vigor, interpela nuestra conciencia de cristianos en un entorno especialmente castigado por la muerte y la pandemia.

La Ley regula, con el retraso habitual, una necesidad social largamente reivindicada, a la que no podemos oponernos en términos estrictamente democráticos porque los creyentes no podemos obligar a los que no lo son a pasar por nuestras creencias. Y si durante siglos lo hemos hecho, no podemos hacer otra cosa que pedir perdón.

De hecho, la experiencia diaria nos demuestra que, desde hace años, la llamada “muerte digna” o también “muerte dulce” se administra indiscriminadamente, con un consenso no explícito en nuestras clínicas y hospitales. Se hace mediante los cuidados paliativos aplicados para aliviar agonías y a menudo con la legitimidad de las últimas voluntades anticipadas, tan de moda en nuestra sociedad occidental.

La aprobación de esta ley ha suscitado multitud de reacciones. Hemos leído en los medios de comunicación que existen grupos que se felicitan por la aprobación de esta ley, otros la encuentran excesivamente garantista, hecho que dificultará su aplicación, y también existen grupos que por motivos ideológicos y/o religiosos se oponen totalmente a que se pueda legislar sobre la posibilidad de la muerte asistida.

El grupo de trabajo de defensa de los Derechos Humanos de Justícia i Pau de Barcelona ha reflexionado sobre esta cuestión, a la luz de las Escrituras, especialmente del Evangelio, y de los documentos del magisterio de la iglesia, que nos hablan del alto valor que posee la vida. Reflexiones que quieren ser serenas. Nuestra intención no es avalar ni condenar, sino ofrecer algunas ideas que ayuden a no simplificar la cuestión, y también a valorar el don de la vida.

Nos identificamos con las reflexiones del magisterio eclesiástico. De forma muy especial, con la encíclica de Juan Pablo II, EVANGELIUM VITAE (1995), la Declaración “IURA ET BONA” de la Congregación de la Doctrina de la Fe (05/05/1980), y la Carta SAMARITANUS BONUS de la Congregación de la Doctrina de la Fe (22/09/2020).

Leyéndolas atentamente destacamos los siguientes puntos:

  1. La vida es un don de Dios. Un don del cual debemos tener cuidado.
  2. La muerte, para todos, es el gran enigma de la vida. Los creyentes tenemos puesta nuestra esperanza en Jesús resucitado, vencedor de la muerte. Jesús es el camino, la verdad y la vida. Debemos velar por vivir y morir con la dignidad de los Hijos de Dios. Debemos dar a la muerte un trato respetuoso, sea cual sea la creencia del enfermo.
  3. La medicina puede y debe ayudar a que el enfermo tenga una vida lo más digna posible hasta el final. Los analgésicos y los cuidados paliativos son medios muy válidos para que el enfermo terminal pueda aliviar las consecuencias del dolor propio de la enfermedad.
  4. Los analgésicos y los cuidados paliativos no han de dificultar que el enfermo vea alterada su conciencia hasta el punto de impedir que la persona pueda cumplir sus deberes morales y familiares y prepararse con plena conciencia para el encuentro con Dios. En el caso de que el dolor no pueda ser aliviado totalmente, se debe acompañar y ayudar al enfermo para que lo viva en comunión con el dolor de Cristo.
  5. En ningún caso es lícito administrar tratamientos desproporcionados a las posibilidades de supervivencia. Se debe evitar el encarnizamiento terapéutico que comporte aumentar la agonía del enfermo, añadir más desasosiego a los familiares y gastos innecesarios al sistema sanitario.
  6. En todas las actuaciones e intervenciones médicas que se hagan con el enfermo, el único criterio que debe regir es el del bien de la persona, nunca se puede actuar por otros criterios como pueden ser el económico o el de los intereses familiares o de personas del entorno del enfermo.
  7. En caso de duda es muy importante el criterio del enfermo, ya sea porque mantiene la lucidez y lo puede manifestar durante la enfermedad, o ya sea porque previamente lo había confiado a personas cercanas, oralmente o por escrito. Esto se tendrá especialmente presente si es necesario administrar una sedación profunda.
  8. Es muy importante en el cuidado de los enfermos terminales que el paciente tenga acceso a todas las posibilidades que actualmente ofrece la medicina; en ningún caso, en una sociedad que quiere ser justa, no se puede discriminar a nadie por razones económicas, ni de lugar de nacimiento, o de cultura.
  9. Somos conscientes de que la mejor terapia es aquella en que el enfermo está acompañado con ternura y estima por los equipos sanitarios y por personas cercanas, familiares, amigos, voluntarios, etc.

Acabamos nuestras propuestas con algunas consideraciones sobre el sentido que debemos dar a la vida. Son consideraciones “cristianas”, pero no sólo cristianas, ya que estamos seguros de que muchos hombres y mujeres, que no son creyentes, también coinciden con este sentido de la vida.

  1. La vida humana como don. La vida nos ha sido dada, es un don. Y la vida es también lo más que tenemos. Ya que “somos”, gracias al hecho de que hemos nacido; si no hay vida, nosotros no existimos. Para los creyentes la vida no tan sólo la hemos recibido de nuestro padre y madre, sino que la vida es el gran don de Dios. En la tradición judeo-cristiana se nos presenta la vida, en la Biblia, como el gran regalo de Dios. Ya que es gracias al Dios Creador que hemos recibido la vida. El Dios bíblico es llamado el Dios de la Vida. En el Evangelio Jesús se presentará a sí mismo como la Vida, nos dirá que ha venido a traernos la vida, y que la tengamos en abundancia (Jn.10,10). También en otras tradiciones creyentes encontramos que las diferentes divinidades son las que dan y guardan la vida.
  2. La Vida no es sólo biología. La vida no es sólo lo que permite que nuestro ser exista. Aunque es cierto que la existencia biológica es necesaria para que podamos ser. Entendemos que la vida se va construyendo a lo largo de nuestra existencia. Nuestros anhelos, esperanzas, fracasos, amores, odios, conocimientos, evaluación de las distintas experiencias que hemos tenido… van configurando nuestra vida. Los años van enriqueciendo o empobreciendo nuestra vida.
  3. La vida es la oportunidad que se nos da para dejar nuestra huella en la historia. Subjetivamente, para cada uno de nosotros, el mejor periodo de la historia empieza el día que nacemos, y acaba el día que morimos, ya que es el tiempo que se nos ha dado para mejorar o empeorar la vida de los demás. Es el tiempo que tenemos para trabajar por un mundo más justo, donde la paz sea una realidad, también en este periodo que va entre nuestro nacimiento y muerte, y sólo en este periodo podremos manifestar nuestros sentimientos de estima o de odio, de ser creativos, y también de abrazar o perdonar.
  4. Las personas son únicas e irrepetibles. A todos, desde que nacemos se nos ha dado un nombre, nombre que nos diferencia de los demás y con nuestro nombre se pone de manifiesto que somos únicos e irrepetibles. Por este motivo la vida de una persona nunca podrá ser suplantada. Esto hace que amemos a las personas por su singularidad.
  5. Las personas han de ser valoradas por lo que son y no por lo que tienen. Sabemos que los periodos más denigrantes de la historia de la humanidad han sido aquellos que han valorado más intereses económicos, étnicos, de casta, de dominio, por encima de la supremacía del ser. Las personas hemos de ser queridas y hemos de querer a los demás no por lo que tenemos, sino por lo que somos.
  6. Hemos de velar, cuidar y amar la vida de los demás y la nuestra. La vida es un don que se nos ha dado, y por tanto hemos de velar por la vida de los demás, especialmente la de los más débiles, y también por la nuestra. Conscientes de que todos nos necesitamos para vivir, no nos podemos desentender de la vida de los demás. Por este motivo es necesario que, tanto a nivel personal como a través de las instituciones y organizaciones privadas y estatales, pongamos los recursos para que la vida tenga una calidad que permita disfrutarla y no sufrirla. También nosotros hemos de cuidar nuestra vida y hemos de poner talento para conservarla.
  7. La vida adquiere su pleno sentido cuando es dada de forma altruista por una causa justa. Son bien conocidos los testimonios de hombres y mujeres que a lo largo de la historia han dedicado su vida, el don más precioso, a favor de causas justas. Personas, laicas, religiosas, que han creído en un mundo mejor y por este motivo se les ha quitado la vida. Estas personas han dado la vida, pero su muerte ha estado semilla de una vida mejor para los demás. Todos recordamos las palabras de Jesús, “no hay amor más grande que el que da su vida por los demás”.
  8. No se puede atentar contra la dignidad de la vida. De acuerdo con lo que hemos afirmado en el punto anterior, la vida adquiere su plenitud cuando ésta es ofrecida por una causa justa y mayor, pero en ningún caso está justificado atentar contra la vida de los demás, por mayor que sea la causa. Es dando la vida, y no arrebatando la vida, como lograremos un mundo mejor. La tortura, la pena de muerte, el trabajo esclavo, desentenderse de las condiciones de vida y no facilitar alimentos y medicinas a los pueblos empobrecidos, nunca pueden ser aceptables. No hay razón de estado que justifique atentar contra la vida de nadie.

Estos son algunos puntos (seguro que hay más) que nos parece que son básicos para formular una opinión, creyente, pero que también puede ser compartida desde una visión no confesional.

Con este breve y sencillo escrito queremos ofrecer pistas que ayuden a la reflexión personal y también en grupo sobre el sentido de la vida, y que seamos conscientes de que cuando hablamos de la vida y de la muerte no lo podemos hacer con tópicos, ya que existe vida y muerte porque existen personas que viven y mueren. Personas que tienen un nombre y que desde la mirada creyente sabemos que son lo más sagrado de la Creación.


Grupo de trabajo de defensa de los Derechos Humanos de Justícia i Pau Barcelona