Joan Maria Raduà Hostench
ESTADOS DE OPINIÓN

Sin hogar, sin futuro

Este mes de junio la Fundació Arrels con la ayuda de muchos voluntarios ha realizado el recuento anual de personas que duermen en las calles de Barcelona. A pesar de que se ha producido una pequeña reducción en el número de personas recontadas (se encontraron 1.064 cuando en el 2020 se computaron 1239), la cifra es escandalosamente grande. Estas personas son la expresión más cruda de la exclusión social. A ellas deben sumarse muchas otras, especialmente todas aquellas que malviven en la calle durante el día y que por la noche malduermen en locales o realquilados en una habitación en viviendas insalubres.

Como explican desde Arrels el recuento sirve para dimensionar el problema del sinhogarismo, ver la evolución de la problemática que sufren estas personas y para sensibilizar a la sociedad y a la vez para hacer propuestas y emprender acciones para revertir esta problemática.

Desde que se realizó el primer recuento en la ciudad de Barcelona el año 2008 las cifras de personas que duermen en la calle han ido aumentando, situándose en los últimos años por encima del millar. Un drama para ellas y una vergüenza para el resto. Son personas que tienen más problemas de salud que los demás barceloneses, algunas de ellas sufren adicciones o enfermedades mentales y, a menudo también, son víctimas de agresiones. Según la encuesta realizada el 75% no tiene ingresos de ningún tipo y de promedio llevan cerca de cinco años sobreviviendo en la calle. En estas condiciones su esperanza de vida es inferior a la del resto de ciudadanos. Se calcula que cuando fallecen tienen una media de edad de 56 años.

Durante los meses más duros de la pandemia las entidades del tercer sector y las administraciones públicas han aumentado los esfuerzos hacia este colectivo. En el caso del Ayuntamiento de Barcelona, éste ha destinado más ajustes sociales y también se ha dotado de nuevas plazas de emergencia para alojar temporalmente a personas sintecho. Han sido medidas incompletas y temporales ante la gravedad de la situación, pero es preciso ir más allá. Son necesarias políticas ambiciosas y más aún cuando las perspectivas económicas continúan siendo muy inciertas (cuando no malas). A todo esto, debemos tener presente que el 9 de agosto expira la moratoria de los desahucios judiciales a las personas vulnerables, de manera que durante los siguientes meses seguramente aumentará el número de personas que se vean lanzadas a la calle. Son precisas políticas activas más intensas con un enfoque estructural por parte de la Generalitat y de los municipios: con medidas de inserción social, de salud (especialmente de salud mental y dependencias), de asistencia social y de reinserción laboral y, sobre todo de promoción de vivienda social, para que estas personas puedan disfrutar de una vivienda. Porque sin hogar no hay futuro.

El Ayuntamiento de Barcelona ha presentado el Balance del Plan para el Derecho a la Vivienda de Barcelona 2016-2020 y los nuevos instrumentos para el período 2021-2025. En los cuatro primeros años se han realizado diversas actuaciones municipales, pero se debería ser más atrevido y dedicar aún más medios a la promoción de vivienda asequible, especialmente se necesitan más viviendas de alquiler social. También es preciso dotar de más ayudas para el pago del alquiler a las familias más vulnerables y, a la vez, incrementar la colaboración con las entidades sociales que trabajan en la dignificación y acogida de estas personas. Una de las cosas que debemos pedir con mayor insistencia a todas las administraciones públicas es que emprendan actuaciones que hagan posible el derecho a la vivienda digna para todas y todos.

Actualmente, el Ayuntamiento de Barcelona está impulsando el programa Barcelona Renovable 2030 con el objetivo de tener acceso a los fondos europeos NextGeneration. La propuesta del consistorio contiene seis líneas de actuación estratégicas: rehabilitación energética de los edificios; regeneración urbana; aumento del parque de vivienda asequible; promoción de un ecosistema de ciudad en materia de innovación y sostenibilidad; definición de mecanismos de financiación y la Oficina integral de Rehabilitación y Regeneración. Todos estos ámbitos de actuación son importantes, pero no todos por igual; mientras haya personas durmiendo en la calle la prioridad debe ser ofrecerles un techo y aumentar las medidas y políticas para su reinserción en la sociedad. Se tienen que destinar más medios económicos y sociales para erradicar el sinhogarismo. Sería bueno que en este nuevo programa municipal se ponga el acento de forma muy especial en estas personas aumentando el número de las viviendas sociales.
 

Joan Maria Raduà Hostench
Miembro del eje de Derechos Humanos